La habitación estaba oscura, iluminada solo por la luz tenue que entraba a través de las cortinas. Gabriel había estado sentado al lado de Eva, observándola mientras dormía. Su rostro, aunque marcado por el miedo y la tristeza, tenía una serenidad que le daba paz. Sin embargo, a medida que el tiempo pasaba, la fatiga comenzaba a pesar sobre sus hombros. Sabía que debía dejarla descansar, que era lo mejor para ella, y que él también necesitaba un respiro.Con un suspiro, Gabriel decidió que era hora de retirarse. Se levantó lentamente, sintiendo la tensión en su cuerpo. Justo cuando estaba a punto de alejarse, sintió una suave presión en su mano. Eva lo había sujetado. Sus ojos se abrieron lentamente, y una expresión de desasosiego cruzó su rostro.— Por favor, no te vayas — murmuró, su voz apenas audible, pero suficiente para que Gabriel sintiera que su corazón se encogía.— Eva, necesitas descansar — respondió él, sintiéndose nervioso por la cercanía de la situación —. Puedo volver má
Gabriel se despertó de manera abrupta, la oscuridad de la habitación envolviéndolo. Se sentó en la cama, sintiendo el peso de la noche y la tensión acumulada de los últimos eventos. Miró a su lado y vio a Eva, dormida, su rostro tranquilo y sereno. Un suspiro de alivio escapó de sus labios, pero la inquietud seguía presente en su mente.Se levantó, decidido a despejar sus pensamientos. Caminó hacia el salón, cada paso lo acercaba a la realidad de lo que había sucedido. Al abrir la puerta, se sorprendió al ver a sus padres sentados en el sofá, con expresiones de preocupación en sus rostros.— ¿Qué hacen todavía aquí? — preguntó Gabriel, con su característica apatía, aunque una parte de él se sintió incómodo por su presencia.— Te dije que no le gustaría vernos aun aquí, madre — manifestó el menor de los Montenegro.Su madre se puso de pie, junto con Gael, y la preocupación en sus ojos era evidente.— Queríamos saber que todo estuviera bien — dijo ella, su voz suave —. Y decirte que deja
Los días habían pasado en Seattle, y aunque la tormenta parecía haber amainado para Jason Barut, la tensión en el ambiente era palpable. A pesar de que había logrado encontrar un equilibrio, temporal o no, la situación seguía siendo delicada. La prensa había comenzado a lanzar rumores sobre su empresa, afirmando que había caído en quiebra. Pero Jason no estaba dispuesto a dejar que eso lo detuviera.Aquella mañana, Jason se preparaba para una rueda de prensa en la que tenía la oportunidad de desmentir todas las barbaridades que se habían dicho sobre su compañía. Se miró en el espejo, ajustando su corbata con una sonrisa de seguridad.— ¡Jamás! — murmuró para sí mismo, recordando las palabras de su padre. Era un mantra que lo impulsaba a seguir adelante.Una vez en el set, se acomodó en su lugar frente a una variedad exorbitante de reporteros, hambrientos de información.— Bienvenidos, gracias por estar aquí — comenzó Jason, una sonrisa confiada iluminando su rostro mientras se acercab
Eva entró al elevador, frunciendo el ceño al ver que el botón del piso donde vivía ya estaba iluminado.— ¿Será posible? — murmuró para sí misma, sintiendo una mezcla de curiosidad y confusión. Decidió actuar con precaución y, antes de que las puertas se cerraran completamente, ingresó el código de acceso y puso su huella digital. El dispositivo emitió un pitido satisfactorio, y las puertas se cerraron.Cuando el elevador comenzó a ascender, Eva sintió cómo su corazón latía con fuerza.«O sea, que siempre estuvo en su casa.» pensó, y una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro. Cerró los ojos y luego se rió para sí misma.«¡Mi jefe está loco! Pero debo admitir que me gusta.»Al llegar a su piso, sacó el celular y envió un mensaje a su jefe cascarrabias: “Así que, todo este tiempo estuve a un piso de mi hogar”.Dejó el celular sobre la cama y entró al baño, deseando relajarse después de un largo día. Mientras el agua caliente corría sobre su piel, comenzó a tararear una canción, olvid
Eva se despertó lentamente, sintiendo la calidez del sol filtrándose a través de las cortinas. Se estiró, pensando en levantarse, pero antes de que pudiera hacerlo, sintió unas leves caricias sobre su mejilla, y al voltearse, lo vio allí, a su lado, mirándola como si ella fuese la cosa más preciosa de este universo.Él no se marchó como solía hacerlo Jason. Él está ahí a su lado.— ¿Estás aquí? — La pregunta salió un poco asombrada. Gabriel frunció el ceño.— ¿A dónde más iría? — Le tocó la nariz —. Ponte cómoda, te traeré el desayuno.Ella se giró para mirarlo, y su rostro se encendió al ver que él se había puesto de pie, completamente desnudo, sin una pizca de vergüenza. Por otro lado, Eva, aún acurrucada entre las sábanas, se cubrió el rostro con las manos, riendo nerviosamente.— ¿Te levantaste demasiado temprano para hacerlo? — bromeó, tratando de desviar la atención de su propia incomodidad.«¡Vamos Eva! No eres una virgen. Tuviste sexo con tu jefe y estás embarazada.» Se reprend
Jason llegó a su residencia con el rostro demacrado, los ojos llenos de furia y frustración. Había pasado el día lidiando con las consecuencias del incendio en su edificio, y lo que más lo indignaba era saber que Gabriel había sido quien había orquestado aquel desastre. La idea de que su rival, su enemigo, hubiera logrado hacerle tanto daño lo consumía. Y lo más frustrante es que no le temía. Se mostraba como sin nada ante él.Al entrar, su padre lo esperaba en la sala, con una expresión de decepción que hizo que Jason se sintiera aún más abatido.— ¡Eres un estúpido, Jason! — le gritó su padre, su voz resonando en las paredes —. ¿Qué demonios estabas pensando? Ahora debo hacer el trabajo sucio por ti porque no puedes manejarte solo.— ¿Qué quieres que haga, padre? ¡Gabriel es un monstruo! — respondió Jason, apretando los puños con rabia —. Ha arruinado mi edificio y mi reputación. No puedo dejar que se salga con la suya.— Eso no es una excusa. Yo te quemaría vivo si fueses a armar u
Gabriel llegó a su departamento después de un largo día cargado de tensiones y amenazas. Había enfrentado a Jason, lidiado con los planes de Penélope y mantenido su mente centrada en lo más importante: Eva. Con el corazón latiendo fuerte, marcó su número, sintiendo una mezcla de ansiedad y emoción.Al escuchar el tono de la llamada, su mente se llenó de imágenes de ella, de la forma en que lo miraba, de la conexión que compartían. Cuando finalmente escuchó su voz, una sonrisa se dibujó en su rostro.— Hola — dijo Eva, su tono suave y cálido, como un bálsamo para su alma cansada.— Ya estoy en mi piso, cariño — respondió, dejando que la palabra fluyera de sus labios —. Pasaré por ti a las siete. Te llevaré a cenar.La palabra “cariño” resonó en la mente de Eva, llenándola de una calidez que nunca había sentido antes. Era la primera vez que alguien la llamaba así, y su corazón se aceleró.— Está bien. Comenzaré a prepararme — dijo, sintiendo una mezcla de emoción e ilusión.Había pasado
El día siguiente amaneció con una mezcla de nerviosismo y emoción para Eva. Se había pasado la noche pensando en su cita con Gabriel, en cómo se había sentido viva y feliz a su lado. Pero ahora, al llegar a la empresa, la realidad la golpeó. Sabía que su relación con Gabriel no solo afectaría sus vidas personales, sino también su entorno laboral.Antes de entrar juntos al edificio, Eva sintió que todas las miradas estarían posadas sobre ellos. Algunos compañeros la mirarían con curiosidad, otros con envidia. Gabriel, sin embargo, caminaba con seguridad, como si no le importara el murmullo que podría surgir.— Gabriel — dijo Eva, deteniéndose antes de entrar al vestíbulo —. Por favor, creo que deberíamos ir con calma. No quiero correr en la relación ni levantar rumores entre los compañeros.Gabriel la miró con intensidad, como si estuviera evaluando sus palabras.— ¿Y si alguien habla mal de nosotros? Simplemente lo despediré —respondió, con un tono de despreocupación que la sorprendió