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Me ingresaron al área de cuidados intensivos, mi estado era sumamente crítico, no sabía si resultaría bien librado de todo aquello, y lo que más me dolía era no volver a ver a Elizabeth, nos había durado tampoco la felicidad que más que miedo a la muerte, lo que sentía era una terrible desilusión por no haber tenido tiempo de disfrutar de ese gran amor que me cambió la vida. La dejé tan mal cuando nos despedimos, miré sus ojos llenos de lágrimas empapando las mejillas de ese rostro angelical, no entendía porque la vida era tan injusta con nosotros, habíamos sufrido tanto desde siempre, y ahora que por fin se vislumbraba un poco de felicidad, todo parecía confabularse para arruinarlo. El pronóstico era reservado, los doctores decían que El cuadro infeccioso era muy fuerte, mis vías respiratorias se hallaban obstruidas, era por eso por lo que se me dificultaba respirar, la fiebre iba en aumento, mi mente divagaba, escuchaba voces a lo lejos y cada vez sentía mi cuerpo más débil. – Está
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