Celeste y su jefe se quedaron por un segundo mirando la puerta abierta por donde había salido aquel hombre que había irrumpido en sus vidas como un tsunami que arrastró con toda su tranquilidad.
-¿Porque hiciste eso?- finalmente habló la rubia, con el rostro rojo de la vergüenza y la impotencia.
Su jefe se giró hacia ella aun con el ceño fruncido, pero lo aflojó a una mirada pasiva cuando vio aquellos ojos celestes que jamás habían sido suyos porque siempre había sido un cobarde.
-No tienes porque hacer esto, Celeste…- dijo mucho más tranquilo, volviendo en sí.
-Necesito el dinero…
-Sabes que yo…
-Dany…- lo interrumpió- No quiero escuchar más que tu puedes ayudarme- exclamó furiosa, luego miró como su jefe bajaba la mirada y suspiró agotada- Sabes que jamás voy a poder compensar todo lo que tú y tu padre me han ayudado todos estos años, han sido mis ángeles de la guarda junto con Kristal, pero ya no soy una niña sin hogar- dijo con un tono dulce, acercándose más a su viejo amigo- Quiero hacer esto por mi cuenta. ¿Por favor?
Dany suspiró derrotado, la mirada de cordero de su amiga tenía un efecto sedante en él.
-Como tu quieras…
Celeste sonrió satisfecha y abrazó a su amigo.
-Gracias Dany.
-Déjame llevarte a tu casa- exclamó el joven cuando el abrazo se deshizo- Sabes lo preocupado que me pongo cada vez que vuelves a ese barrio de noche y sola.
La joven estaba a punto de protestar una vez más, pero esta vez lo dejó pasar, haber conseguido que Dany la escuchara ya era un gran logro.
-Está bien, solo déjame tomar mis cosas.
Dany sonrió ampliamente con esos hoyuelos suyos que hacían que la rubia se olvidara de que hacía unos segundos le había arruinado su show privado. Porque su jefe y amigo tenía eso, podía ser un cabeza dura, un peleador y una persona muy posesiva, pero también se preocupaba por sus seres queridos y sabía que haría todo lo que esté a su alcance y más por su pequeña familia.
No por nada fue su primer amor.
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-¿De cual quieres?
-Lo mismo de siempre, cariño- exclamó Bruno, sentándose en el mullido sillón en el living de su amigo y jefe César Cáceres.
César bufó pero no dijo nada y le sirvió en silencio. No era momento para mandarlo a la m****a, no cuando su idiota informante tenía al fín algo de información sobre Thomas.
Desde que había creado su empresa CC Motorts, Thomas de Anchorena había sido una molestia para su compañía, siempre le ganaba por muy poco, lo que era humillante. Necesitaba encontrar algo para destruirlo y estar solo él en la cima, no había lugar para ambos allí.
-Vamos, dime de una vez que información conseguiste- exclamó secamente, sentándose en el sillón frente a Bruno.
El joven no se sintió intimidado y se cruzó de piernas mientras disfrutaba su whisky favorito.
-Tranquilo César ¿Acaso no me extrañaste?- dijo en un puchero.- No nos vemos desde hace meses.
El CEO de CC motors cerró los puños con fuerza y se contuvo de mandarlo a la m****a y despedirlo.
-No tengo tiempo para pensar en nadie- sentenció con dureza.
Bruno puso los ojos en blanco.- Eres igual a Thomas, que aburridos son los hombres.
-¿Vas a decirme de una vez?
-Bien, está bien- exclamó con fastidio.- Hoy salimos con Thomas, lo invité a tomar unas copas. ¿Sabes que él está igual de desesperado que tú en ganar el primer lugar? Se la pasa hablando de eso, que CC motors esto, que CC motors….
-¡Deja de dar vueltas Bruno!
-¡Ya ya! Dios… todos me gritan- hizo un falso puchero- Ángel…
-¿Eh?
-Ángel… así se llama la chica por la que hoy Thomas actuó como un completo idiota. ¡Tendrías que haberlo visto! solo faltaba que le bese los pies-
El rostro tenso y gruñon de César cambió a una expresión siniestra, una sonrisa larga y puntiaguda se dibujó en su rostro.
-Así que Anchorena tiene una debilidad….
-Bueno, yo no diría que….
-Averigua más de ella.- ordenó secamente.
-Pero Cesar, ¿Qué estás planeando hacer?- dijo ahora dejando las bromas de lado.
-Tu solo has tu trabajo.
Bruno estuvo a punto de protestar cuando su móvil vibró. No se sorprendió al ver el nombre de Thomas en la pantalla, se había ido del bar sin decirle nada y quizás el joven estaba pidiendo una explicación. Lo que menos quería en ese momento era que alguien más le gritara.
-Ve con él…
-Pero….
-Ve con él, Bruno- ordenó- Lo que menos quiero en este momento es que sospeche, tan solo ve y mete una excusa simple y síguele el juego como siempre.
Bruno se levantó del sillón y asintió con la cabeza con pena. Ya se estaba cansando de jugar a dos puntas, resultaba agotador, especialmente cuando le había tomado cariño al idiota de Thomas. Pero al ver el rostro duro e intimidante de su verdadero jefe, salió de allí despavorido sin poder negarse a sus órdenes.
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El Mercedes Benz de su jefe se adentró en el barrió de Celeste. La iluminación de la calle se había vuelto amarilla, al ser farolas muy viejas. Apenas iluminaban el barrio venido abajo de calles con grandes agujeros que hacían temblar el auto.
La rubia estaba costumbrada al lugar, tantos años viviendo en la misma zona había hecho que le tomara cariño. Ella no tenía miedo de vivir allí, es más, amaba su barrio, era tranquilo, el ruido del tráfico no se escuchaba y eso era música para sus oídos.
Dany gruñó por lo bajo cuando dobló por una calle sin luz. Detuvo su coche último modelo en la entrada del viejo edificio de Celeste y salió primero que ella, observando el panorama con sospecha antes de abrirle a la joven.
Celeste se hubiera reído si fuera la primera vez que su jefe hacía eso como si fuera su guardaespaldas, pero sabía que solo estaba preocupado por ella, aunque jamás le había ocurrido nada al llegar tan tarde.
Subieron los 10 pisos en silencio, no había tiempo para hablar cuando costaba respirar por el ejercicio. El ascensor había dejado de funcionar hacía meses y el propietario no tenía el dinero para pagar el arreglo.
Lo que cobraba de alquiler a los inquilinos, gente pobre, algunos con problemas de adicciones o deudas, no era suficiente para poder hacerle mantenimientos al edificio. Nadie se quejó, porque nadie podía soportar un aumento en la cuota del alquiler, y Celeste no era la excepción.
Finalmente llegaron a la puerta de su departamento. Dany se hizo a un lado, sabiendo que la puerta de metal tenía sus mañas para ser abierta. Sin usar una llave, la rubia le dio una patada certera y se abrió.
-¿Que te dije de que cierres con llave?- dijo más preocupado que enojado.
Celeste entró a su hogar seguido de su jefe y tiró su bolso a un costado con una risita.
-¿Que podrían robarme?- dijo burlándose de sí misma.
-Tan solo no lo hagas por lo menos cuando tú estás dentro, por favor- suplicó.
Celeste le acercó un vaso de agua a Dany mientras colocaba comida congelada para dos personas en su viejo microondas.
-No deberías vivir en un lugar así- escuchó que decía a sus espaldas.
“Otra vez con eso” pensó furiosa.
-Es lo único que puedo pagarme. Pero es mío- dijo con orgullo.
-Es muy peligroso, Celeste. Vuelves muy tarde ¡Hasta te olvidas de poner el cerrojo! ¿Cómo puedes dormir tan tranquila en un lugar así?
-¡Perdón por no poder pagarme un lugar más decente! Si tanto te molesta venir aquí, será mejor que te vayas.
-Celeste…
-Vete Dany, no va a ser cosa que te roben las ruedas de tu coche- exclamó sin mirarlo, sacando la comida del microondas.
Dany bajó la cabeza y suspiró, dándose media vuelta.
-Tan solo pon cerrojo esta vez ¿Bien?- Celeste no contestó- Que descanses, ángel.
La rubia escuchó la puerta cerrarse y finalmente liberó el aire que había estado conteniendo en sus pulmones. Dany podía ser insistente, como un padre que sofoca a su único hijo.
Cansada, caminó con la bandeja de comida ahora caliente hacia el sillón y se tiró con fuerza comenzando a comer sin cuidado. Cuando finalmente se calmó recordó aquellos ojos jade y tomó la tarjeta que había metido en su escote.
-Thomas de Anchorena… CEO de Anchorena Motors…- dijo en voz alta, leyendo la tarjeta.
Parecía alguien importante, aunque no tenía idea de quién era. Con curiosidad buscó su nombre en el internet, sorprendiéndose al ver miles de noticias del joven.
“El prodigioso hijo de los Anchorena abre una nueva sucursal en Argentina”
“AM Motors destrona por quinta vez en ganancias a CC Motors”
“El soltero codiciado de la compañía de automóviles más influyente del mundo”
-¡Es un maldito niño rico!- chilló soltando la bandeja de comida que cayó olvidada al suelo.
“M****a, no puedo perderlo” Pensó agendando su número en su teléfono.
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-Jefecito, llegué lo más rápido que pude ¡Perdón por dejarte solo en el bar! Es que mis amigos…
-¿Qué sabes de ángel?- preguntó Thomás rápidamente.
-¿Eh?- exclamó confundido el joven.
-¿Qué sabes de la chica que hizo el show vestida como un ángel?- preguntó perdiendo la paciencia.
-Vaya… por un momento pensé que te habías preocupado por mí- dijo con un puchero. Pero dejó de bromear cuando vio el rostro furioso de su jefe- Bien, tranquilo… es una de las bailarinas de bar, suele hacer shows los fines de semana.- dijo sin darle mucha importancia.
-¿Sabes si ese es su nombre real? ¿Sabes algo más de ella?
-No sé nada más ¿porque preguntas?- exclamó levantando las cejas divertido.
En ese momento Thomas se dio cuenta de lo desesperado que estaba sonando frente a Bruno. Así que se reclinó en su asiento fingiendo mantener la compostura.
-Por nada-sentenció- Ya puedes irte.
-A mi no me engañas, te gustó la linda bailarina- dijo divertido.
Thomás estaba por sacarlo a patadas cuando su móvil vibró en su bolsillo.
-Ya vete- dijo distrayéndose con el móvil. Si Bruno veía que estaba ocupado con algún negocio, se iría de una vez, y funcionó.
-Mañana me pagas el desayuno, has sido muy cruel conmigo hoy- No recibió respuesta de su jefe, quien parecía estar en shock por lo que sea que estaba leyendo en su pantalla.
Thomas leyó y releyó el mensaje de un número desconocido, pensó que la rubia no le hablaría, que el idiota de su jefe le había quitado la tarjeta.
“Lamento lo que ocurrió hoy, estoy muy avergonzada. ¿Quieres que te reserve el privado del próximo sábado? Esta vez prometo que nadie nos va a molestar ;)”
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Desde que había enviado el mensaje, Celeste caminó de una punta a la otra de su pequeño departamento con nerviosismo. Apenas había apretado “Enviar” se había arrepentido, no tuvo tiempo de borrarlo cuando vio las dos tildes azules de que el hombre había leido su mensaje.
-¡Mierda m****a! Debe pensar que estoy desesperada.
Casi se tiró de cabeza a su teléfono cuando lo escuchó vibrar. Había imaginado un mensaje como “Piérdete, no pienso volver a ese antro de mala muerte” Pero sus ojos celestes se abrieron de par en par y sus mejillas se sonrojaron cuando leyó:
“Nos vemos el próximo sábado, Ángel”
La semana pasó como si el tiempo se hubiera estirado más de la cuenta, fue eterno. Aunque cuanto más se acercaba el sábado, más nerviosa se ponía por lo inminente del encuentro con su primer cliente. Ese día había llegado más temprano que de costumbre, no solo porque no había visitado a su padre, sino porque necesitaba estar perfecta para Thomas, para que no se arrepíntiera de su segunda oportunidad. -Tati… sé que estás ahí, si quieres asustarme vas a tener que buscar otra menera- exclamó mientras se risaba las puntas de su largo cabello. Escuchó un bufido detrás suyo y vio a través del espejo cómo su querido sobrino salía de entre sus disfraces en el perchero móvil. -¿Cómo te fue en la universidad esta semana?- preguntó Celeste. -Bien, no he quitado la vista de los libros, cuando Kristal se enteró de mis bajas notas, casi me mata- brufó sentándose en uno de los taburetes. La joven rió y se volteó hacia el muchacho, pudo ver las ojeras oscuras debajo de sus ojos negros y sintió
-¿Que debo hacer para poder tocarte?- No quiso sonar desesperado, pero no pudo evitarlo- Puedo pagarte lo que desees por una noche en mi apartamento, solos tu y yo. ¿Que dices?- preguntó deslizándose hasta el suelo por el caño, sintiéndose ofendida por la propuesta. -Ya sabes... no quiero que el idiota de tu jefe nos interrumpa- susurró el joven apuesto a su oído. Celeste retrocedió con el ceño fruncido. -Escucha... yo no soy una prostituta, soy una bailarina, no te confundas- dijo intentando sonar firme, pero no pudo evitar que su voz temblara al final. El ángel ajó del pequeño escenario y dio media vuelta, dispuesta a irse, sintiendo las lágrimas amargas correr por su rostro que podía sentir que venían directamente de su corazón roto. "¿Realmente creí que este hombre rico quería algo serio conmigo?" -Espera ángel…Thomas se abalanzó hacia adelante y la tomó del brazo, temiendo perderla para siempre. Una sensación de pánico lo abrumó al sentir que la perdería por ser un idiot
Celeste ya no sabía que era peor, sus fines de semanas caóticos o sus días de semana solitarios que daban mucho a que pensar. Ya había limpiado la casa unas 100 veces para distraer su mente y ya nada había que hacer. Frustrada, se acostó boca arriba en su viejo sillón con las piernas contra la pared y su largo cabello rubio cayendo como una cascada hacia el suelo. “¿Y si adopto un cachorro?” Pensó a sus adentros. “No no, eso no va a solucionar tu mal de amor” Le dijo la vocecita de su cabeza. La rubia tomó uno de los almohadones y cubrió su cara con fuerza mientras gritaba con ganas, muchas ganas contenidas. Primero la salud de Tati, luego el dinero, después aquel joven apuesto que solo quería jugar con ella ¡Y ahora la confesión abrupta de su jefe! Había pedido tantas veces algo de emoción en su vida sin saber los peligros de pedir algo de manera tan frívola. -¿Que voy a hacer ahora?-Sollozó. Luego de varios días después del accidente en el vip del bar y con la mente m
Celeste tenía que dejar de preguntarle al universo que más le deparaba en su destino, porque con el beso de Danny había marcado el cartón lleno. -Ten, toma este nuevo trago que está de moda, te da un golpe que se te va lo triste- exclamó Kristal, deslizándole un vaso de vidrio hacia las manos de la rubia, quien, sin chistar, tomó el trago de una sola zancada. La bebida le quemó la garganta y le calentó el pecho, pero su angustia seguía ahí, arraigada en lo más profundo de su ser. -Nena… ya deja esa cara larga, sos joven, tenes el mundo por delante ¡Ponele un poco de onda! Celeste estuvo a punto de decir con su lengua afilada que las palabras de aliento que le estaba dando eran vacías y parecían sacadas de una revista barata, cuando una presencia se asomó al costado de la barra. -Buenas noches, el mejor whisky que tengas ¿y para la señorita…?Kristel miró divertida a su amiga y levantó sus cejas animándola a que aceptar un trago del desconocido que a decir verdad estaba muy guapo.
-Krys… ¿Sabes dónde está Cele? La mujer ya estaba cansada de estos interrogatorios inesperados que la tomaban desprevenida, lo bueno es que estaba aprendiendo a ocultar su nerviosismo y mentir sin que su ojo comenzara a titilar o sus manos sudaran. -No se sentía bien y se fue a casa antes- dijo mientras limpiaba el borde de un vaso de cristral, alejando su mirada de la de su jefe. Sin decir más nada, Danny se dio media vuelta hacia la salida. -¿A dónde vas?- preguntó en pánico. -A ver si necesita algo…-Me dijo que no la mlestaran, que no quería visitas. Danny se volteó hacia ella con molestia y preocupación en su rostro, haciendo suspirar a Kristal. -Danny… Déjala respirar un poco, dale su espacio ¿Está bien?- casi que suplicó. El hombre estuvo a punto de discutirle, pero por primera vez recapacitó, recordando lo que había ocurrido en casa de Celeste. -Si sabes algo de ella me avisas- le ordenó volviendo a su oficina. Apenas se fue, Kristal pudo volver a respirar. —Celeste
-¿Quieres pasar?- preguntó con sus ojos de cordero, que parecían temblar en la ténue luz del pasillo. -Yo…- dijo Thomas, sintiendo su corazón golpear con dolor su pecho- No me malinterpretes ángel… pero no pagué por esto, no quiero que creas que…-No pensé en eso…-No quiero aprovecharme de tí- susurró cercándose lentamente a la rubia, quien se movió hacia dentro del apartamento que los recibió con su oscuridad. -No lo haces… es lo que quiero- ronroneó más cerca del rostro de Thomas, pudiendo sentir el calor excitante que emanaba ese cuerpo fornido- Es lo que en verdad quiero… está fuera del dinero- susurró dulcemente apoyando sus manos en el pecho del hombre- ¿Tú también quieres? Celeste pudo ver los ojos negros del joven que se ponían aún más oscuros, con sus pupilas dilatadas y una mirada llena de deseo. Avanzó más, y sin dejar de mirar a su hermoso ángel cerró la puerta detrás de sí. Dejando la habitación en penumbras.- Claro que quiero… lo he deseado desde la primera vez que te
Cesar Cáceres CEO de la empresa CC Motors se encontraba aguardando en la sala de reuniones del despacho del candidato a ministro de economía. Su alianza con el señor Mitre y su casamiento acordado con su hija menor era su as bajo la manga que tenía preparado para destrozar a Anchorena Motors, la empresa de su enemigo. “Seguro ni lo ve venir” Pensó con una sonrisa filosa de victoria dibujada su rostro. -¿Señor Cáceres?- exclamó su futuro suegro ingresando a su sala de reuniones junto con su equipo de abogados y contadores que siempre lo acompañaban. Aunque el robusto político era intimidante, el joven castaño no se dejaba doblegar, ya estaba acostumbrado a persuadir a peces gordos como él. Así era como había subido en la escala social. -¡Señor Mitre!- exclamó falsamente, levantándose de su asiento para estrechar ambas manos efusivamente con las del futuro ministro- Un gusto volver a verlo, hace tiempo que no nos cruzamos. El hombre no sonrió, mantuvo su mirada dura imperturbable- H
Thomas bajó las interminables escaleras del viejo edificio de su ángel mientras encendía su móvil laboral y se colocaba su sobretodo haciendo malabares para verse como una persona descente otra vez. Las miradas de los vecinos del vecindario fueron como dagas sobre él. Todos lo observaban en silencio pero con expresiones que iban desde la curiosidad hasta algunas que le gritaban peligro. No era por creerse superior ni nada por el estilo, pero era inevitable que lo miraran fijamente por cómo estaba vestido. Toda su ropa era de los Estados Unidos, marcas que ni siquiera se escuchaban en la Argentina y que había traído consigo cuando se había mudado al país sudamericano. Ahora se sentía un ridículo y quería desaparecer o volver a su hábitat natural. Aunque comenzaba a no sentir tanta emoción por volver a ello, especialmente cuando su teléfono comenzó a sonar y a sonar sin parar avisando que tenía una decena de mensajes sin leer. No podía ser nadie más que su secretaria, informándole la