El desfile había sido un éxito rotundo. Las prendas brillaban en la pasarela, las modelos se lucían con elegancia y el trabajo de Vanessa había recibido elogios de los clientes más exclusivos. Todo Montenegro Luxe estaba de fiesta.Después del evento, el equipo se trasladó a un elegante salón para el cóctel de celebración. Mesas decoradas con flores y luces tenues creaban el ambiente perfecto. Vanessa, Sofía y Mariana se sirvieron unas copas y se ubicaron en un rincón estratégico desde donde podían observar la escena.Alexandro, como anfitrión, estaba rodeado de inversionistas y diseñadores. Y, para la sorpresa (o más bien molestia) de Vanessa, Victoria y la ex de Alex estaban cerca de él, asegurándose de que no se alejara demasiado de los clientes importantes.—Mírala —susurró Sofía, con una ceja alzada—. Esa mujer está desesperada por su atención.—Ni siquiera ha podido venir a hablar contigo —añadió Mariana, cruzándose de brazos.Vanessa bebió un sorbo de su copa con tranquilidad.
La noche seguía envolviendo la ciudad en un velo de luces doradas. Alexandro y Vanessa se alejaron del bullicio del cóctel, adentrándose en uno de los salones privados de Montenegro Luxe. La música se escuchaba de fondo, pero el ambiente entre ellos era completamente distinto: cargado de tensión, deseo y algo más…—¿Te divertiste coqueteando con esos diseñadores? —preguntó Alexandro con voz grave, atrapándola entre su cuerpo y la pared.Vanessa levantó la barbilla con una sonrisa divertida.—Oh, ¿estabas mirando? Pensé que estabas muy ocupado con tu madre y tu ex.—Me estás provocando.—¿Y qué harás al respecto, Montenegro?Alexandro deslizó los dedos por su cintura, acercándola más a él. Sus labios apenas rozaron la piel de su cuello mientras susurraba:—Tengo varias ideas… pero no creo que quieras irte del cóctel con la ropa arrugada.Vanessa sintió un escalofrío recorrer su espalda. Él siempre tenía esa habilidad de desarmarla sin siquiera tocarla por completo. Pero ella no se iba
La sensación de inquietud se apoderó de Vanessa mientras cerraba el cuaderno de bocetos con manos temblorosas. Sabía que había encontrado algo importante, pero también que no estaba sola en esa búsqueda. Alguien más lo sabía.—Debemos sacar esto de aquí —susurró Sofía, mirando hacia la puerta con nerviosismo.Alexandro asintió, tomando el cuaderno y las cartas. Su instinto le decía que no debían dejar esas pruebas en la empresa. Montenegro Luxe era su territorio, pero no significaba que fuera un lugar seguro.—Vamos a nuestra casa —propuso Alex, su voz firme—. Ahí podremos revisar todo sin interrupciones.Vanessa asintió, sintiendo el peso de la revelación en sus hombros. Su abuela e "M", el abuelo de Alex… ¿qué más ocultaba esa historia?Salieron de la oficina con sigilo, pero una sensación de incomodidad la hizo girar la cabeza. Una sombra desapareció en la penumbra del pasillo. Su corazón latió con fuerza.—¿Escucharon eso? —preguntó en voz baja.Alexandro se tensó de inmediato.—N
El amanecer filtraba su luz tenue a través de las cortinas de la casa , pero ninguno de los presentes había dormido. La noche se les había ido revisando los documentos, tratando de encajar las piezas de un rompecabezas que parecía más grande de lo que imaginaban.Vanessa estaba sentada en el sofá, con la vista fija en una de las cartas. Sus dedos recorrían las letras desdibujadas de la firma "M", como si al tocarlas pudiera sentir la verdad que se escondía tras esas palabras.—Si mi abuela diseñaba para Montenegro Luxe… ¿por qué nunca lo mencionó? —murmuró, más para sí misma que para los demás.Alexandro, que estaba de pie junto a la ventana con un café en la mano, exhaló con frustración.—Porque alguien se encargó de borrarla de la historia.Mariana, quien había estado revisando un cuaderno lleno de bocetos, levantó la vista de repente.—Miren esto.Vanessa y Alex se acercaron de inmediato.—Estos diseños… —Vanessa pasó las páginas con cuidado—. Son impresionantes.Sofía observó con
Más tarde, cuando Mariana y Sofía se despidieron para ir a sus casas, Vanessa aprovechó la oportunidad para hacer algo que llevaba horas postergando. Alex había salido a comprar algo para la cena, así que era el momento perfecto para hacer la llamada sin interrupciones. Tomó su teléfono y lo sostuvo entre las manos, debatiéndose entre llamar o no. Su madre siempre había sido abierta con ella sobre la familia, pero nunca había mencionado que su abuela Isabel fuera diseñadora de moda ni su conexión con Montenegro Luxe. Respiró hondo y, con un impulso, presionó el botón de llamada. —¿Mamá? —¡Mi amor! —La voz de Verónica sonó cálida al otro lado de la línea—. ¿Está todo bien? Me sorprende que llames a esta hora. Vanessa sonrió con suavidad, jugueteando con un mechón de su cabello. —Sí, todo bien. Solo… tengo una pregunta sobre la abuela Isabel. Hubo un pequeño silencio antes de que su madre respondiera con cautela. —¿Sobre qué exactamente? Vanessa se mordió el labio, buscando las
El día siguiente en Montenegro Luxe comenzó con la intensidad de siempre. Vanessa llegó a la oficina con un café en la mano y una lista de pendientes en su cabeza, pero su atención estaba dividida. Desde la llamada con su madre la noche anterior, no dejaba de pensar en Emilia Duarte y en cómo podría ayudarla a descubrir la verdad sobre su abuela.Alexandro aún no sabía todos los detalles, pero planeaba contárselo cuando tuvieran un momento a solas. Necesitaba que él la acompañara en esta búsqueda, aunque en el fondo temía lo que podrían encontrar.—¡Buenos días, estrella! —la voz de Sofía la sacó de sus pensamientos mientras se sentaba en su escritorio.—Buenos días —respondió Vanessa, dando un sorbo a su café.Sofía miró de reojo a Mariana, que estaba organizando unos documentos en su escritorio con movimientos lentos y distraídos.—¿Te has dado cuenta de que Mariana está rara? —susurró Sofía con una sonrisa traviesa.Vanessa también lo había notado. Mariana, que siempre era enérgica
El escándalo de la prueba de embarazo revelada por Nico no tardó en convertirse en una celebración improvisada. Vanessa y Alex felicitaron efusivamente a Mariana y Damián, quien seguía en estado de shock.—Hermano, ¿estás bien? —preguntó Alex, dándole una palmada en la espalda.—No lo sé… —murmuró Damián, todavía procesando—. O sea, sé cómo pasó, pero… ¡¿cómo pasó?!Mariana soltó una carcajada.—Si necesitas que te haga un dibujito, avísame.—No es necesario amor, gracias —dijo Damián, pasándose una mano por el rostro—. Dios… ¿Voy a ser papá?—¡Sí! —exclamó Vanessa con entusiasmo—. Y eso hay que celebrarlo.Mariana sonrió con ternura al verlo en ese estado, pero su sonrisa se desvaneció cuando Damián le tomó las manos y la miró con intensidad.—Esto no cambia nada, ¿verdad? Yo… sigo siendo el mismo idiota que no sabe cómo ser un hombre de familia.—Sí, pero ahora eres un idiota con un bebé en camino —respondió Mariana con una sonrisa divertida.—Exacto —intervino Vanessa—. Y los idiot
La fiesta en el jardín de Vanessa y Sofía estaba en su punto máximo. Luces colgantes iluminaban el espacio, la música sonaba animada y Mariana y Damián recibían felicitaciones por su bebé. Todo era risas y brindis… hasta que él llegó.Un amigo de Mariana de la universidad, Andrés, guapo, con una sonrisa encantadora y confianza de sobra, apareció con una botella de vino como regalo. Apenas vio a Vanessa, le lanzó un cumplido descarado.—Vaya, Mariana no me dijo que tendría que cuidarme de una diosa en esta fiesta.Vanessa soltó una risa divertida, tomándolo como una broma. Sofía, al lado, levantó una ceja y le susurró:—Muerta en 3, 2, 1…Porque Alexandro Montenegro había visto y oído todo.Desde el otro lado del jardín, Alex dejó su copa en la mesa con tanta calma que solo Sofía y Damián notaron el fuego en su mirada antes de que se pusiera de pie y se acercara a Vanessa como un depredador marcando su territorio.—¿Diosa? —repitió con una sonrisa afilada cuando estuvo lo suficientemen