Benjamín se levantó como un rayo de su asiento y, antes de que ella llegara a la puerta, la tomó de la mano.—Tú no puedes dejarme, Dafne. Ya te he dicho que ella no es mi novia, solo la acompañé a una consulta médica.Dafne trató de zafarse de su agarre, con rabia expresó:—¡Suéltame! Vi cómo salían juntos de aquí, y eso lo dice todo sobre ustedes.Benjamín vio esa rabieta en su cara y eso le gustó. La arrastró y la pegó a la pared. Tomó sus dos manos y las coloco por detrás de su espalda.—¿Estás celosa?—¡En tus sueños! Suéltame o me vas a conocer —el corazón de Dafne empezó a latir con rapidez. Por primera vez, sintió que tenía sentimiento por un hombre que, resultaba ser completamente prohibido para ella.—Eso quiero, conocerte, quiero saber todo de ti.Benjamín miró esos labios carnosos que llamaban a ser besados. Por impulso, la besó con suavidad, degustando el labio inferior de ella. Dafne abrió los ojos por su atrevimiento, no pudo negar que aquel beso despertó sensaciones de
Al llegar frente a la puerta, Ava agarró la manilla y la giró. Al abrirla, sus ojos se encontraron con una escena alarmante: en el sofá, una mujer luchaba desesperadamente por liberarse de un hombre de unos cincuenta años. En ese instante, Ava intuyó que se trataba de Fernando.—¡Suelte a esa mujer! —exclamó Ava con firmeza.Fernando levantó la cabeza al escucharla. Su rostro reflejaba perversión, pero al ver quién era, se levantó rápidamente y comenzó a acomodarse la ropa.—No es lo que ustedes piensan. Ella es una ofrecida y yo solo trataba de someterla para que me dejara tranquilo.Ava miró a la chica, que, aún en pánico, se arreglaba la camisa rota. Una furia crecía dentro de ella. Sacó su teléfono y llamó a los otros guardaespaldas.—Suban al piso 13, los necesito con urgencia.Sofía corrió a socorrer a la chica, que tenía el cabello alborotado y el maquillaje corrido por las lágrimas.—¿Estás bien? ¿Te hizo algo este cerdo?—A mí me respetas. ¿No sabes con quién te estás metiend
Con dedos temblorosos, Ava marcó el número de Dante. Cada timbre le parecía eterno. Al tercer tono, él contestó.—¡Amor! ¿Estás saliendo para la casa? —preguntó con ternura, estirándose placenteramente en su sillón.El corazón de Ava se encogió. Ojalá estuviera en casa con él, segura. Pero no lo estaba.—Dan… nos están siguiendo —su voz salió entrecortada, apenas un susurro tembloroso—. Solo contamos con tres guardaespaldas y les están disparando.—¡Maldición! —espetó Dante, su voz transformándose en puro acero—. ¿Dónde están los demás guardaespaldas? ¡Hazle caso a Sofía y no te alejes de ella! ¡Ya vamos con refuerzos!Ava respiró hondo, intentando contener el pánico que le nublaba la mente.—Frank y Danny están en la estación de policía. Los otros venían detrás, pero… —tragó saliva— les están disparando. Eduardo salió de la autopista para perderlos. Con nosotras también está Dafne.Dante ya cruzaba la oficina a grandes zancadas, hasta llegar a la puerta de Benjamín empujándola con ta
Sofía, Ava y Dafne corrían sin detenerse, con el miedo latiendo en sus pechos. Los disparos habían cesado, pero el sonido de los pasos de sus perseguidores resonaba en el aire. Estaban agotadas, pero no podían detenerse.Sofía escaneó el terreno con desesperación, buscando dónde esconderse. Sus pulmones ardían, sus piernas temblaban, pero su mente se mantenía alerta. Entonces, entre la maleza, divisó un barranco de poca profundidad.—¡Por aquí! —susurró con urgencia, guiándolas hacia el borde. Sabía que no era el escondite perfecto, pero en ese momento era la única opción que tenía.Las tres mujeres descendieron con cuidado por el barranco, agachándose lo más que podían para no ser vistas. El suelo estaba resbaloso. Sofía, con el arma en las manos, miró a Ava y Dafne con una calma que decía que todo iba a estar bien, aunque por dentro su corazón latiera desbocado.—Manténganse calladas —susurró con voz tensa—. Buscare la manera de protegerlas, lo prometo. No les pasará nada.Dafne y Av
Dante, al escuchar la palabra "herida", supo que se trataba de su esposa. Sus ojos se abrieron con sorpresa y una profunda preocupación. Sin pensarlo, le arrebató el teléfono a Alan y, mirándolo fijamente, gruñó:—Me debes una explicación —Luego, se llevó el teléfono a su oreja y, con urgencia, preguntó—: Dime, ¿mi esposa está bien?Dexter, al darse cuenta de que la voz al otro lado del teléfono no pertenecía a su amigo, supo quién era.—Dante, Ava está bien.Dante suspiró aliviado, sintiendo cómo su cuerpo se relajaba momentáneamente. Pero no dejó de indagar.—¿Y Dafne y Sofía? ¿Cómo están?—La de cara angelical tiene una herida en el hombro, pero Dafne solo está asustada.—¿Quién eres tú y por qué las tienes? —preguntó ahora con una voz tensa, buscando respuestas.—Ya le mandé la ubicación a Alan para que conversemos personalmente —colgó la llamada sin darle oportunidad a más preguntas. Miró a Sofía, que aún estaba en sus brazos, y agregó—: Ya vamos a llegar para que te atiendan.Da
El anciano tomó varias bocanadas de aire y, con voz firme, decidió comenzar su relato.—Todos los que estamos aquí somos como familia. Les voy a contar desde el principio de dónde comenzó el odio. Tómenlo con calma.Hace 45 años, Frederick Koch era el dueño de Condextec, una empresa de producción y distribución de equipos tecnológicos. Era una de las primeras empresas posicionadas en el mercado y gozaba de un estatus económico privilegiado. Frederick estaba casado con Elba Jones y tenían tres hijos: Roger, de 25 años, un joven que se la pasaba de fiesta, entre borracheras, mujeres y malos pasos. A pesar de sus errores, era el hijo destinado a ejercer la presidencia de la empresa, siguiendo la tradición familiar de generaciones pasadas. Hermes, de 22 años, se destacaba como un joven inteligente; ya se había graduado con honores y poseía una mente brillante. Por último, estaba Cecilia, una niña dulce de 18 años.Frederick no estaba satisfecho con los rumores y chismes que circulaban sob
Ava sollozaba desconsolada, las lágrimas caían sin control al comprender la maldad del hombre que había destrozado la vida de su familia. El peso de la traición le apretaba el pecho, mientras su mente no lograba procesar la magnitud de lo que acababa de descubrir. Sin embargo, el abrazo cálido de su esposo le brindaba una sensación de seguridad.—Ya no llores, cariño —susurró Dante, acariciándole el hombro con ternura—. No sigas llorando.—Es monstruoso, lo que ese hombre le hizo a un bebé inocente —respondió Ava, con la voz rota.—Sí, querida —dijo el anciano, con el rostro marcado por el peso de los recuerdos—. Eso es solo una muestra de la crueldad que Roger fue capaz de cometer. Pero lo peor estaba por llegar. —Exhaló profundamente antes de continuar—. Cinco meses después, mi buen amigo Hermes salía de la empresa y decidió detenerse a comprar flores para su esposa en un puesto ambulante. Al girarse para regresar a su carro, un vehículo en movimiento lo alcanzó y disparó varias vec
—Tu madre siempre fue ingenua. Nunca investigó su pasado ni supo que tenía un hermano. Esa ignorancia la mantuvo a salvo durante muchos años. Además, mantenerme alejado de ustedes las protegía.El anciano hizo una pausa para tomar aire. Sentía el peso de las miradas expectantes sobre él. Después de exhalar profundamente una última vez, continuó.—En cuanto a Olivia, al principio pensé que era como tu madre, de carácter débil. Pero después de su muerte, me ha demostrado que es tan fuerte como tú. Como te conté, a tu tío lo mantuve fuera de la familia Koch; nunca llevó nuestro apellido. Tu primo, a quien todos creían muerto en el accidente, ha seguido su propio camino y se ha dedicado a la búsqueda de Roger y su hijo. Y en cuanto a ti, ese carácter que tienes, sumado a un esposo que no se deja intimidar y que está dispuesto a protegerte, me llevó a la conclusión de que eras la indicada para retomar las riendas de Condextec.Ava estaba asombrada por todas las revelaciones que acababa de