Luc se apartó, liberando la mano de Nammi justo a tiempo para que el médico ingresara a la habitación.—Buenos días, Nammi —comenzó el médico con tono calmado—. Tengo buenas noticias. Por suerte, los golpes que sufriste al caer por las escaleras solo te han dejado pequeños hematomas, la peor parte fue el corte en la cabeza, pero no requiere mucho cuidado, solo un seguimiento en la comodidad de tu hogar. — la sonrisa del canoso busco ser amistosa, pero Nammi aun estaba aturdida, y su rostro un poco desencajado, quizás y le había entendido mal a Luc, pensó la joven, tal vez debía informar al médico que, en verdad, al parecer, sus oídos estaban afectados, o su cerebro. —Además —continuó el médico, mirando a Luc y luego de nuevo a Nammi—, quiero asegurarte que tu embarazo sigue su curso normal.Y fue cuando Nammi se quedó paralizada. Las mismas palabras que Luc había pronunciado antes la habían sumido en un abismo de desconcierto, pero ahora dichas por el médico, hicieron que la realidad
Los médicos salieron de la habitación de Nammi, su rostro serio y preocupado, provocaron que el corazón de Luc casi se detuviera, y su cuerpo reacciono a ello, cuando se levantó del asiento con prisa, sin prestar atención al dolor continuo de su pierna aun en recuperación, sentía que la ansiedad lo asfixiaría de un momento a otro y es que el silencio en el pasillo del hospital era abrumador, intensificado por el eco distante de las máquinas y los murmullos apagados del personal médico, las paredes blancas y frías parecían cerrarse sobre él, aumentando su sensación de desolación.— ¿Qué pasa? - preguntó Luc, con la voz temblando. — ¿Qué le ha pasado a Nammi? — esa era la gran pregunta, ¿Qué mas debía pasarle? ¿acaso su maldición se le estaba pegando a ella también? Y es cuando recordó que Nammi cargaba a su hijo, y el miedo lo tomo al completo una vez más.— Señor Luc, Nammi ha sufrido un infarto cerebral. — informo el médico y tuvo que ayudar a Luc a sentarse, porque las piernas le es
Luc creía tener todo bajo control, a Mimi no le extrañaría que él diera a conocer un noviazgo con Nammi, pues todos sabían que Luc era muy reservado con sus asuntos, el hecho de que estuviera en una relación con Nami y que esta saliera a la luz por el hecho de que la joven perdiera la memoria, no levantaría sospechas en nadie de la mansión, ni los custodios, ni Mimi, mucho menos León, y que decir de Máximo, si era apenas medio día lo que compartió con ellos, por lo que la historia a repetirle a Nammi corría en su mente, al menos hasta que recordara todo, si es que eso ocurría.— Aun no puedo creer que de buenas a primera solo me marchara contigo. — dijo viéndolo con una ceja en alto. — Disculpa, eres guapo, muy al hombre ideal que soñaba de niña. — reconoció con un poco de vergüenza y a Luc el corazón se le aceleró.— ¿En verdad?— Sí, bueno, al menos físicamente, te pareces a mi padre.— ¡¿Qué?! — el mayor no pudo evitar gritar y Nammi dejo salir una risilla.— ¿Eres mi novio y no te
Nammi observo a Luc en silencio, mientras este acomodaba su cabello ya perfecto.— Yo pedí por ti… en el infierno. — la única forma de mentir y mantener esa mentira lo más creíble posible, y para ello debía apegarse lo mas posible a la verdad.— ¿Querías a una virgen? — pregunto con asombro Nammi, pues Luc no seria el primero que pidiera por ella, cual animal de zoológico, siempre llegaba uno que otro a tratar de “comprar su virginidad” eso que a sus exnovios echaba a correr, era lo mismo que muchos hombres de mundo buscaban y a los que Nammi jamás se la daría, porque en su mayoría eran hombres que habían probado de todo en esta vida, dejando quizás lo mejor para lo último, un último reto que cumplir, un capricho más de la lista, un deseo de juventud.— Fue mi amigo Neri Neizan quien me envió allí. — la voz de Luc era apenas un susurro, y por un segundo se planteó decirle la verdad, pero las manos de Nammi se movieron a su vientre, de forma distraída, las coloco allí, y Luc recordó qu
La luz del sol se reflejaba en las ventanas del hospital mientras Nammi y Luc salían del edificio, al fin le habían dado el alta a la castaña y el empresario, sostenía con firmeza la mano de Nammi, como si temiera que pudiera desaparecer en cualquier momento, aun así caminaban con paso lento, disfrutando del aire fresco de la mañana y de la sensación de libertad que ofrecía el exterior después de tantos días dentro de cuatro paredes, aunque claro que el camino no fue largo, pues el coche negro de Luc estaba estacionado frente a la entrada, reluciendo bajo la luz del sol. El mayor abrió la puerta para Nammi, como todo un caballero ayudándola a entrar con un gesto gentil, que hizo sonreír a la joven, y ya una vez dentro, Nammi se acomodó en el asiento, mirando a su alrededor con curiosidad. Era como si estuviera viendo París por primera vez, cada detalle era una nueva maravilla para sus ojos, aunque estaba segura de que eso ya lo había sentido, trato de verle el lado positivo a su pérdi
Mimi se quedó boquiabierta al escuchar la noticia que Luc acababa de dar, no podía creer que ese par estuviera junto y ella no lo supiera hasta ahora.—Luc, ¿cómo es posible que no me hayas dicho nada sobre esto antes? —preguntó Mimi, tratando de comprender la situación, y recordando las palabras de Máximo, ella nunca seria como una madre para ese hombre, por más que fuese su nana, no dejaba de ser solo una empleada, que se enteraba solo lo que su jefe queria que supiera.—Mimi, sabes que siempre he sido una persona reservada. — le recordó con una sonrisa. — Incluso contigo, que has sido como una madre para mí, hay cosas que prefiero mantener en privado hasta el momento adecuado. — reconoció con un poco de pena, por mentirle a la mujer que él queria como un asegunda madre—Mimi. — la llamo Nammi no queriendo ver esa sombra de pena en los ojos de Mimi. — No te enfades con Luc, yo se lo pedí, no queria que me traten de manera distinta a cualquier otro empleado. — Bueno, al menos ahora t
Fue un domingo, cuando Nammi despertó y besó a Luc, un beso tierno y cálido que el mayor no pudo sacar de su cabeza en todo el día, el aroma de su piel, el sabor de sus labios y la suavidad de su contacto, aunque mínimo, se quedaron grabados en su memoria como una melodía constante y dulce.Durante el desayuno, Luc no podía dejar de mirarla, fascinado por su tranquilidad y la paz que irradiaba, si la mujer perfecta existía, esa era Nammi, aun le costaba comprender las palabras que la joven le había dicho, su temor a no ser una buena madre, cuando se notaba que sería una magnifica madre.A mitad de mañana, Luc tuvo que encerrarse en su oficina, un lugar que comenzaba a odiar, pues así como antes le encantaba cuidar de su empresa, ahora solo deseaba enamorar a Nammi, enamorarla de verdad, pero por más que pensara, no sabía como hacerlo, por lo poco y mucho que la conocía, sabía que ella no caería por joya alguna, esas promesas no iban con Nammi, ella no era interesada, y fue cuando come
La semana transcurrió lentamente para Luc, quien regresó a la empresa a trabajar, aunque no le agradara dejar a Nammi, en realidad lo que no le agradaba era no poder estar a su lado, a menudo sus pensamientos vagaban de vuelta a la mansión, donde Nammi y León ocupaban su corazón, deseaba verlos sonreír, no solo a Nammi, León parecía otra persona, la que siempre debió ser tal vez.Mientras tanto, Mimi, trataba de conseguir información sobre el paradero de su hijo Pier, sus movimientos eran discretos, asegurándose de que nadie sospechara de ella mientras trataba de engañar a Máximo, haciéndole creer que estaba drogando poco a poco a León, claro que eso no paso por alto a la vista aguda de Máximo.— Hola Mimi. — la saludo con falsa alegría, al tenerla al fin a su merced en la cocina, pues la mujer mayor, pero hábil, se las arreglo a lo largo de esa semana para escapar de él.— Hola, creo que León me llama. — aseguro con la intención de escapar, pero Máximo la sujeto del brazo y la acerco