Alexandra GreenVi a Dorian correr tratando de alejarse de mí para que no escuchara la conversación, pero fue demasiado tarde porque escuché cada una de las palabras de Von.Sin embargo, no creí en sus palabras, me costaba creer que repentinamente volcara su interés en mí, ya había caído una vez en sus redes y no iba a hacerlo una segunda.Así que terminé corriendo detrás del hombre, y escuché cuando Von me declaraba suya, mientras Dorian trataba de escapar de mí.—Dile al zopenco de tu jefe que él a mí no me importa —grité a toda voz—, y si sigue acosándome lo demandaré, que no se crea mucho y piense que por un polvo insípido y sin gracia que hicimos por la estupidez mía y la calentura suya, voy a caer rendida.Después de desahogarme con mis gritos, regresé a la sala y me senté tranquila, mientras trataba de convencerme que sus palabras eran falsas.—Esto no es real —me dije a mí misma—. Siento que lo que dijo Von es una mentira, quizás solo quiera verme caer.Expresé en voz alta y es
Von Dimitrakis.Cuando sentí los labios de la mujer sobre los míos, la empujé intentando separarla, pero ella se pegó a mí como un Koala con tanta fuerza, que al final no me quedó otra opción sino empujarla, terminó cayendo de nalgas al piso, emitiendo un sonido de dolor.—¡Te dije que no quería! —espeté furioso—, una mujer debe entender cuando un hombre le dice que no, así como nosotros los hombres estamos obligados en hacerlo cuando se trata de ustedes.Me levanté furioso de mi asiento, mirando a todos lados, temeroso de que alguien hubiese sacado algún vídeo o fotografía.—¡Diablos! —exclamé, pasándome la mano por la cabeza mientras trataba de tranquilizarme.Quería irme, pero no podía hacerlo en ese momento, debía atender a mis socios comerciales, solo esperaba que esa situación que aunque me haría ganar dinero, no me hiciera perder la poca confianza que Alexandra tenía en mí, porque necesitaba convencerla de que en verdad estaba interesado en ella.Mientras intentaba recomponerme
Alexandra Green. —¡Llévensela detenida! Catherine es mi nieta y esta mujer, se la llevó sin mi permiso —gritó la madre de Von, señalándome con indignación. —¡Yo no la secuestré! Yo soy su niñera y esa vieja estirada la estaba maltratando psicológicamente. —Lo siento, señorita, pero tendrá que acompañarnos, suba a la parte trasera de la patrulla. Los ojitos de Catherine, que estaba centrada en mí, al verme que me iban a meter detrás, comenzó a llorar sin dejar de gritar. —¡Suéltame vieja mamona! — exclamó repitiendo las palabras que me escuchó decir, y el policía abrió los ojos, sorprendido. La niña se liberó y corrió hacia mí para abrazarme, se aferró a mis piernas con fuerza, buscando protección en medio de la confusión, mientras el policía trataba de despegarla, pero ella no lo permitía. —Es mentira, ella no me llevó en contra de mi voluntad. Quise irme con Alexandra —declaró Catherine con valentía.Se aferró con más fuerza, de hecho se abrazó a mi pierna de manera tan enérgic
Von DimitrakisSi las miradas fueran misiles, seguro en este momento estaría bombardeado por las miradas de enojo que me lanzó Alexandra, la vi apretar la boca en una fina línea de evidente molestia, la cual decidí cobardemente ignorar. Me acerqué a ellas y cuando Cathe apenas me vio extendió los brazos hacia mí.—¡Papi viniste! Te dije que esa vieja de tu madre y tu hermana eran unas brujas… ¿No hay alguna posibilidad de que no sea tu madre, para que no sea mi abuela? ¿Qué te hayan recogido en un orfanato o tirado en un basurero como las novelas que ve la señora Tahymili? Pregúntale a mi abuelo, por si acaso —dijo mi hija agarrándose con fuerza de mi cuello, mientras yo la sostenía.Aclaré mi garganta como una forma indirecta de decirle al agente que se fuera y nos dejara solos, pero este o no entendía indirectas, o sabía muy bien lo que estaba haciendo y se hacía el desentendido.—Oficial, ¿Será que puedo contar con su amabilidad de dejarme a solas con mi familia? —inquirí apretand
Alexandra Green Las palabras de Von tenían en mí el mismo efecto que un toro a quien le mostraban un trapo rojo, me quedé mirándolo de manera desafiante, con firmeza, lista para enfrentarlo, aunque me costaba creer que estuviera diciéndome eso, amenazándome con un bendito contrato que él mismo había violado innumerables veces, por un par de segundos me quedé en silencio, esperando que él se levantara y me dijera que solo se trataba de una broma, pero no pasó. Allí estaba él, serio como si fuera el rey del mundo, soberbio, inmutable, en su posición de macho alfa, lomo plateado, manos de lija, hombre de pelo en pecho, voz de trueno, barba de leñador, sed de vikingo, rifle cromado, tratando de imponerme su voluntad. Lo que no sabía es que yo era una mujer fuerte, dura, guerrera, onna-musha, samuraí, Kunoichi, un hueso duro de roer que no estaba dispuesta a dejarme imponer nada y él ya debería saberlo, conmigo se ganaba más por las buenas que por las malas. Caminé hacia él, irguiéndome
Von Dimitrakis. Mi hija me miraba con una expresión de tristeza y yo sentía un profundo dolor en el pecho, sentía mi corazón hundirse al ver sus pequeños ojos bañados en lágrimas, y su acusación me golpeó como si me fueran dado un puñetazo en el estómago, sacándome todo el aire. Sabía que este momento llegaría tarde o temprano, pero nunca imaginé que sería de esta manera y mucho más pronto de lo que imaginé. Me quedé sin palabras, incapaz de negar la verdad. Catherine seguía mirándome con una mezcla de decepción y tristeza. Sus lágrimas seguían fluyendo, y sentí una oleada de dolor por haberle causado tanto sufrimiento, lo que había querido evitar con esa mentira.Me levanté de mi asiento y me acerqué a ella, intentando tocar su hombro para consolarla, pero ella se apartó de mí como si fuera un extraño.—Hija, mi amor, por favor permíteme explicarte —empecé a decir, pero ella me interrumpió con voz quebrada.—¿Por qué, papá? ¿Por qué me hiciste creer que esas cartas eran de mi mam
Alexandra GreenPasé la noche emocionada en mi nueva casa, estaba tan contenta porque era algo que podría pagar yo y que nadie iba a poder sacarme, había firmado el contrato por dos años, y durante ese tiempo esperaba encontrar por fin mi tranquilidad.Vi los regalos de Von y me sonreí, había sido un detallazo de su parte, me sorprendió gratamente, porque no lo creí capaz de hacer cosas tan lindas, sin darme cuenta comencé a suspirar, al pensar en esos besos que me había dado, por poco caigo rendida, pero no, debía ser dura, lo debo ser por todas esas mujeres duras que no caen en la tentación.Claro que eso es porque ellas no tienen una tentación de casi un metro noventa, músculos duros, labios carnosos, nalgas firmes, mechota gigante y las hormonas alborotadas, me dije en un suspiro.Es que definitivamente, ese hombre me había dejado con dentera, o como decía un personaje de una novela que leí de los Ferrari, Mujer prohibida, con cuquicardio, llamándole así a los latidos de excitac
Alexandra GreenVon me sostenía firmemente con una mezcla de determinación y furia en sus ojos. Y aunque no teníamos ninguna relación, desde que llegó estaba coqueteando conmigo, por eso estaba furiosa y herida por las fotos que había visto, ¿Cómo se le ocurre estar diciéndome que lo traía loco, cuando apenas unos días atrás estaba acaramelado con otra?No estaba dispuesta a ceder, aunque me era difícil controlar esa mezcla de atracción y deseo que sentía por él, porque su cercanía física y su intensidad solo aumentaban mi confusión.—¿En serio crees que me vas a castigar como a una niña? —le espeté, desafiante, tratando de ocultar el latido acelerado de mi corazón.Von no respondió con palabras. En su lugar, tomó la soga y la ató sin mucha fuerza alrededor de mis tobillos, asegurándose de que no pudiera levantarme. Me sentí atrapada y vulnerable, y eso solo hizo que la mezcla de emociones en mi interior se volviera más intensas.—Estás cruzando límites que no deberías —le advertí, pe