Mi pregunta no ha sido contestada, pero ver esa sonrisa que hace que me dé escalofríos me da la respuesta que sé que no será para nada buena; sin embargo, esperaré a que él me conteste porque, quiera o no, su respuesta me causa curiosidad.—No sería mala idea lo que me sugieres —dijo—. No obstante, tengo otros planes mucho mejores para ti. —Al terminar de hablar, me vuelve a sonreír de esa misma manera coqueta que le había visto a Adriano cuando estaba coqueteándome.Se me ocurre algo; sé que es muy arriesgado, pero viendo su temperamento tan volátil como el de su hermano, lo usaré para ver sus intenciones. —Tú me secuestraste para enamorarme de ti —declaró tan directamente.—Mmm, ahora que lo dices… —Su contestación me ha tomado por sorpresa; creí que eso me daría una vista, pero no, todo lo contrario. Se acerca a mí en su silla de ruedas hasta quedar a pocos centímetros de mí, lo suficiente para tocar mi pierna, pero no termina la frase; solo veo cómo me ve con detenimiento, embob
P.O.V. AlexanderSalí de esa habitacion y regresé a la sala, maldiciendo en mi interior por el comportamiento de esa mujer, me hace enojar que sea o finja ser una damisela en apuros que necesita que un hombre la salve. Supuse que Adriano, al ser el líder del imperio de ese hombre, sería más listo en escoger su compañera. Como Sara, ella sí era una mujer decidida; sabía perfectamente lo que era formar parte de este mundo, así que no era una niña miedosa esperando escapar. Aunque no la culpo, también ha sido mi culpa por jugar de esa manera y es que admito que es linda, tierna, lo que quizá todo hombre trastornado quisiera; no obstante, conozco bien mi situación y las bastante fatídicas situaciones amorosas que he tenido y comprendo perfectamente bien que un lisiado como yo nunca encontrará a una mujer. Pero regresando a lo que realmente importa, no sé si fue lo correcto traerla. Maldigo entre dientes, esperando que nadie me escuche.—¿Estás molesto, verdad? —oigo la voz de Diago en
Espero con impaciencia la llegada de mi padre; subo y bajo la punta de mi pie debido a mi nerviosismo. La puerta se abre justo en el momento en el que iba a levantarme para irlo a buscar, pero ahora me calmo un poco. —Me llamaste, hijo —dijo mi padre. —Sí, siéntate, quiero hablar contigo —ordenó de manera seria. Él me ve bastante dudoso, intentando descifrar lo que pasa, pero al final camina hasta sentarse en una silla frente a mí. —Espero que no me llamaras para preguntarme por tu hermano; ya te dije todo lo que sé y no creas que estoy ocultándolo —responde, pero no me interesa hablar de él. —No es nada referente a él —aclaró. —¿Entonces qué ocurre? —pregunta, recargándose sobre el respaldo de la silla, sintiéndome más tranquilo al oír mi respuesta. —¿Qué le prometiste al señor Dubois para que dejara en paz a la familia con respecto a lo ocurrido con su hermana? —curioseó con tranquilidad, esperando leer su lenguaje corporal. Noto que rueda los ojos como si ese tema no
P.O.V. Mia Han pasado dos días desde la última plática con Alexander y pienso en las palabras que le he dicho, que me hacen sentir muy mal; me he comportado de una pésima forma y es que las cosas que he dicho no tienen sentido, todo lo dije por molesta. Además de que le he estado dando vueltas al asunto con respecto al atentado en mi contra y es más que obvio que esa rubia falsa planeó todo, pero ahora sí me las pagará. No soy mala persona, pero no dejaré que se salga con la suya. Así como mi abuelo extinguió a mi madre de toda la herencia familiar, es momento de hacer lo mismo con esa rubia y más sabiendo que tal vez alguien está creciendo en mi interior. No permitiré que le haga daño y, si logro convencer a Alexander que me ayude, terminaré con esa mujer. Estando completamente decidida, salgo de los confines de mi habitación, pasando por el pasillo en busca de ese hombre en silla de ruedas, y lo encuentro en la sala mirando hacia la ventana. Ese comportamiento me resulta ext
P.O.V. Alexander Los pasos de Mia se alejan cada vez más, al punto en el cual dejo de escucharlos y giro mi rostro para corroborar que se ha ido. Y es que me hace sentir bien contarle a alguien sobre lo que me ha pasado, aunque por lo visto, si subestime a esa pelirroja, es lista; sabe usar bien sus palabras. Solo espero que no sepa mis verdaderas intenciones. El único defecto que tiene es que, cuando el miedo la ciega, se vuelve tan indefensa como una oveja; a lo mejor, con el tiempo, puede aprender a controlarlo. Y si puedo decir que tengo a una cuñada decidida. Pero dejando eso a un lado, por una vez en mi vida alguien me ha dicho que realmente no quiero una esposa porque sería muy malo de mi parte sentenciar a mi hijo a pasar su vida en las mismas condiciones que yo: las terapias, las múltiples cirugías, los constantes dolores en las extremidades. Así que no puedo hacer eso con uno de mis hijos. Dejo de pensar en eso y salgo de la sala, empujando mi silla por los pasillo
—¿Qué es eso? —preguntó asustada a todos los que están en la habitacion. Pero no hay respuesta alguna hasta que veo cómo Smith habla en claves morse que no logro comprender a través del auricular que trae en su oído. Lo veo con atención, esperando a que me responda. —Señora, nos están atacando —me informa. —¡Qué! ¿Quién es el malnacido que se ha atrevido a eso? —indagó, esperando respuesta. —Me informan que son los hombres de la familia Borbon y… —Se detiene. —¿Y qué? —Y que han visto al señor Bastian Dubois acompañado de toda su gente. —Al terminar de hablar, me quedé en shock y a la vez lleno de rabia al escuchar que ese traidor se ha aliado con el asesino de su hermana. —¿No que tenías las cosas bien preparadas? —me regaña mi padre. —Cállate, no estoy para tus reclamos —digo enojada, fulminándolo con la mirada y él no me responde; volteo a ver a Smith—. Diles a los hombres que ataquen y que maten a Borbon y a Dubois. —Sí, señora. —Él asiente y veo cómo sale dispar
Ver el cuerpo despellejado de mi prima me causa muchos sentimientos encontrados, pero quizá todo se deba al embarazo, aunque me siento feliz de poder terminar con todo esto. —¿Te encuentras bien? —me pregunta Adriano, que está cerca de mí. —Sí —respondí mirándolo a esos bellos ojos azules grisáceos. Él coloca la palma de su mano en mi mejilla y siento de nuevo ese cálido tacto que tanto me conforta y me hace sentir bien protegida. —Creí que te había perdido —susurra para que nadie pueda escuchar cómo su voz se quiebra. —Tranquilo, aquí estoy y nunca nadie podrá separarnos. —Lo consuelo dándole un beso en los labios, el cual es correspondido de la misma manera. Me separo de él porque, debido al olor que hay en el aire, me causa un poco de asco y no quiero que él se entere. O, bueno, todavía no. Esperaré el momento indicado para decírselo—. Quiero que quemen esa casa y junto con todas las partes de mi prima trituren sus huesos hagan lo que sea pero que no quede rastro alguno.
P.O.V. Félix. Después de mucho tiempo por fin tengo nuevamente a ese hombre frente a mí; su mirada pasa por su madre y seguido de mí; qué rápido me fulmina con la mirada y no solo él, también siento la pesada mirada de su acompañante de ese traidor de mierda. En fin, dejo de tomarle tanta atención a eso y es que no puedo creer que yo pude engendrar a ese tipo. Estoy seguro de que si él salió así es por culpa de su madre, ya que mis genes están perfectamente bien; mi familia desde años ha permanecido en una de las sangres más puras de España. Debo de haber elegido mejor, pero en fin escucharé lo que hablarán. *** Mi mujer le contó lo mismo que yo le dije y, al enterarse de que fui yo el culpable de intentar deshacerme de él, su mirada se vuelve a posar en mí, pero ahora es más oscura, que casi se podría decir que veo en sus ojos una llama encendida que quieren que quemarme. Pero ni me inmuto ante eso porque no le tengo ni una pizca de miedo y continuó escuchando lo que hablan.