P.O.V. Bastian Conduzco con calma mientras de reojo veo a la bella dama que me acompaña, esa melena castaña sujeta con una liga, esos ojos tan bellos de un color tan llamativo y poco común que te hipnotizan bajo esas pestañas rizadas. Esos labios carnosos y cómo se muerde el labio inferior, que ese acto se vuelve tan seductor, sus mejillas rosadas y esa pequeña nariz tan perfecta. Dejo de pensar en eso. Noto que está un poco nerviosa y el movimiento frenético de sus manos lo corrobora. Quizá me pase un poco al decirle ciertas cosas, pero es que no puedo evitar ser coqueto al estar cerca de ella. No sé cómo me ha cautivado y eso no es común en mí, ya que me la he pasado viajando por el mundo teniendo miles de mujeres a mi lado. De todas las tonalidades e incluso algunas con un sexo dudoso. Dejo de pensar en eso y me enfoco en ella para que no esté pensando que tal vez soy un loco. Admito que sí tengo un poco de demencia, pero no al punto de hacerle daño a una mujer y menos desp
P.O.V. Mia La verdad, me había hecho malas ideas con respecto a Bastian, pero después de escuchar su historia me siento un poco más tranquila y, aunque la verdad, me costó creer si me estaba diciendo la verdad. Sin embargo, mis estudios me han ayudado a poder identificar que sí era verdad, porque al oír lo que le pasó a su hermana, a él le cuesta mucho; se nota que la quería demasiado. Aunque sigo sin entender qué es lo que intenta averiguar o no logro comprender cómo piensa meterse en la mente de su hermana si ella está muerta; en fin, quizá tenga un plan para eso. —Espero haberme ganado tu confianza —añade y voltea a verlo. Que me ve por unos segundos para volver a enfocar su mirada hacia la calle. —Lo has hecho porque admito que si llegué a creer que eras un loco o que ibas a hacerme algo —le digo lo que llegué a pensar. Él sonríe y no sé por qué, pero ese tipo de sonrisa macabra y seductora me hace recordar a Adriano. —¿Creíste que te secuestraría? —No lo sé, tal
P.O.V. Tania. Miro estas fotografías; son perfectas. Mia se ve con mucha claridad; sin embargo, no logro ver con exactitud quién es ese hombre. El ángulo desde donde fue tomada esa fotografía no es del todo claro. Maldigo a ese inepto que no pensó que era obvio, que él también se tenía que ver. Bueno, eso no importa porque lo importante es que se ve cómo ella está besándolo. Todo mi plan está saliendo tan bien. Guardo las fotografías en una carpeta oculta de mi móvil para que nadie las pueda ver hasta que llegue el momento de usarlas. Aunque la verdad, volví a intentar entrar en la habitación de mi esposo con la esperanza de pasar la noche con él; sin embargo, él cierra la puerta o duerme en su oficina, donde no puedo entrar.Incluso cuando está cansado y tiene que dormir, debido a que hay días que se la pasa en vela. La verdad, no sé por qué, pero cuando le llega el sueño, tiene a varios de sus hombres cuidándolo, impidiéndome que me acerque a él. No sé por qué se hace del rog
P.O.V. Adriano Voy en el auto directo hacia la residencia. Me la he pasado estos días viendo las casas, porque ya no quiero estar con Tania y es que tuve que darles órdenes a mis guardaespaldas de que me cuiden de ella y que no permitan que se me acerque. Es algo tan vergonzoso, pero lo tuve que hacer por si a ella se le ocurre drogarme con lo que sea que me puso Mia e intente hacerme algo. Lo que me alegra es que ya compre una nueva casa; solo mandaré a algunas personas a que me ayuden a remodelar el interior para que esté lista cuando tenga que irme. Calculo que mañana mismo estaré listo para salirme de esa casa. Sonrió al pensar en que ya no vería a esa rubia persistente. Que se ha vuelto loca al pensar que soy de ella cuando la única dueña de mi corazón es mi querida y hermosa Mia. También estoy a poco de encontrarla, lo presiento. Mandé a uno de mis hombres de confianza a corroborar la información que me dio ese hombre. Ya solo espero su respuesta. Cuando estamos a p
—La encontré —vuelvo a repetirlo; sonrió al ver a mi linda mujer—. Hicieron un buen trabajo. Felicito a mis hombres porque han estado muy pendientes de esto. Tengo que actuar rápido antes de que pase algo, aunque tengo algo en mente. —Max, quiero que en una habitación de mi nueva mansión la preparen con todo lo que necesita una mujer: ropa, zapatos, maquillaje, toallas, tampones, champú de mujer, todo lo que se te pueda ocurrir —ordenó. —Claro que sí, señor, pero ¿qué talla de ropa? —preguntó. Así que tomo uno de mis bolígrafos de mi escritorio y escribo sobre una hija la talla de ropa, vestidos y la talla de zapato. —Ten, estas son las medidas y que esté listo lo más rápido posible. —Extiendo mi brazo con la hoja en mi mano mientras el guardaespaldas la agarra viendo las tallas. —Haré mi mayor esfuerzo. —Bueno, con eso me conformo; te puedes ir —le digo y Max se va dejándome solo en mi oficina. Me siento en mi lugar, tomando esa fotografía, viendo a mi Mia salir de
P.O.V. Adriano Salgo de esa casa con una sonrisa en mi rostro y una alegría en el alma; nunca me había sentido tan bien y ahora me siento como si fuera un ave que por fin abre sus alas. Nunca antes había tomado las riendas de mi vida; siempre mi padre decidió qué era lo que según él mejor me convenía y, al llegar Sara a mi vida, fue bueno, aunque a la vez también sé que mis padres y su hermano conllevaron algo. Y es que todos saben que los Borbon y los Russo son las familias más importantes, así que para mí eso fue más que obvio; sé que nuestro primer encuentro fue planeado por ellos, aunque nunca lo admitió mi padre. Sin embargo, fue distinto con ella, ya que no nos obligaron a que nos enamoráramos o nos casáramos; al principio solo nos mirábamos como unos extraños que intentábamos conocernos. Ella era algo ruda, tierna, amable en el fondo y muy decidida. También sabía que su hermano quería emparentarla conmigo y me advirtió que si no le llamaba la atención, se iría; aun
Me quedo helado; no sé si lo que estoy viendo sea correcto, pero vuelvo a enfocar mis ojos para comprobar lo que miro y si la imagen sigue en mis manos. Mia está besando a un hombre. Trago saliva que me sabe totalmente amarga al caer a mi estómago; debido a su sabor, siento cómo mi estómago cruje al caer mi saliva en él. Omito el sonido de mi panza y la ira crece en mi interior, a la vez que un profundo dolor. —¿Qué carajos es esto? —grito con fuerza, haciendo que mis mascotas salgan corriendo—. ¿Quién lo envió? —No lo sé, señor, uno de mis hombres lo encontró en la entrada justo después de que entramos —me contestó Max guardando la compostura. Pienso en cómo averiguar quién dejó esto, pero no hay mucho que pueda hacer, ya que las cámaras todavía no están listas, así que solo eso provoca que mi rabia crezca más y más. —¿Qué quiere que haga, señor? —preguntó Max con una voz fuerte. —Manda a los hombres a preparar el jet, nos iremos esta tarde a Alaska —le ordenó dándome me
Trago saliva al oír esa voz tan familiar que provoca que cada vello de mi cuerpo se erice de miedo. Me giro con brusquedad tirando algunas lociones que hay sobre el tocador, pero no les pongo importancia y es que sigo fija en él. Sintiendo cómo la atmósfera se vuelve fría, tensa y muy pesada, se diría que casi se puede cortar con un cuchillo. Percibo cómo sus ojos azules se clavan en mí como si fueran navajas y quisieran matarme. Sin importar la poca luz, puedo ver su rostro serio e inexpresivo, que me causa mucha más incomodidad porque no sé con claridad cómo es su temperamento ahora mismo. Y es que recuerdo cada una de las palabras que Tani me ha dicho, lo molesto que está conmigo y, sabiendo lo que le hizo a ella, solo causa que me aterrorice más y más. Quizá vino para cobrarse por haberlo usado como un prostituto, tal vez vino aquí para matarme o matar a mi familia, aunque me alegra que ellos no estén aquí o si no, tal vez al llegar a casa haya encontrado una escena muy diferen