Álvaro salió del cuarto del hospital después de hablar con Georgina y encontró a Emanuel en el pasillo, apoyado contra la pared, con una expresión de conflicto en el rostro. —Se ve que está arrepentida la muchacha —dijo Álvaro, cruzando los brazos frente a él. Emanuel suspiró, su mirada fija en el suelo. —Pienso que sí, pero la verdad es que me hizo tanto daño a mí y a mi hijo. Quebró mi relación con él. Le oculté que estuve con ella, y ahora no le tengo confianza. Todo lo que pasó... no es fácil de olvidar. Álvaro asintió lentamente, comprendiendo el peso de las palabras de Emanuel. —A veces necesitamos una segunda oportunidad, Emanuel —dijo, su tono calmado pero firme—. Mira, yo también cometí un error muy grande. Hubo un tiempo en el que pensé que había perdido a Aurora para siempre, pero gracias a Dios, ella me perdonó. Y te lo digo, ese perdón no solo fue para mí, también fue para ella. Nos permitió sanar y seguir adelante. Emanuel levantó la vista, encontrando los ojo
Emanuel revisó su teléfono al sentir la vibración de un mensaje entrante. Era de Verónica, quien le pedía hablar urgentemente. Estaba en el hospital buscando a Ismael, quien acompañaba a Caro. Tenía pendiente discutir algunos temas de la empresa con él, además de ofrecerle la posibilidad de hacerse cargo de un sector durante sus vacaciones, algo que hacía cada año para asegurarse de que todo funcionara sin problemas en su ausencia. Al encontrarse con Ismael, le planteó la propuesta. —Claro, papá. En cuanto el médico me dé el alta, estaré en la empresa —respondió Ismael, mostrando su disposición a asumir el reto. Mientras seguían conversando, el teléfono de Emanuel vibró nuevamente. Era un mensaje de Verónica que decía: "Estoy cerca, espérame en el hospital. Necesito verte". Emanuel asintió, aunque Verónica no estaba frente a él. Le respondió rápidamente, "Te espero aquí", y se despidió de Ismael con un abrazo. Cuando se giró para dirigirse hacia la sala de espera, sus ojos captaro
Diego, derrotado, no pudo hacer más que aceptar su destino, mientras Emanuel y Álvaro lo escoltaban fuera de la habitación. Las palabras de Diego quedaron suspendidas en el aire, pero Emanuel sabía que tenía que hablar con Verónica para aclarar todo antes de que esas mentiras causaran algún daño. Diego, con una sonrisa pérfida, miró a Emmanuel directamente a los ojos, dispuesto a seguir sembrando duda . —¿Sabes, Emanuel? Verónica no es la santa que tú crees. —Hizo una pausa dramática, disfrutando cada segundo—. Desde que te conoció, te ha estado engañando. —Su sonrisa se amplió, deleitándose en su propia malicia—. Mientras tú trabajabas, ella se daba la gran vida con el dinero que tenía en una cuenta en común conmigo. Emanuel se tensó, pero no dejó que Diego viera su inseguridad. A pesar de la rabia que le quemaba por dentro, decidió no mostrar debilidad. —¿Crees que voy a caer en tus mentiras? —respondió con frialdad, aunque las palabras de Diego le golpeaban en lo más profundo
Un Viaje para Respirar Verónica y Caro se sentaron en la sala, el ambiente estaba cargado de emociones encontradas. Vero había llamado a Caro con urgencia, sabiendo que necesitaba desahogarse con su hija. —Caro, quiero contarte algo que me ha estado pesando mucho. Tu padre... Diego. —Verónica respiró profundamente antes de continuar—. Diego robó el dinero que Emanuel había depositado en tu cuenta para la universidad. Eran miles de dólares, y él lo gastó en drogas, alcohol y... ya sabes. Caro, sorprendida y con rabia contenida, respondió rápidamente: —Esto no puede ser, mamá. Lo tenemos que denunciar. —Georgina ya lo hizo. Diego está detenido. Ismael me contó que lo arrestaron hoy cuando fue a visitar a Georgina al hospital. Emanuel estaba allí y hubo una discusión —explicó Caro mientras Verónica trataba de asimilar la información. Verónica, con los ojos llenos de lágrimas, se quedó en silencio por un momento, procesando todo lo que había escuchado. Finalmente, se recompuso y, c
Verónica y Caro se adentraron en su viaje con el corazón pesado, pero con la esperanza de encontrar algo de paz. A cada kilómetro que dejaban atrás, sentían que se alejaban un poco más de las tensiones y los conflictos que las habían atormentado. El paisaje cambiaba lentamente, y con él, la tensión en sus cuerpos parecía disminuir. Mientras tanto, en la ciudad, Emanuel estaba devastado. No podía creer cómo las cosas habían llegado a ese punto. Se sentía impotente y lleno de remordimiento. La cachetada de Gloria no solo había dejado una marca en su rostro, sino que había desatado una tormenta de emociones en su interior. Amaba a Verónica y no podía permitir que un malentendido los separara. Gloria, aunque enojada, había visto la sinceridad en los ojos de Emanuel. Sabía que él no era el villano en esta historia, pero también sabía que su hija necesitaba este tiempo para sanar. Al cerrar la puerta, sintió una mezcla de tristeza y alivio. Verónica había tomado una decisión valiente, pe
Punto de vista de Emanuel Caro e Ismael habían cultivado una amistad sólida, y Emanuel estaba al tanto de que Caro estaba a punto de regresar. En unos días, ella se prepararía para la universidad nuevamente. Durante una conversación, le contó a Ismael que su madre, había decidido retomar sus estudios universitarios. Para lograrlo, Verónica planeaba trabajar de noche en el bar, aprovechando que ya no necesitaba dinero para pagar el año de la universidad de Carolina , ya que su beca continuaría si sus calificaciones son excelentes. Con el dinero que había guardado para Caro, Verónica planeaba terminar su propia carrera. Emanuel, al enterarse de los planes de Verónica, reaccionó con una mezcla de frustración y tristeza. Decidió que no permitiría que Verónica renunciara a trabajar con él. Declaró que ella tendría que compensar todos los días libres que se tomó sin su consentimiento y que, además, la obligaría a acompañarlo a todas las reuniones , compromisos laborales y viajes . —N
Capítulo: Terca pero vale la pena Verónica llegó a casa con el ceño fruncido y la mente hecha un torbellino. Tras aquel viaje a la costa, había tomado una decisión: Emanuel quedaría en el pasado. Mientras bajaba del taxi, respiró hondo, dispuesta a dejarlo todo atrás. Sin embargo, su determinación flaqueó al verlo ahí, apoyado contra el marco de la puerta, con los brazos cruzados y una expresión entre seria y desafiante. Ella apretó los labios, levantó la barbilla y avanzó sin prestarle atención. Si algo le sobraba en ese momento era coraje. No tenía tiempo para más dramas. Emanuel, en cambio, no planeaba dejar que pasara de largo. Cuando estuvo a su lado, le tomó suavemente el brazo. —Vero, necesitamos hablar —dijo con voz grave, pero cargada de paciencia. Ella lo miró con la furia de una tormenta en pleno apogeo. —No tenemos nada que hablar, Emanuel. Nada. Así que, soltame. —No hasta que me escuches. Podés estar enojada conmigo, pero no voy a desaparecer como si fuera invisi
Capítulo El consejo de mamáVerónica estaba sentada a la mesa, con las manos rodeando una taza de té que ya se había enfriado. Sus pensamientos iban y venían, como olas que chocaban contra un muro de incertidumbre. Gloria, su madre, la observaba desde el otro lado de la mesa con una mezcla de preocupación y paciencia. Sabía que no podía presionarla, pero también sabía que no podía dejar que su hija se cerrara al amor por orgullo.—Mamá, no es solo eso —dijo Verónica, rompiendo el silencio de golpe. Su voz temblaba ligeramente—. No es solo si se equivocó o no.Gloria la miró con suavidad.—Vero, lo entiendo. Pero escuchame. Emanuel vino a hablar conmigo, me contó todo.Verónica levantó la mirada, sorprendida.Su hija Carolina ,mientras estaban en el viaje quiso explicarle y ella no la dejó .Su terquedad y enojo la había dejado sin querer oír explicaciones ni ver más allá de lo que ella creía que era la verdad —¿Qué? ¿Te contó? ¿Qué te dijo?Gloria se inclinó un poco hacia adelante, co