217Julieta abrió los ojos lentamente, sintiendo un peso en su cabeza y un leve mareo. La habitación estaba iluminada con una tenue luz, y cuando intentó moverse, un vaso de agua fresca apareció frente a ella. Sin pensarlo, lo tomó con avidez, dejando que el líquido aliviara su garganta seca.—¿Estás bien? —preguntó una voz suave y ronca.Alzó la mirada y encontró los ojos de Maximiliano fijos en ella, llenos de preocupación y algo más, una culpa que parecía consumirlo. Julieta parpadeó, aun tratando de ordenar sus pensamientos.—Yo... no sé —murmuró, pasando una mano por su frente. La sensación de extrañeza en su cuerpo era abrumadora.—Me siento rara —admitió finalmente, pero en cuanto las piezas empezaron a encajar en su mente, su corazón se encogió y un sollozo se formó en su garganta—. Mi niña, Max... —dijo con un hilo de voz, el dolor en su pecho amenazando con ahogarla.Maximiliano se inclinó hacia ella, tomando su mano con suavidad.—La estoy buscando, cariño —susurró, su tono
218JulietaSentía que estaba perdiendo la mente. Solo quería encontrar a mi pequeña niña. Max y yo recorríamos piso por piso del edificio, y habían pasado dos horas sin que lográramos ninguna pista. Cada paso era un golpe al corazón, cada rincón vacío una puñalada al alma. Las lágrimas no dejaban de caer por mi rostro, y aunque intentaba mantener la esperanza, me sentía rota.Max, a pesar de su aspecto más calmado, no estaba mejor que yo. Sus ojos rojos lo delataban. Aunque había mejorado de su enfermedad y estaba en los últimos meses de tratamiento, su energía no era la misma de antes. Sin embargo, no dejaba de buscar conmigo, su determinación inquebrantable, como siempre.—No está… —murmuró Max, frustrado, apoyándose contra la pared como si las fuerzas lo estuvieran abandonando.Lo miré, sintiendo que me tambaleaba también.—La encontraremos, solo necesitamos… —Mi voz se quebró mientras nuevas lágrimas surcaban mis mejillas—. Necesitamos otro enfoque, ¿no?Max se quedó en silencio
219JulietaEstaba aterrada, pero me quedé quieta detrás de Max, con las manos temblando. Temía que, si Liliane me veía aquí arriba con ellos, todo se saliera aún más de control.—¿Estás seguro? —preguntó Liliane, con un dejo de duda en su voz.Max se mantuvo firme, su postura era tensa, pero su voz salió suave, como si estuviera tratando de calmarla.—Sí, creo que es lo mejor para nosotros, ¿no crees? —respondió, asegurándose de no sonar provocador.Un brillo de alegría cruzó el rostro de Liliane, como si esas palabras fueran todo lo que necesitaba escuchar.—¡Lo es! —exclamó emocionada—. Sabía que ibas a entender.Max asintió, sus ojos fijos en ella, midiendo cada palabra antes de decirla.—Claro que lo entiendo. En ese lugar, nadie nos molestará y podremos ser… felices.Liliane parecía casi eufórica. Dio unos pasos hacia atrás, medio bailando mientras decía: —¡Sí, sí, sí! Pensé que nunca lo entenderías. Yo soy la única que puede hacerte feliz —hablaba pletórica.Max tra
220 Maximiliano avanzó con pasos calculados hacia Liliane, manteniendo la calma mientras sus ojos se fijaban en la pequeña figura que descansaba a sus pies, envuelta en una manta desgastada. Maxime, su hija, estaba acurrucada, temblando de frío. Sus mejillas estaban sonrojadas, su nariz goteaba y sus labios tenían un tinte azulado que a él le produjo un nudo en el estómago. —Sé que antes no te amaba —dijo Max, su tono lleno de un falso remordimiento que había practicado para este momento—, pero podemos solucionarlo. Podemos ser una familia. Liliane alzó la vista, sus ojos llenos de una mezcla de desconfianza y esperanza. Dudaba, pero la necesidad de creerle era más fuerte que su orgullo. —¿Me lo prometes? —preguntó, su voz quebrándose. Maximiliano asintió con suavidad, intentando ocultar el desprecio que sentía hacia ella en ese momento. —Claro que sí, confía en mí —contestó con voz reconfortante, mientras su mirada se deslizaba hacia la pequeña Maxime. La niña estaba inquieta, a
221 Maximiliano y Tomás se detuvieron en seco al abrir la puerta de la habitación de Julieta. Sus corazones latían con fuerza, anticipando lo peor, pero lo que encontraron fue una escena tranquila: Julieta dormía plácidamente, su respiración acompasada y su rostro sereno. Ambos hombres intercambiaron una mirada, sus expresiones aún tensas y pálidas. Fue entonces cuando una enfermera entró al cuarto, observando sus rostros llenos de preocupación. —¿Qué sucede? —preguntó con suavidad, percibiendo su evidente angustia. Tomás, quien parecía estar buscando su voz, finalmente habló. —Escuchamos un código rojo… —dijo con voz ahogada. La enfermera asintió de inmediato, comprendiendo la confusión. —Oh —respondió, acompañando sus palabras con una sonrisa conciliadora—. Fue en la habitación de al lado. Maximiliano cerró los ojos y soltó un largo suspiro, mientras Tomás apoyaba una mano en la pared, tratando de calmarse. —¿Está… está todo bien con Julieta? —preguntó Maxi
222 Julieta Desperté aturdida, con la cabeza pesada y una sensación de vacío en el pecho. Al abrir los ojos, la luz me cegó momentáneamente, pero enseguida lo vi a él. Max estaba inclinado sobre mí, su rostro lleno de preocupación y sus manos cálidas sosteniendo las mías. —Gracias a Dios, nena —murmuró, y antes de que pudiera reaccionar, sus labios se posaron sobre los míos en un beso suave, apenas un roce que me supo a alivio y desesperación contenida. —Max… —mi voz salió ronca, como si no hubiera hablado en días. Enseguida apareció un vaso de agua frente a mí. Max me lo acercó con cuidado, ayudándome a sostenerlo mientras bebía con avidez. El líquido fresco calmó mi garganta y me permitió respirar un poco mejor. —¿Cómo te sientes? —preguntó con suavidad, sus ojos oscuros escudriñándome con intensidad. —Maxime… —supliqué, un sollozo atrapado en mi pecho, incapaz de contener la angustia que me había invadido desde el momento en que perdí la conciencia. Él se apartó lige
223IsabelCaminaba de un lado a otro nerviosa—No lo entiendes, tengo que ir a ver a Julieta. Esa loca de la ex de Maximiliano… —No pude terminar la frase. Callum me detuvo, sujetando mis brazos con suavidad.—No sé quién es esa tal ex —dijo con calma—, pero no puedes salir de aquí, cariño.Su mano se deslizó hacia mis mejillas, acariciándolas con una ternura que debería haberme tranquilizado, pero mi preocupación por Julieta era más fuerte. Seguíamos encerrados en el departamento, observando cada noticia que aparecía en la televisión sobre los acontecimientos recientes.—Callum, tenemos que hacer algo. ¿Y si está herida? ¿Y si necesita nuestra ayuda? —Mi voz se quebraba por la ansiedad.—Isa —dijo firmemente, con ese tono calmado que siempre lograba apaciguarme—, si están en el hospital, estarán ocupados. No podemos hacer nada más que esperar. Vamos a darle algo de tiempo, ¿sí? Después llamaremos.Su lógica era irrefutable, pero mi corazón no dejaba de latir con fuerza. Mi mente se
225Brigitte Fernando me había escrito que necesitaba verme para discutir cómo resolver lo de las acciones de Hawks Holding. No entendía por qué había elegido un bar tan cutre para reunirnos, pero allí estaba yo, intentando no tocar demasiado las superficies y observando a la clientela con una mezcla de incomodidad y asco.Me senté en un taburete junto a la barra, cruzando las piernas y ajustando la chaqueta de mi traje. El ambiente olía a cerveza rancia y frituras, algo que me irritaba profundamente.Poco menos de diez minutos después, Fernando apareció, luciendo su acostumbrado traje impecable. Su mirada escaneaba el lugar con desdén. Al parecer, el bar tampoco era de su agrado.—Vamos a una mesa —dijo sin molestarse en saludar.Lo seguí hasta una mesa más apartada, un lugar donde al menos el ruido era menor y los olores no eran tan intensos.—¿Qué plan tienes? —pregunté mientras me acomodaba, cruzando los brazos sobre el respaldo de la silla.—Tomemos algo primero. Estos ú