REINA DEL ODIO. CAPÍTULO 55. Una invitación a cenarChristian pasa una mano por su cabello y suspira.—Mañana a primera hora se va, te lo aseguro —declara y me detengo, porque en cierto punto sé que no está bien que él pague por esto.Lo miro por encima del hombro antes de negar haciendo acopio de paciencia y le sonrío.—No te he pedido que se vaya. Simplemente yo ya no aguanto nada de nadie —le digo con sinceridad—. Por eso la que se va soy yo… pero puedes venir conmigo si quieres.No tengo ni que repetirlo, un segundo después entrelaza sus dedos con los míos y caminamos de vuelta al ascensor sin siquiera cerrar la puerta de su departamento. Supongo que ya se encargará Raymond.—Esa invitación es irrechazable —me dice con coquetería mientras se sube al asiento del copiloto y me deja el volante—. Sabes que quiero conocer todos tus secretos ¿y de repente me ofreces uno? ¡Mala mujer, un día me matarás del corazón!Sonrío sin poder evitarlo y conduzco en silencio hasta el puerto. Mi luga
REINA DEL ODIO. CAPÍTULO 56. Un ajuste de planesVoy a la oficina de Christian después del almuerzo y me apoyo en el marco de la puerta, observándolo trabajar.—Perkins me invitó a una cena con el equipo legal —suelto de golpe sin siquiera saludarlo y él levanta la vista de sus papeles, sonriéndome.—¡Uff, entonces elige un restaurante caro, la empresa paga! —exclama y vuelve a los documentos mientras yo ruedo los ojos y entro en la oficina.—¿Estás de acuerdo con que vaya? —pregunto con cautela, pero él solo se encoge de hombros como si fuera lo más natural del mundo.—¿Y por qué no?—Dice que es tradición en su equipo. ¿Es cierto?—Pues no tengo ni idea, pero no lo pondría en duda, a Perkins le encanta gastar su asignación del dinero de la empresa —dice con una sonrisa ligera—. Además, me alegra que vayas conociendo a los empleados. Algo me dice que dirigirás esta empresa más que yo.—No me interesa dirigir tu empresa —digo sentándome sobre el escritorio y una de sus manos se cuela
REINA DEL ODIO. CAPÍTULO 57. La verdadUna de las cosas que más me gustan de Ruby, es el armario de Ruby. No hay tonos aquí, todo es negro abismal, infernal, peligroso y… apropiado para la ocasión, así que elijo un juego traje sastre Chanel de pantalón y chaqueta, con una blusa blanca y tacones de trece centímetros de dos tonos. Después de todo, a la guerra se va con glamour.Llego a la empresa y algo se siente… diferente. Los pasillos están llenos de murmullos desde que entro. No sería algo raro, la gente en las oficinas siempre tiene algo de qué hablar, pero esta vez noto miradas furtivas en mi dirección.La gente está hablando de mí, y soy lo suficientemente vieja en este juego que ya puedo imaginar perfectamente lo que está pasando. Frunzo el ceño y camino con más determinación en dirección a un pequeño grupo de empleadas que me han mirado varias veces y que están esperando un ascensor.Llego junto a ellas en el mismo momento en que este abre sus puertas, todas suben y yo subo tam
REINA DEL ODIO. CAPÍTULO 58. ¡Tiene que haber otra explicación!La cara de Christian es una máscara de consternación y no puedo negar que eso me duela, así son las cosas.—¿De verdad estás diciendo eso? —pregunta, incapaz de ocultar la suspicacia que hay en su voz.—Sí, lo estoy diciendo —respondo, sintiendo una resignación extraña y dolorosa crecer en mi pecho—. Y lo estoy diciendo porque es la verdad.Christian da un paso atrás y empieza a caminar de un lado a otro, como si no pudiera quedarse quieto. Su mente está trabajando a mil por segundo, y yo lo sé porque puedo ver cómo su rostro pasa de la furia a la confusión, y de la confusión a esa negación de cuando te desenmascaran a alguien a quien quieres y no puedes aceptarlo.—No puede ser... —murmura y vuelve a mirarme con intensidad—. Mi padre no me haría eso…—Es más fácil creer eso, pero que sea fácil no cambia la verdad: esto fue obra de tu padre. Ha estado amenazándome y molestándome desde el día que me conoció, trató de lleva
REINA DEL ODIO. CAPÍTULO 59. Una prueba fallidaChristian mira la escena como si estuviera a punto de golpear a Perkins, pero no voy a dejar que eso pase, porque su armadura de caballero sureño… no la quiero hoy.—No he dicho ninguna mentira —le respondo al jefe del equipo legal y mi voz tan firme como el acero—. Tú fuiste quien se encargó de difundir a todo el mundo que anoche me llevaste a tu departamento y que te acostaste conmigo. ¿No es cierto? ¿Entonces por qué te sorprende que hoy en la mañana, todas hayan querido saber qué tal te… desempeñas? —siseo con descaro—. Así que cuando la gente me preguntó, yo solo dije la verdad: sí, nos acostamos. Y tus prácticas sexuales son depravadas y asquerosas.—¡Cállate! —grita y veo cómo Raymond detiene a Christian de un brazo para que no se meta.—Para empezar tu departamento se parece al de Christian Gray de muy bajo costo. ¡De verdad tienes que lavar esos látigos, el cuero se pone asqueroso son el sudor! Pero al final como son solo para a
REINA DEL ODIO. CAPÍTULO 60. Una mujer sin miedo a nadaPor un segundo puedo ver el miedo en sus ojos. Christian es un hombre tan seguro de sí mismo que sé que debe estarlo matando no haber tenido esta situación controlada, pero por desgracia no se imagina que está a punto de ponerse mucho peor.—¿Qué es esto, Verónica? —pregunta Christian, sosteniendo la hoja que acabo de entregarle como si no hubiera escuchado las palabras que acabo de decirle.Su voz es firme, pero hay una sombra de confusión en su mirada. Sus ojos oscuros recorren las líneas escritas, como si esperara encontrar una broma, una explicación que haga que todo esto tenga sentido.—Es mi carta de renuncia —respondo sin titubear, sin darle espacio para la duda.—Pero no… no puedes renunciar —dice de inmediato, como si con solo afirmar eso pudiera cambiar la realidad.—Claro que puedo, señor St Jhon, porque tenemos un contrato verbal que establece que pondríamos a prueba mi asesoría por dos meses, y al menos una de las pa
REINA DEL ODIO. CAPÍTULO 61. Una celebración importanteLa sala de juntas queda detrás de mí, y no miro atrás porque sé muy bien que eso… bueno, las mujeres inteligentes no miran atrás a menos que sea para cobrar deudas, y yo ya no tengo ninguna aquí.No hay nada más que decir, nada más que hacer. Christian verá la verdad con sus propios ojos y ahora le toca a él decidir qué hacer con eso, pero ya no tiene nada que ver conmigo.Respiro hondo al salir del edificio, sintiendo el aire fresco contra mi piel. Necesito espacio para reconstruirme. Hace doce años tomé la decisión de no involucrarme con nadie y ahora las circunstancias me confirman que las buenas decisiones no se cuestionan ni se rompen, ni siquiera las nuestras.Camino directamente hacia mi auto y apago el celular porque sé dos cosas: sé que Christian puede rastrearlo y sé que no se cansará de llamarme. Llego al puerto donde tengo mi barco, mi refugio, ese que cometí el error de compartirle y quizás después de todo no estoy e
REINA DEL ODIO. CAPÍTULO 62. Mi palabraTiene el cabello despeinado como si se hubiera pasado las manos demasiadas veces sobre él. No se ha cambiado de ropa desde ayer y es evidente que ha estado gritándose con alguien, lo sé porque tiene esa expresión sombría que se le sale por los poros cuando tiene que ser un adulto funcional y peligroso.Lo veo apretar la mandíbula, porque no puede ser más obvia la distancia que he puesto entre nosotros, y liego con los brazos cruzados.—No estoy aquí por mi cuenta con Crown Capital —dice entre dientes.—¿Entonces? —pregunto mientras paso a su lado y sigo caminando hacia el edificio porque si las cosas se van a poner intensas, prefiero que lo hagan en la privacidad de mi oficina y no en un estacionamiento donde cualquiera podría vernos.Sigo caminando hacia la entrada del edificio y él me sigue.—Vine a hablar de nosotros, Vero.Respiro pesadamente y niego con la cabeza.—“Nosotros” no existe, señor St Jhon.Christian maldice por lo bajo, pero sig