—¿Sr Ferrer, está usted bien? —pregunta angustiada la empleada.
—Déjame solo, te he dicho que no quiero ver a nadie. —Pero- —Lárgate Mercedes. —Como ordene señor. —se gira para salir, voltea hacia mí viendo hacia el piso.— Su prometida, ya está aquí. —¿Qué dices? —pregunto con hostilidad. —El Sr Enzo aviso que vendría. La boda está pautada para el sábado en la tarde, señor. —¡Joder! Quien le dijo a Enzo que quiero casarme. Dile a esa mujer que se vaya de aquí ahora mismo. —Señor, no puedo hacer eso. Esa chica no trajo ni equipaje. —Me importa un carajos, Mercedes. Dile que se vaya o la echaré yo mismo. —Creo que lo mejor es que se tranquilice señor. —Sácala o iré yo mismo. —Le advierto. —Como ordene señor. Mercedes sale de mi habitación, azoto la puerta. Camino hacia la ventana. Puedo sentir el frío erizarme la piel, tal cual como estaba la fría noche del accidente. El reflejo de mi rostro en el vidrio, me transporta a aquel momento. Un año atrás… —¿Qué te gustaría escuchar? —Le pregunto a Emma. —Easy to love. —contesta sonriendo. —¡Joder! Me flipas con esa canción. —Lo sé, sé que te gusta oírla. —Pero ¿te gusta a ti? —increpo. —Sí, creo —se encoge de hombros.— Si te gusta a ti, me gusta a mí. —Entonces, será esa. —Le ordeno a la operadora digital— Alexa quiero escuchar “Easy to love” The Jetzabels y ella responde a mi petición: ‘Muy bien’ El tema comienza a sonar. Yo inicio interpretando la canción y Emma se une a mí, en el coro. Puedo ver sus gestos exagerados mientras la interpreta, amo a esta niña. Desde hace cuatro años atrás cuando mis padres murieron, me he ocupado en cuidar de ella, ha sido como una hija para mí. Cantamos a dúo aquella canción. Mi móvil comienza a sonar, veo que es Olivia y me apresuro a atenderle: —Hola, querido. ¿Cómo estás? Te llamaba sólo para desear que tengas una linda noche. —Me saluda con voz sutil. —Olivia, mi amor. Voy en camino con Emma. No sabes las ganas que tengo de verte. —respondo emocionado. —¿Por qué no me avisaste que vendrías, Emilio? —Me interroga en un tono áspero. —No necesito hacerlo ¿o sí? Eres mi prometida y en un mes será nuestra boda. —Sí, por supuesto. Pero no me gusta que me presiones, mucho menos que vengas a Madrid sin avisarme. Puedo sentir el nerviosismo en sus palabras. —¿Acaso me ocultas algo? —increpo. —¡No tonto! —su voz se suaviza.— Esta noche estaré de guardia en la clínica. Es por eso que no me gustan las sorpresas. —No importa, mi amor. Llegaré a casa de Enzo y mañana temprano iré por ti a la clínica. —Ok. También tengo deseos de verte. Maneja con cuidado. ¿Vale? —Te amo. —Le digo pero ella ha finalizado la llamada. Me sorprendo de que no haya respondido con un ‘te amo’. Siento que algo en ella ha cambiado en estos días. Quizás esté nerviosa por nuestra boda. Eso creo. —¿Vas a casarte con Olivia? —Me pregunta Emma haciendo pucheros. —Sí, mi princesa —Le digo viéndola por el retrovisor. —No me gusta ella. —espeta— ¡Es mentirosa! —¿Por qué dices eso? —achico mis ojos con dudas y volteo a verla. —No puedo decírtelo. —responde cruzándose de brazos y ocultando la mirada. Giro la vista hacia la carretera y la luz de un camión de carga me encandila, trato de maniobrar con el volante y evitar chocar de frente, pero el auto impacta con la valla metalizada de seguridad, lo cual hace que mi coche regrese hasta el centro de la carretera. Veo el camión venirse hacia el coche, levanto mis manos, me cubro el rostro. Apenas puedo sentir como el coche gira y da un par de vueltas. Escucho los gritos de terror de mi hermana Emma, esos mismos ritos que me aturden hasta el día de hoy. —¡EMILIO! El coche comienza a arder, envuelto en llamas voraces que se elevan en espirales de humo negro hacia el cielo. El fuego crepita con intensidad, consumiendo con rapidez el vehículo. Salgo aturdido y conmocionado, asustado por la magnitud del accidente y el peligro del inminente incendio, busco desesperadamente sacar a Emma del asiento trasero. Pero el cinturón de seguridad está atascado. —Ayúdame Emilio, no me dejes morirrr. —Me suplica. —No temas, Emma. Yo te sacaré de allí, mi amor. —digo tratando de brindarle seguridad, la misma de la que yo carezco. Las llamas se propagan rápidamente. El calor es abrasador y el humo espeso, siento dificultad para ver y me cuesta respirar. Oigo las voces a lo lejos que me gritan: —Salga de allí, el coche va a explotar. Pero nada me importa, excepto salvar a mi pequeña hermana. Finalmente y segundos antes de que el coche termine de explotar, logro sacarla, corro con ella en brazos. —Vamos Emma, despierta —le ruego, pero sigue inconsciente. Veo de las luces de colores y escucho una sirena. Un hombre se acerca para ayudarme, toma a la niña, mi pierna sangra y siento mi brazo izquierdo y mi rostro arder. En ese instante todo es confusión, caigo al piso y escucho detrás de mí, el estrépito. Pedazos de metal caen cerca de mí. Pierdo el conocimiento y no recuerdo más nada, excepto cuando despierto en la habitación de un hospital, conectado a tubos y cables y con mi cuerpo y mi rostro vendado. Abro los ojos y busco desesperadamente a mi pequeña hermana, pero no la veo, ella no está a mi lado. —¿Dónde está? ¿Dónde está Emma? —Le pregunto a Olivia quién me mira distante. —¡Lo siento, Emilio! Emma, está muerta. —¡NOOOO! —Un grito desgarrador sale del fondo de mi alma. Mi hermana, mi pequeña princesa estaba muerta y todo, todo era mi culpa… *** Desde ese momento, no tengo paz, no hay un maldito día en que pueda descansar, ese recuerdo me persigue y me hostiga día y noche. Debía ser yo quien estuviera en su lugar y no ella. Debía ser yo quien muriera esa tarde. Ahora, ella, mi pobre y querida hermana no está más. Apenas tenía cinco años, era tan alegre y vivaz. ¿Por qué Dios? ¿Por qué si es que realmente existes, por qué ella y no yo? Me cubro el rostro con ambas manos, tratando de borrar aquel momento de mi mente, pero eso es imposible. Salgo de mis pensamientos cuando mi móvil comienza a sonar. Veo en la pantalla, es Enzo. Ahora mismo le haré saber que no estoy dispuesto a casarme con ninguna arribista. ¿Quién querría vivir con un hombre como yo por amor? Nadie, absolutamente nadie. Sólo les interesa mi dinero y posición social. —¿Cómo se te ocurre enviar una mujer a este lugar? —lo increpo. —Emilio, déjate de niñerías. Sabes que debes casarte antes de que se venza el plazo ¿o prefieres que todo lo que tenemos pase a manos de esa mujer? —No me importa perderlo todo, joder. ¿Qué puede ser más importante, si ya perdí todo? —No seas dramático. Lo que pasó fue un accidente. —Un accidente que provoqué yo y donde murió nuestra hermana. —Ella fue un daño colateral. Tú estás vivo. —¡Nunca la quisiste! —esgrimo. —No digas boludeces, era mi hermana también. Pero que esperas que haga, ¿eh? Prefieres que me ponga a llorar como un tonto. ¡Está muerta! No haré que resucite con cada lágrima que lloré. De ser así, ya hubiese resucitado. No haces más que llorar. —Pues jódete. No pienso casarme, no permitiré que una mujer esté conmigo por lástima. —Rebecca necesita ese dinero para la operación de su padre. Sólo es un contrato que se disolverá en poco tiempo. Ganas tú y gana ella. ¿Qué puede salir mal? —¡Qué no la amo, Joder! —Tonterías, Emilio. Las mujeres son sólo un negocio. Tu mismo lo sabes. ¿Acaso tu amada prometida, no te abandonó luego del accidente? —No me la recuerdes. Nunca, nunca podré perdonar lo que me hizo. —Si quieres vengarte de ella, demuéstrale que aún puedes estar con una mujer y simplemente olvidar lo que te hizo. Las palabras de Enzo cobran sentido para mí. Es eso lo que debo hacer, casarme y demostrarle a Olivia que no la necesito a mi lado y que ya no la amo. —¿Para cuando planeaste todo? —Para este sábado. Mañana en la noche se llevará a cabo la fiesta de compromiso. —¿Fiesta? No deseo ver a nadie. —No te preocupes querido hermano. Yo me encargaré de todo. Será una fiesta temática, así nadie podrá ver tu rostro. ¿Quieres que Olivia sufra? Entonces hazle saber que será la gran boda. Finalizo la llamada sin darle respuesta a Enzo. Cavilo sobre sus palabras y debo admitir que tiene mucha razón, a pesar de que me parece ridícula la idea de la ‘fiesta temática’. Saber que lo de la boda es un simple contrato y que no tendré que soportar a esa intrusa como mi mujer, me deja un poco más tranquilo. Aún así, me ocuparé en hacerle pasar los peores momentos de su vida. Ella y todas las que son como Olivia sólo merecen sufrir y yo me encargaré de aquí sea…—A-adelante —tartamudeo. La puerta se abre lentamente. Arreglo mi cabello y mi blusa para verme un poco mejor. —Disculpe, Srta Cervantes —se excusa la empleada mientras me incorporo para recibirla. —Dígame, Mercedes. ¿Qué se le ofrece? —Debo informarle que el Sr Ferrer ha pedido que le informe que debe regresarse a Madrid. —¿Qué? —trago en seco. —Dice que fue una arbitrariedad del Sr Enzo y que no desea casarse con una mujer como usted. —¿Qué dice? ¿En que se basa para referirse a mí de esa manera si ni siquiera a querido darme la cara —espeto. —¿Quién se cree que es usted para hablarme de esa manera y referirse al patrón de ese modo? —Me replica en voz alta. Guardo silencio por unos segundos, pienso en lo que acabo de decir y creo que ella tiene algo de razón. Me he excedido en mis palabras, por lo que decido disculparme: —Disculpe, Mercedes. Es que me siento como pelota de tenis, yendo de un lado a otro, sin merecer ni siquiera una explicación de parte de su patr
—¿Pregunté quién anda allí? —repite.Veo la sombra aproximarse cada vez más hacia donde me encuentro; no puedo moverme, si doy un paso es posible que me lastime con algún trozo de vidrio. Repentinamente tiran de la puerta del refrigerador y me encuentro con su rostro dejando escapar un grito de terror.—¡Ahhh! —¡Shhhh! Guarde silencio ¿Qué hace aquí? —Me interroga con voz ronca.—¡Nacho! —exhalo un suspiro— Eres tú. —Sí, ¿A quién esperaba Srta Cervantes? —Me pregunta confundido, pero luego me advierte— Tenga cuidado, no se mueva. —dice, mientras con su zapatos rueda los pedazos de vidrios esparcidos en el piso abriendo un camino para que pueda pasar sin hacerme daño.—Gracias, Nacho. Por un momento pensé que era tu jefe. —digo y camino hacia el otro lado de la cocina.—¿El Sr Emilio? Eso es difícil, realmente casi nunca sale de su habitación.—¿Qué es lo que le ocurre? —preguntó curiosa.—¿Aún no ha hablado con usted? —¡No! Y creo que no quiere verme. Me ha mandado a de
Esa mañana, Rebecca se levantó muy temprano. De hecho durmió poco. A cada instante despertaba sobresaltada y confundida con el repentino cambio de opinión de Emilio Ferrer, su prometido. Se duchó y vistió con la misma ropa que usó para el viaje. Se sentía algo incómoda pero no tenía muchas opciones de donde escoger.Mercedes le subió el desayuno hasta la habitación evitando retrasos para ese día. No sólo debía acompañar a la prometida de su patrón de compras sino verificar que todo lo referente a la celebración del compromiso saliera a la perfección. Luego de desayunar, Rebecca bajó hasta la sala principal donde Mercedes aguardaba por ella. Salieron de la mansión y subieron al coche. El chofer condujo hasta la ciudad, siguiendo las instrucciones de la empleada. Minutos más tarde, el auto se detuvo frente a una lujosa tienda. —Venga en una hora por nosotras, Nacho. —le ordena al joven.—¡Sí, Mercedes, como ordene! Ambas mujeres descendieron del coche y entraron a la tienda.
Al llegar a la mansión, intenté conversar con Nacho, pero por alguna extraña razón, Mercedes evitaba dejarnos a solas; usaba cualquier excusa para mantenernos distantes. “Sube los paquetes a la habitación” “Ve a revisar el coche” hacia todo lo necesario con tal de no dejarme hablar con él. ¿Acaso imaginaba lo que él me había dicho? —Es mejor que suba a descansar, Srta Cervantes. —Me pide.—No estoy cansada, Mercedes. No se preocupe. —Le contesto y ella rueda los ojos poniéndolos en blanco. —Nacho necesito que hagas unas vueltas en la tienda de Gabino. —ordena.—Pero si acabamos de venir de la ciudad, Mercedes. —Él replica.—¿Y eso que tiene que ver? El patrón necesita algunas cosas, así que debes ir. ¿O tienes algo más importante que hacer que cumplir las órdenes de tu jefe? Nacho baja la mirada y niega con su cabeza.—No, nada es más importante. —Entonces apresúrate antes de que cierre a mediodía. —dice y luego se dirige hacia mí— Srta Cervantes, vaya a descansar, le av
Regreso a mi habitación para descansar y prepararme para la gran noche. Una noche donde soy protagonista de un sueño que nunca tuve y con alguien que no se atreve a darme la cara. Las dos copas de vino parecen a verme hecho efecto, un bostezo escapa de mi boca, me siento algo relajada. Me recuesto en la cama y sin proponérmelo fácilmente me quedo rendida. No sé cuánto tiempo estuve dormida, sólo sé que despierto al escuchar la voz de Mercedes llamándome y tocando la puerta. Me incorporo agitada. Tomo el móvil de la mesa de noche y veo la hora. —Aguarde —digo mientras me levanto para abrirle. Junto a ella hay un hombre rubio y exageradamente vestido.— ¿Qué ocurre Mercedes? —Vengo con el estilista, él es François y se encargará de arreglar su cabello y maquillarla. —Bien, sólo me lavo el rostro y bajo. —¡No te preocupes querida! Traigo todo para hacerte una limpieza de cutis antes de maquillarte. —dice y entra a la habitación rodando la maleta negra con una mano, mientr
—Emilio, aquí tienes a tu prometida. Lentamente él se gira hacia mí. Es Emilio Ferrer, mi prometido. Nuestras miradas se cruzan y me encuentro con la frialdad de unos ojos grises ocultos tras la máscara de medio rostro que resalta sus ojos intensos, pero que apenas muestra el lado izquierdo de su cara. —Bienvenida, Rebecca —dice y extiende su mano. Me sorprende que lleve guantes negros, quizás es parte de su atuendo. Tardo en reaccionar, el Sr Enzo, aproxima su rostro a mi oído y murmura: —Todos la están mirando, Srta Cervantes. —Sus palabras me regresan de isofacto a la realidad. —¡Hola! —apenas digo. Trago en seco y siento su mano rodearme por la cintura y hacerme girar de frente a los invitados. —Como todos sabrán, mi querido hermano Emilio Ferrer, acaba de tomar la decisión más sabia que todo hombre puede tomar, casarse y formar una linda familia. —hace un gesto con su mano para ordenar a los camareros que repartan las copas de champagne.— ¡Pido un aplauso para
Veo a mi prometido follándose a la mujer de vestido rojo que minutos atrás, me tope en el baño. Sin decir nada, doy un par de pasos atrás, cubro mi boca con ambas manos para no gritar de rabia. Sin querer tropiezo con un jarrón que se encuentra en una repisa colocada en una de las paredes. El jarrón se voltea y cae en la repisa de mármol bañando mi brazo y parte del lujoso vestido.—¡Joder! —murmuro, mientras limpio la falda del vestido que acaba de arruinarse con el líquido que contenía aquel envase.Aún así, apresuro el paso para salir de aquel lugar, volteo varias veces hacia atrás para verificar que él no haya notado mi presencia en la biblioteca. De pronto, lo veo parado frente a la puerta, me observa fijamente con una sonrisa siniestra dibujada en sus labios. Salgo del pasillo y subo las escaleras casi corriendo hasta llegar a la habitación. Aún estoy en shock. No puedo creer que tenga que casarme con un hombre como él, capaz de follarse a una de sus invitadas en su propia
—¿No hablaste en serio cuando dijiste que me equivoqué en elegir a tu nueva esposa, verdad?—Por supuesto que sí. No soporto a esa mujer. —Es hermosa e inteligente ¿Qué más esperabas? Estoy seguro de que tu ex se va a retorcer de la rabia cuando vea la noticia en todas las redes. Sonrío levemente con satisfacción. Nada deseaba más que ver a Olivia sufriendo como sufrí yo cuando decidió abandonarme luego de aquel accidente.—Deberías dejar de beber como lo estás haciendo.—¿Qué tiene de malo? Se supone que debo estar feliz, voy a casarme. —Sí, pero no quiero que termines echando todo a perder con tus comentarios impertinentes.—Deja de una vez la maldita manía de querer controlar todo lo que hago. —gruño.—Sabes que todo esto lo hago por tu bien, Emilio. —dice colocando su mano nuevamente sobre mi hombro. Detesto que haga eso, por lo que sin dudarlo muevo mi hombro hacia atrás. —¿Mi bien? ¿Qué sabes tú lo que me hace bien, eh? Tú que siempre has sido elocuente y racional,