CAPÍTULO 67. ¿HICIMOS?

Santiago era un hombre de puerto, de los que estaban acostumbrados al sol, al salitre, y a las peleas de bares, pero no era tan estúpido como para no darse cuenta de que no podía solo contra cuatro hombres, o al menos que, si podía, no iba a salir particularmente ileso.

—¿Qué quieren en mi propiedad? —medio preguntó y medio gritó en dirección a los tipos que se acercaban.

Aunque estaban bastante arreglados, tenían aspecto de malhechores y no era difícil imaginar quién los enviaba. A fin de cuentas, no había ninguna razón para que aquella familia tuviera problemas con nadie del área.

—Nos han dicho que para el día de hoy estas casas estarían desocupadas —aseguró uno de ellos, mientras Santiago arrugaba el entrecejo.

—¿Desocupadas? —bufó.

—Pues sí ¿no? ¿La s

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