El sol comenzaba a descender en el horizonte. El aire fresco de la tarde se filtraba entre los árboles del extenso jardín, creando una atmósfera tranquila, casi idílica. Pero en medio de aquella paz, un pequeño de cabellos oscuros y ojos traviesos estaba tramando algo.Adrián había pasado toda la tarde después de volver del parque recolectando cojines, mantas y sus juguetes favoritos. Tenía un plan, uno que requería una ejecución impecable. No era solo una de sus travesuras habituales; esta vez, su objetivo era algo más noble, aunque igualmente travieso: hacer sonreír a Ava.La había observado en silencio, notando cómo su expresión se tornaba melancólica cuando creía que nadie la miraba. Sabía que todo lo que estaba pasando con su madre y su hermano menor, Donkan, pesaba sobre ella. Y si había algo que Adrián odiaba, era ver a su "casi mamá" triste.Con la determinación de un general liderando una misión secreta, corrió al despacho de Ethan. Su padre estaba sentado tras su escritorio
Donkan con su mirada curiosa y su andar vacilante, se unió a ellos, y en cuanto vio el picnic preparado por Adrián, una sonrisa se desplegó en su rostro. Sus ojos brillaron, iluminados por una mezcla de sorpresa y alegría, una respuesta pura ante el esfuerzo de su amiguito.Ava, con la calidez de su afecto, se agachó frente a él, tomando su manita y dándole un suave apretón.—¡Mira, Donkan!— dijo Ava, señalando el pequeño festín en el centro de la manta, rodeado de cojines de colores brillantes. —¿Te gusta?Donkan, con su tono de voz inocente pero lleno de entusiasmo, miró a su alrededor, sus ojos se detuvieron en el oso de peluche con la corona de papel. Se acercó a él, miró a Ava y a Adrián y sonrió con una alegría simple pero genuina.—¡Sí! ¡Es como un picnic de reyes!— exclamó, saltando en el lugar.Ava se echó a reír y acarició la cabeza de Donkan con ternura. Sentada en el pasto, observaba a los niños, y algo dentro de ella se removió. La tranquilidad momentánea la envolvía, y p
La mañana había comenzado con una suave brisa que rozaba las ventanas abiertas, trayendo consigo los aromas frescos del jardín que rodeaba la casa de Ethan. El sol, aún tímido, apenas iluminaba los rincones más alejados del vasto terreno, pero el ambiente estaba impregnado de una calma única, como si el mundo estuviera en pausa, esperando algo especial.Ethan se encontraba en la cocina, preparando el desayuno. Mientras batía los huevos, su mente no dejaba de pensar en Ava. Habían pasado un par de semanas desde que su relación se había fortalecido de una manera inesperada, y ahora, con los niños ocupados, sentía que era el momento perfecto para sorprenderla. No solo quería que fuera un día perfecto, sino que necesitaba que fuera algo que ella recordara con una sonrisa.Tomó el teléfono y escribió un mensaje corto a Arthur, su fiel asistente:“Arthur, ¿puedes encargarte de los niños hoy? Tengo algo importante que hacer con Ava. Por favor, asegúrate de que se diviertan. —Ethan.”En cuant
Capítulo: "Estrella de la suerte" Ava y Ethan estaban sumidos en el fragor de su cita, mientras el resto de la casa continuaba su curso, aunque a un ritmo mucho más relajado. Adrián y Donkan, con sus cabellos alborotados y su mirada juguetona, tenía otros planes en mente. Mientras Ethan y Ava se sumergían en un mundo de risas y complicidad, su hijo pequeño había decidido hacer algo que, aunque parecía simple, estaba cargado de una profundidad que solo los niños más sensibles podían comprender. Arthur, como siempre, había estado dispuesto a ayudar. El asistente de Ethan, con su característico humor y presencia, había acompañado a Adrián y a Donkan en su misión secreta de comprarle un regalo a Ava. A pesar de su naturaleza juguetona y rebelde, Adrián tenía un corazón lleno de sentimientos genuinos, y aunque era difícil verlo, ese niño sabía cuándo y cómo mostrar su amor. Sabía que Ava se había convertido en algo importante en su vida. Ella lo había cuidado, lo había guiado en sus mo
El eco de las palabras de Arthur aún flotaba en el aire, reverberando como una campana recién golpeada, cuyo sonido se negaba a morir. La frase que había pronunciado se clavó en la atmósfera de la oficina como un cuchillo en madera húmeda, lenta y profundamente. Ethan, con el ceño fruncido y el vaso de whisky olvidado sobre la mesa, se dejó caer pesadamente en el sofá de cuero oscuro, el mismo que lo había acompañado en noches interminables de decisiones y pérdidas. El crujido del cuero protestó ante su peso, como si también estuviera cansado de cargarlo, como si comprendiera el peso que el hombre llevaba en los hombros.Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas. Sus manos temblorosas se elevaron hasta cubrir su rostro, y aunque no lloraba, su respiración temblaba, y en su pecho se acumulaba un ardor conocido: el de la impotencia. Las sombras en la habitación parecían más densas esa noche, más pesadas, como si los recuerdos se hubieran materializado para escucharlo
—¿Qué demonios está pasando aquí? Ethan sintió que la sangre le hervía, como si su cuerpo estuviera a punto de explotar. Su voz salió quebrada, contenida por la incredulidad y el dolor que le retorcían las entrañas. Jamás pensó que algo así pudiera llegar a su vida y menos de la mujer que más a amado en su vida. Helena se apartó del hombre con rapidez, como si su contacto fuera una llamarada que la quemaba. El desconocido se levantó torpemente de la cama, tambaleándose, sin saber qué hacer ni adónde ir. Ethan los miró, con su pecho subiendo y bajando. Era como un animal a punto de lanzarse al ataque. —Ethan… —Helena murmuró, sin poder sostenerle la mirada, se sentía avergonzada de haber sido descubierta—. No esperaba que volvieras tan pronto. Las palabras se colaron en sus oídos. La rabia comenzó a desbordarse en su pecho, oscureciendo sus pensamientos. Se acercó a ella con una velocidad inesperada. Todo en el era un reflejo de la ira que sentía en su interior. —¿No esperabas que
Ava nunca imaginó que su vida pudiera cambiar tan rápido. Hasta hace poco, sus preocupaciones eran mínimas: qué ropa ponerse, si salir al cine el fin de semana o quedarse en casa viendo series. No tenía lujos, pero sí estabilidad. Su padre dirigía un próspero negocio de importación de maquinaria, su madre manejaba la tienda con la que siempre había soñado, y ella se encargaba del cuidado de su hermano menor cuando sus padres no estaban en casa, lo cual ocurría con frecuencia. Debido al trabajo de su padre, a veces debían salir del país y solían dejarle la responsabilidad del pequeño Donkan. Para él, su hermana mayor era como una madre, siempre atenta a sus necesidades. Los momentos a su lado estaban llenos de aventuras, y lo que más amaba eran las tardes en las que pasaban horas leyendo un cuento o viendo una película animada mientras disfrutaban de un enorme tazón de palomitas. Todo en la familia era armonioso. Hasta que dejó de serlo. Primero fueron las llamadas que su padre cont
—¿A dónde debo acudir mañana? Ethan tomó una tarjeta del escritorio y se la extendió. —Aquí está la dirección. Mañana a las siete en punto. Ava la tomó y se puso de pie. —De acuerdo. Nos vemos mañana señor... —Ava dirigió su vista al pequeño —Nos vemos pronto tesoro. Adrian levantó la vista paulatinamente y después se concentró en seguir rayando en las hojas. Ethan no respondió. Simplemente volvió su atención a los documentos frente a él. Mientras miraba al pequeño Adrián de reojo. Ava salió de la oficina con la sensación de haber firmado algo más que un simple contrato. Caminó hasta la estación de autobús con la vista fija en el pavimento, repasando en su mente cada palabra de Ethan. "Es rebelde, testarudo… sabe cómo manipular a las personas." Algo en su instinto le decía que Adrián no era simplemente un niño problemático. Era un niño falto de amor. Lo pudo sentir mientras lo atrapaba mientras corría en momentos antes, para ella el solo estaba queriendo llamar la atenció