Antonio acomodaba su corbata, y miraba de nuevo su reloj, era la quinta vez que lo miraba en menos de quince minutos.—Es mejor que se tranquilice señor, ella vendrá pronto —dijo uno de los hombres de Antonio susurrando a su oído.—¡Quiero que vayas y la busques hasta debajo de las piedras si es necesario! —exclamó Antonio, sin dejar de sonreír.Debía mostrar tranquilidad, seguridad y más delante de los miembros del clan, quienes empezaban murmurar por la tardanza de la novia.—Señor, me acaban de informar que la señorita Aurora viene llegando —dijo uno de los hombres de Antonio, quien sonrió abiertamente.Levantó sus manos e hizo un ademán para que empezará la marcha nupcial, estaba feliz, y estaba seguro que novia nada que acabara con su felicidad.El auto de Dante se estacionó justo al frente de la catedral, su pecho había empezado a latir con más fuerza, quería verle la cara a Antonio, quería restregarle en su propia cara que a pesar de su traición él estaba ahí, y lo mejor vivo y
Antonio sintió como alma ardía la ver como Dante no soltaba la manos de Aurora —¡Es mejor que la sueltes! —dijo una vez más Antonio tratando de persuadir a Dante.—Como te dije hace unos minutos, lamentablemente no puedo soltarla, los dos acabamos de casarnos, lo malo es que creo nos equivocamos de catedral, eso si es verdaderamente malo, ¿No lo crees primito? —vociferó Dante. Él lo estaba disfrutando, vaya que si. Antonio dejó a un lado su porte dió varios pasos hasta estar lo suficientemente cerca de Dante... y de ella.—¿Esto es una maldita broma, verdad? —preguntó Antonio, estiró una de sus manos y tomó el saco de Dante.—Vaya primito, veo que estás de muy mal humor. Aunque yo lo estoy peor, así que suelta mi maldito traje —hablo Dante, la vena en su frente estaba más grande aún, era difícil de contenerse, por él era mejor darle un tiro en la frente y acabar con todo, aunque sabía perfectamente que no era lo mejor, él debía mostrarle el verdadero infierno, tal y como él lo vio.
Una sonrisa reluciente salió de los labios de Dante, quien se giró, hizo una ademan para que sus hombres apuntaran a Antonio.—Creo que no estás en condiciones de exigir, primito… te aconsejo que vuelvas a la cloaca de donde saliste y refugiarte muy bien, por qué pienso acabar con todos ustedes —dijo Dante señalando a Antonio y a parte de los miembros del clan que se habían colocado de parte de Antonio.—¡Maldito! —exclamó Antonio, bajó su arma y maldijo de miles maneras a Dante, quien sonreía abiertamente— Sueltala.Aurora respiró profundo, giró levemente su mirada y bajó su cabeza, le dolía su corazón, por escasos segundos su corazón volvió a la vida al escuchar a Antonio que no se la llevará, así le doliera en la manera en que se refirió a ella, era una pequeña luz, una que se había esfumado por completo.Antonio la miró a los ojos, le dolía en el alma la traición de Aurora, aún así no iba a permitir que su primo fuera feliz con ella.—¡Vayan tras ellos!, no los pierdan de vista,
Antonio caminaba rápidamente hacia una de las camionetas que habían quedado libres, él subió junto con su hombre de confianza a la camioneta, quien colocó en marcha rápidamente la camioneta y así poder alcanzar a Dante.Una serie de explosiones devastadoras sacudió la calle, haciendo que la camioneta donde iba Antonio de detuviera de inmediato, mientras que varias camionetas estallaban en llamas, uno tras otra.Las detonaciones fueron tan potentes que las ventanas de las tiendas y edificios cercanos se hicieron añicos, y las personas que se encontraban en la zona corrieron aterrorizadas, tratando de escapar de la escena infernal. Las camionetas incendiadas se convirtieron en una barricada de fuego, mientras que las llamas y el humo se elevaban hacia el cielo, creando una atmósfera de caos y destrucción.La camioneta donde iba Antonio frenó en seco, mientras él se quedó prácticamente paralizado, con la boca abierta y los ojos desorbitados, mientras contemplaba la escena de destrucció
Dante frenó en seco al ver que Antonio se aproximaba, miró hacia todos lados y vio una calle vacía, la misma que daba a la autopista, ahí era la única manera de perderlo y de paso darle una cuchara de su propia medicina.—Alonzo, el maldito de Antonio cada vez me está más cerca, ¿Dónde diablos estás? —vociferó Dante.—Tranquilo hermano, estoy justo detrás tuyo, baja y cambiamos de auto —hablo Alonzo, afortunadamente Antonio venía demasiado lejos que ni siquiera se había percatado de que Dante bajaba a la fuerza a Aurora para subirla al auto en donde venía Alonzo.—¡Suéltame, maldito bastardo! —exclamó Aurora, al sentir como su brazo prácticamente se desgarraba por la presión que Dante hacía en él.—Es mejor que lo muevas cariño, o me veré obligado a matar a tu amorcito aquí mismo —vociferó Dante, la vena en su frente cada vez estaba más grande, tanto que empezaba a palpitar a mil por segundos.Aurora cerró los ojos, y entró en el auto en donde Alonzo venía. Dante ordenó a otro de sus
Una sonrisa llena de satisfacción se dibujó en el rostro de Dante, quien llevó sus manos a la pretina de su pantalón, sacó su arma y empezó a rodear a Antonio como cazador a su presa.—¡No! —gritó Aurora desde el auto al ver que Dante le apuntaba a Antonio.—¡Es mejor que te calmes!, no quiero hacerte daño, por favor, contrólate —dijo Alonzo en voz baja, su mirada estaba fija en ella, por alguna extraña razón sentía compasión de ella, quería abrazarla, consolarla, y por qué no, poder besar sus labios.Él pecho de Aurora subía y bajaba con gran velocidad, sentía como si su alma estuviera apunto de abandonar su cuerpo, ¿Por qué el Dante era tan cruel?, se preguntaba una y otra vez al ver a Dante apuntar a Antonio con una enorme sonrisa, como si lo estuviera disfrutando.¿Por qué le quería hacer daño a Antonio?El sonido seco de los disparos resonó en el aire, Dante apretó el gatillo sin dudarlo dos veces. La pistola en su mano tembló levemente con el retroceso, pero su pulso seguía firm
El sonido de los disparos aún retumbaba en los oídos de Antonio quien abrió sus ojos lentamente cuando sus hombres encontraron tendido en el suelo. La sangre se extendía rápidamente por su camisa, y su respiración era entrecortada. Sin perder un segundo, lo alzaron con cuidado, sintiendo cómo su cuerpo casi inerte se deslizaba entre sus brazos. — Aguante, señor, ya lo sacamos de aquí —murmuró uno de ellos mientras corrían hacia la camioneta, dejando atrás los destrozos de lo que al parecer fue el único de una guerra, la guerra entre clanes.La conducción hacia el hospital fue una mezcla de desesperación y urgencia. Ulises uno de los hombres de Antonio coloca las manos firmes en el volante, pisaba el acelerador a fondo mientras los demás intentaban mantener a su jefe consciente. —No cierre los ojos, jefe, ya casi llegamos —repetía uno de los hombres que habían llegado al saber que estaban siendo emboscados por Dante, él presionó con su propia chaqueta sobre las heridas para contene
Dante le hizo una señal sutil a la mujer a su lado para ir a un lugar mucho más privado, quería terminar su celebración con broche de oro. Los dos caminaron hacia la habitación principal, la única y reservada para el Don Dante.La habitación estaba iluminada por la tenue luz roja del club, proyectando sombras ondulantes sobre las paredes mientras Dante tiraba de la bailarina hacia él con una fuerza posesiva, quería devorarla por completo, así que por qué esperar.Sus labios se encontraron en un choque de deseo reprimido, y sus manos recorrieron su espalda desnuda, presionándola contra su pecho. Ella jadeó cuando él la alzó con facilidad, haciéndola rodear su cintura con las piernas antes de empujarla contra la pared con un gruñido gutural.Los dedos de él recorrieron la piel caliente de su muslo, ascendiendo con lentitud tortuosa hasta deslizarse bajo las finas telas que aún la cubrían. Ella arqueó la espalda, hundiendo las uñas en los hombros del hombre, mientras él exploraba cada r