Bueno, ustedes saben que yo amo los acertijos jajaa y en esta no podía faltar como en todas las de lobos. Besooos y díganme si lo descubren.
EvelynEstoy enloqueciendo.No tengo dudas de que he empezado a perder la cordura. No consigo distinguir cuando estoy dormida de cuando estoy despierta.La realidad y el tiempo en esta celda se estira y se comprime como si jugara conmigo. A veces siento que acabo de despertar, otras, como si hubiera vivido cien vidas encerrada entre estas paredes de piedra.Ya no distingo entre lo real y lo que mi mente rota inventa para protegerme o para destruirme. Desde que Clara me reveló la verdad—que Leonard me necesita para romper su maldición—algo dentro de mí se quebró. Intento reponerme, levantarme y luchar, pero es como si hubiese un enorme agujero en mi cuerpo y toda mi energía se estuviera yendo.Ya no peleo. Ya no espero. ¿Para qué luchar, si solo he sido un instrumento para él igual que para todos? Un código, una llave, un recurso. Nunca su elección.Puedo recordar como me dijo que necesitaba tiempo, como me ocultó que Megara estaba aquí cautiva… que habían pedido cambiarla por mi.Si,
LeonardEl sonido del cuerno resuena por todo el aquelarre como una alarma antigua, llena de furia. Me pongo de pie al instante, el cuerpo en tensión.Y justo en ese momento la puerta del salón se abre y Alex aparece en la entrada confirmando lo que sabía.—Están atacando la ciudad.La hechicera de la capucha blanca gira hacia mí con los labios apretados.—Han venido por ti, Alfa —dice con voz sombría—. Y no son lobos.—¿Cómo lo sabes?—Puedo sentirlos—es lo último que me dice antes de girarse y empezar a lanzar ordenes a su gente.Una corriente helada me recorre la columna. Salgo del círculo con pasos raudos, Alex me sigue sin decir una palabra. Al llegar al pasillo principal de piedra, el aire ya huele a humo y a metal quemado. Subimos las escaleras talladas y desde la terraza de piedra veo el infierno desatarse.Hombres con ballestas, lanzas y espadas empapadas en plata invaden las calles. Sus armaduras negras reflejan la luz de las antorchas y sus gritos resuenan como un canto de g
EvelynEstoy despierta.Pero no soy yo.Abro los ojos y me encuentro mirando el techo agrietado de la celda, pero no he ordenado abrir los ojos. No he movido mi cuerpo, y sin embargo estoy de pie. No soy yo quien respira con tranquilidad ni quien avanza hacia la puerta con pasos firmes. Estoy atrapada. Encerrada dentro de mí misma. Como si mi cuerpo hubiera dejado de pertenecerme.Intento gritar, pero no sale ningún sonido.Intento mover un dedo, pero ni siquiera tiembla.Estoy presa en mi propia piel.Y entonces, la escucho.—Ya era hora de que te callaras de una vez.Su voz resuena en mi cabeza como un látigo. Mi reflejo oscuro. Mi sombra. Mi yo podrida. Esa que he visto tantas veces en sueños, burlándose de mí, ahora se mueve con mi rostro, habla con mi voz, respira con mis pulmones. Su risa es la mía, pero deformada, cruel.—Ahora sí, Evelyn. Ahora sí vamos a dejar de suplicar. —Dice con un deleite que me hiela la sangre—. Te dije que era cuestión de tiempo. Tú no quisiste el poder
SalvadorNo puedo dormir. La mente no deja de darme vueltas. La imagen de los hombres muertos, succionados de toda vida y con la marca brillando en su frente no dea de atormentarme.Pero por horrible que suene, no me importan ellos, lo que me atormenta es no saber que está pasando con Evelyn, que la ha llevado a hacer esto.Si la están obligando.Si él la está usando o si… o si el poder se ha apoderado de ella así como amenaza en hacerlo conmigo.Pero, aunque antes la veía como un medio, ahora ya no me importa perderme yo, no me importa ser consumido después de que sepa que ella está bien.Nunca había sentido esto.La urgencia.El miedo.La necesidad de alguien como lo siento con ella y con cada día que pasa mi pecho se fractura más al no tenerla.4 días, eso es lo que tengo de tiempo para encontrar a Evelyn y ni siquiera se por donde empezar.Eso es todo lo que me atormenta cuándo el sueño me lleva y las pesadillas de una Evelyn perdida me inundad.El amanecer no trae paz. Trae urgenc
EvelynLa oscuridad me envuelve. Al principio creo que sigo atrapada en mi propio cuerpo, observando sin poder hacer nada, pero entonces reconozco este lugar. El vacío. El mismo espacio entre el sueño y la muerte donde me he encontrado con ellas antes. Las mujeres. Las sombras que me han acompañado en mis peores momentos, como ecos del pasado… o del futuro.—¡Ya basta! —grito—. ¡Aparezcan de una vez! ¡Sé que están aquí!Como si mis palabras fueran un conjuro, las figuras empiezan a surgir entre la niebla. Cinco, siete, tal vez más. Todas llevan el rostro cubierto por velos, excepto una. La mujer de la túnica blanca. La que siempre habla por todas.—Evelyn —dice con su voz suave, que suena como viento entre árboles—. No te rindas.—¿No rendirme? —respondo con una risa amarga—. ¿De verdad es eso lo único que saben decirme? ¿Que no me rinda mientras estoy atrapada dentro de mi cuerpo, viendo cómo esa cosa asesina con mis manos? ¿Ustedes qué saben?—Sabemos más de lo que crees. Todas fuimo
LeonardSalimos desde el amanecer. No pienso perder tiempo, sin embargo a las pocas horas lo siento.El aroma de sangre fresca todavía flota en el aire cuando descendemos hacia el claro. Los cuerpos están diseminados por el terreno como si la muerte hubiese danzado con furia. Algunos tienen los ojos abiertos, congelados en terror. Todos llevan la marca. La Luna Rota arde en sus pechos como una sentencia escrita en fuego.Me arrodillo junto a uno de los cuerpos y paso los dedos por la marca. Siento el calor todavía reciente, el eco de su energía… de su energía. Evelyn. Pero no la Evelyn que conocí. Esto… esto es otra cosa.—Estuvo aquí —murmuro—. Puedo sentirla. Pero ya no es ella.La hechicera blanca se inclina junto a mí, su rostro pálido más grave de lo usual.—La oscuridad está guiándola hacia algo… y si es lo que creo, no llegaremos a tiempo.Me enderezo de golpe, girando hacia ella.—¿Qué es lo que crees? Exijo que me digas lo que sabes.Ella respira hondo, y por un segundo parece
EvelynCada día que pasa se siente como una eternidad.Estoy atrapada, encerrada, no tengo voz, no tengo vida.Los recuerdos amenazan con desaparecer a cada segundo, pero me aferro a ellos, lo hago con todas mis fuerzas porque sé que en el momento en que se vayan, cuando los pierda, entonces ahí me habré perdido para siempre.Lo habré perdido todo.La tierra tiembla bajo mis pies, pero no soy yo quien camina. Siento el peso del cuerpo moverse con decisión, con violencia, como si la misma naturaleza se apartara a nuestro paso… pero no soy yo.Estoy dentro.Encerrada.Atrapada.Cautiva.Impedida de todo…No sé cuánto tiempo llevo aquí, en esta prisión de carne y poder. Observo a través de mis propios ojos, sin poder moverme, sin poder gritar. Y sin embargo, algo me estremece. Un aroma, un susurro en el viento, una vibración antigua.Leonard.El tirón, ese que pensé que había desaparecido, que creí que no volvería a sentir nunca más, aparece de forma muy sutil, casi como una caricia, pero
Evelyn3 años atrás.—¡La hija de un traidor!—¡Debería morir!—¡No merece vivir!El frío se clava en mis huesos como un recordatorio de lo que soy nada .Estoy en el centro de la manada, rodeada de innumerables ojos llenos de odio. Sus susurros son como el siseo de serpientes, enredándose en mis oídos.Y lo que más me aterra es el hombre frente a mí: el Alfa.Su voz retumba como un trueno, llena de autoridad y crueldad.—Nunca saldrás de aquí, Evelyn —Hace una pausa, su mirada afilada como una espada—. Pagarás con sangre la traición de tu padre.Miro a mi lado, donde mi padre está arrodillado. Él fue el Beta de la manada, un guerrero valiente, un líder respetado. Ahora, está encadenado, con la cabeza baja, en silencio.Su silencio me destroza el corazón.—Papá… —susurro, temblando—, di algo…Pero él no me mira, ni siquiera se mueve.La sentencia del Alfa cae como un martillo, destrozando mi última esperanza.—Por tu traición, se te destierra de estas tierras. Y como tributo por t