BlossomAceptar el cargo que mi padre me ofrecía como la nueva jefa de la firma G.H. Vaughan no había sido una decisión fácil. Había pasado días, incluso semanas, dándole vueltas al asunto. ¿Era yo la persona adecuada? ¿Sería justo para mis hermanos? Las dudas me habían atormentado, pero después de una conversación larga y reconfortante con Edrik, supe que era momento de dejar atrás mis inseguridades y confiar en mí misma.Así que aquella mañana, respirando profundamente y con un nudo en el estómago, entré al despacho de mi padre. Él estaba sentado detrás de su escritorio, su porte siempre imponente, pero con esa calidez en los ojos que solo reservaba para nosotros, sus hijos.-Papá, he tomado una decisión -dije con firmeza, aunque mi corazón latía con fuerza.Él dejó a un lado sus papeles y me miró con atención.-Te escucho, Blossom.-Acepto el cargo -anuncié. Las palabras salieron más seguras de lo que pensé-. Quiero asumir la responsabilidad y demostrarte que puedo manejarlo.Por u
BlossomEl día en que volví a encontrarme con mi madre biológica fue uno de esos que no se olvidan fácilmente, no por su belleza o por algún momento especial, sino por el peso de las emociones que trajo consigo. Me encontraba en la firma revisando unos documentos cuando recibí la llamada de recepción: Ciara Wright estaba allí, solicitando verme.El simple hecho de escuchar su nombre hizo que mi cuerpo se tensara. La última vez que la vi había sido tan incómodo como siempre, con sus súplicas veladas y su ambición descarada. Pero esta vez, algo en el tono de la recepcionista me hizo sentir que no podía ignorarla.Accedí a recibirla en una pequeña sala de reuniones, lejos de las miradas curiosas de mis compañeros. Cuando entró, noté que había algo diferente en ella. Su usual porte altivo estaba ausente, reemplazado por una expresión cansada y demacrada. Sus ojos, que siempre habían reflejado cierta astucia, ahora lucían apagados.-Blossom -dijo, casi en un susurro, mientras se sentaba fr
BlossomEl día en que volví a encontrarme con mi madre biológica fue uno de esos que no se olvidan fácilmente, no por su belleza o por algún momento especial, sino por el peso de las emociones que trajo consigo. Me encontraba en la firma revisando unos documentos cuando recibí la llamada de recepción: Ciara Wright estaba allí, solicitando verme.El simple hecho de escuchar su nombre hizo que mi cuerpo se tensara. La última vez que la vi había sido tan incómodo como siempre, con sus súplicas veladas y su ambición descarada. Pero esta vez, algo en el tono de la recepcionista me hizo sentir que no podía ignorarla.Accedí a recibirla en una pequeña sala de reuniones, lejos de las miradas curiosas de mis compañeros. Cuando entró, noté que había algo diferente en ella. Su usual porte altivo estaba ausente, reemplazado por una expresión cansada y demacrada. Sus ojos, que siempre habían reflejado cierta astucia, ahora lucían apagados.-Blossom -dijo, casi en un susurro, mientras se sentaba fr
BlossomEl día en que volví a encontrarme con mi madre biológica fue uno de esos que no se olvidan fácilmente, no por su belleza o por algún momento especial, sino por el peso de las emociones que trajo consigo. Me encontraba en la firma revisando unos documentos cuando recibí la llamada de recepción: Ciara Wright estaba allí, solicitando verme.El simple hecho de escuchar su nombre hizo que mi cuerpo se tensara. La última vez que la vi había sido tan incómodo como siempre, con sus súplicas veladas y su ambición descarada. Pero esta vez, algo en el tono de la recepcionista me hizo sentir que no podía ignorarla.Accedí a recibirla en una pequeña sala de reuniones, lejos de las miradas curiosas de mis compañeros. Cuando entró, noté que había algo diferente en ella. Su usual porte altivo estaba ausente, reemplazado por una expresión cansada y demacrada. Sus ojos, que siempre habían reflejado cierta astucia, ahora lucían apagados.-Blossom -dijo, casi en un susurro, mientras se sentaba fr
EdrikLa habitación estaba iluminada tenuemente por la luz cálida de la lámpara de la mesita de noche. Blossom estaba acurrucada junto a mí, con su cabeza descansando sobre mi pecho. Mi mano jugaba suavemente con los mechones de su cabello, mientras ambos disfrutábamos de la tranquilidad de la noche.—Cuando seamos mayores, deberíamos comprar una casa en el campo, donde nadie nos moleste y podamos vivir con tranquilidad —le dije, rompiendo el silencio con una sonrisa en los labios. Sentía el calor de su cuerpo contra el mío, y por un momento me imaginé cómo sería esa vida con ella, lejos de todo el caos.Blossom levantó la mirada hacia mí, sus ojos brillando con un destello de ternura y diversión.—¿Una casa en el campo? —repitió, arqueando una ceja con un toque de humor—. Supongo que eso es lo que quieres para nuestra vejez, cuando nuestros cinco hijos nos hayan abandonado y no nos quede más que hundirnos en lo que quede de nuestro amor.La carcajada que me arrancó su respuesta fue g
KarinaLa tarde había caído sobre Londres, bañando la sala de estar con un cálido resplandor dorado. Hyacinth dormía profundamente en su habitación, y por una vez en semanas, la casa estaba en completo silencio. Estaba sentada en el sofá con Kasper, mi esposo, quien sostenía mi mano mientras hablábamos de cosas simples, triviales incluso, pero que de alguna manera siempre tenían peso en nuestra relación.—¿Te acuerdas de nuestra primera cita? —preguntó Kasper, con una sonrisa que alcanzó sus ojos.Me reí, dejando caer la cabeza en su hombro.—¿Cómo olvidarlo? Llegaste tarde porque te perdiste en el metro. Pensé que nunca ibas a aparecer.Kasper soltó una carcajada baja, apretando mi mano con más fuerza.—No sabía que me ibas a juzgar tan duramente por eso —replicó con una mirada fingidamente herida—. Pero, ¿sabes? Valió la pena. Desde el momento en que te vi sentada en esa cafetería, con la cabeza inclinada sobre un libro, supe que eras diferente.Me sonrojé, algo que aún sucedía, inc
KarinaEra una tarde fría en Londres, y mi casa estaba más tranquila de lo que imaginaba. Había pasado el día organizando algunas cosas, pero el sonido de la puerta cerrándose me sacó de mis pensamientos. Sabía que Ellie había llegado desde Italia, y su presencia en la ciudad era algo que esperaba con ansias, pero no imaginaba que me encontraría con la expresión triste que llevaba.—Rina —dijo con voz baja mientras dejaba su maleta junto a la puerta—. Necesito hablar contigo.La vi caminar hasta el sofá, donde se dejó caer, dejando escapar un suspiro de cansancio. Su rostro estaba serio, pero había algo más que incomodaba en su expresión. Me acerqué, preocupada.—¿Qué pasa, Ellie? Pareces... preocupada. ¿Está todo bien? —le pregunté, sentándome a su lado.Ella cerró los ojos un momento, como si estuviera buscando las palabras correctas, y luego me miró con una expresión mezcla de angustia y resignación.—Vengo de Italia, sí... pero no porque quiera —comenzó, su voz quebrada—. Las cosa
BlossomEl aire estaba lleno de risas y alegría, mientras las suaves luces del salón se reflejaban en las decoraciones de tonos pastel que adornaban las paredes. Los globos flotaban alegremente sobre nuestras cabezas y una gran mesa estaba llena de pastelitos, galletas y bebidas refrescantes. Todo estaba en su lugar para el baby shower de Karina, quien, a pesar de estar un poco cansada, no podía evitar sonreír al ver la felicidad en los rostros de todos los que estábamos allí.Estaba rodeada de las personas más cercanas, y la felicidad era palpable. Karina, con su barriguita que ya no podía esconderse, estaba en el centro de atención, riendo con todos mientras recibía los regalos y abrazos. Su hija pequeña, Hyacinth, jugaba cerca de ella con una sonrisa traviesa, pidiendo la atención de todos a su alrededor. Me sentía emocionada por mi cuñada y su familia, pero al mismo tiempo, había una parte de mí que se sentía algo triste por todo lo que había pasado últimamente.Ellie estaba senta