AngélicaAcababa de bañarme, llegué de la universidad hecha un desastre. Era la semana de parciales y no iba a trabajar en la empresa de mis papás. La ventaja de que ellos sean tus jefes, por ahora primaba mis notas. Estos días, después del susto vivido el domingo en la madrugada, todo parecía normal.No tenía idea cómo la libramos en dicha ocasión. Regina creyó en nuestras palabras, no cuestionó la sarta de mentiras dichas hace tres días. El carro del tío Carlos fue retirado en la tarde de ese lunes; los chicos pagaron la cuantiosa multa. En otras palabras, era como si no hubiera pasado nada.Rubí tenía nuevos anteojos, aunque no veía la hora de que sanara su irritación ocular, para poder volver a los de contacto. Mañana terminaré parciales, el resto de las chicas la otra semana. Solo faltaba un año y medio para terminar mi carrera. —La situación había estado tan calmada, dejándome un sinsabor extraño, era un no sé qué.Lo mejor de la semana era que nuestros padres ya sabían del viaj
EganQuedé de pasar por Euma a las tres de la tarde para invitarla al cine. Deseaba hablar con ella y abordar el tema principal del viaje. Mis amigos dijeron que era importante ponerla al tanto. Sam no quería que por ignorancia de ellas pasaba algo peor, además las carreras clandestinas o piques eran más riesgosas.Bajé del carro, caminé por el precioso jardín de la tía Patricia, toqué la puerta. Abrió Dilia, y el hogar de cada uno de nuestros padres se sentía diferente al resto de los que conozco de mis compañeros de universidad. La gente no cree que la calidez de un hogar era palpable. —Joven Katsaros, buenas tardes.—Hola, Dilia, ¿Eugenia María se encuentra?—Por supuesto.Mientras esperaba en la sala llegó el tío José Eduardo, y detrás de él a un Andrés Camilo con la nariz reventada.—A su cuarto jovencito, cuando llegue la mamá, hablaremos seriamente. Medita y hablamos al respecto.—No diré nada, papá.—Papá, nada, ahora estoy desconcertado con lo sucedido. Mañana te vas a traba
EmmanuelMientras Eros no se encuentra en la clínica, debía de quedar a cargo, por ser el subdirector. Lo desagradable de este trabajo de escritorio era eso, el escritorio. Me gusta la adrenalina del campo de urgencias, en cirugías, en el caos de la emergencia. Pero no era momento de quejarme.Cuando papá me dio una parte de la herencia, lo hizo con la intención de ingresar a este megaproyecto. En ese entonces apenas me encontraba estudiando. También puse mi propio aporte por el dinero ganado de las apuestas; ya sea ganado con las peleas de Alexey y las carreras de Egan. No tenía el 50%, pero sería una blasfemia quejarme por tener el treinta. El teléfono del despacho sonó.—Hola, Úrsula.—Doctor, lo solicita una joven sin cita.—Ya sabes la política, sin cita previa, no atiendo.—Sí, pero también ha dicho que para su familia no hay cita. Ella es una prima suya, que es la joven Rubí Leal Calderón. —Cerré mis ojos, cierto, le dije que viniera hoy.—Tienes razón. ¿Qué tiempo tengo antes
GabrielaRegresé a la mesa donde nos habíamos sentado las cinco luego de dar mi discurso por la boda. Mis amigas me recibieron con felicitaciones por mi oratoria. Ya Maco había salido del grupo de soltera. Y eso que yo era la mayor de todas, aunque Maco no lo parecía por lo centrada y anciana mental que era.Ella, que siempre tenía razón en lo que decía, nació con ese don de tener boca de santo. Mil veces me había dicho: no mires a Samuel como el hombre de tu vida. Lo amaba, pero no era un hombre para una sola mujer. Es mi hermano y lo conozco, podría hacerte daño si no te ama. Porque cuando lo haga, será el hombre más bello del mundo. Solo deben llegar a ese corazón escondido.Nunca le he hecho caso, y espero no haberme equivocado con lo sucedido entre los dos en estos últimos meses. Ya había apostado por Samuel y mi sentimiento, por eso me entregué a él en la cárcel. —Sonreí como una tonta enamorada, al recordar...—¡Estos pasteles están deliciosos! —exclamó Rubí, que tenía rato de
María EugeniaLe dio un beso en los labios, eso no se sintió bien.—Mi prima está presente. —llamarme prima tampoco fue agradable.—Ya me iba, tranquilos.Di media vuelta, necesitaba alejarme. En ese momento Angélica llegó con los ojos rojos y me quitó la bebida.—Amiga, necesito otra.—¿Qué tienes?—Por favor.—Ya regreso.Al volver a la mesa de los licores, Egan daba la espalda para quien se acerque y abrazaba por la cintura a su novia.—¡Qué no tengo nada con ella!, ¿de dónde sacas eso? Acaso no la viste, no es mi tipo, no es atractiva.—Es tu prima.—Tampoco lo es. Bueno, por cariño y por la gran amistad entre nuestros padres, desde pequeños nos enseñaron a verlas de esa manera, pero para mí no es nada. Ella no es nadie. —Eso dolió demasiado, mucho más, los ojos me picaron, no me aguanté. —Vaya. —dije, al girarse vi la vergüenza en su mirada.—Euma. —alcé la mano.—Ese apelativo es para las personas de la familia y verdaderos amigos. Creo haberte escuchado decir: no soy nadie. —Q
SamuelLavé mi rostro para pasar el malestar ocasionado por Gaby. Sé que fue una metida de patas garrafales haberme acostado con ella. ¡Mierda, mierda, mierda! Pero en esa abstinencia fue mi única salida. No iba a justificarme, estaba demasiado caliente y ella se ofreció. Fui muy claro que solo sería sexo. Miré mi verga.—Esto es culpa tuya, por no mantenerte escondido.Ahora, ¿cómo arreglaré la situación con ella?, Ya no había manera, ya nada será igual y la familia lo iba a notar. Donde se entere mi madrina… —volví a mirar mi pene.» Te hace picadillo, ni desapareciendo del planeta te salvarás. Solo casándote y ni loco me casaba.Salí del baño, en la habitación estaba Julián. Por su cara de estreñido avecino regaño seguro… Pero ¿yo qué hice?De manera rápida busqué en mis recuerdos conversaciones, actitudes, gestos o acciones inapropiadas de mi parte desde la salida de la cárcel, pero nada, no había hecho nada, me he portado como un corderito.—Sam. —señaló la puerta—. Vi salir a Ga
EganPapá había cerrado la puerta y caminaba de un lado a otro. La verdad no se sintió muy bien al ver la carita de Euma al borde del llanto. —Rasqué mi cabeza—. No era mi intención que ella escuchara, de hecho, no debí decir eso. Una cosa era que ella como mujer no me inspira ese un mal pensamiento, y otra era el tema familiar. Y en eso la defequé con creces.Se sentó frente a mí, sus manos apoyadas en su rodilla, su mirada fija. No decía nada y ya me sentía como un miserable, tampoco pensaba en decirme una mala palabra para no ofender a mi santa madre.—¿Te he tratado como si no fueras mi hijo?—¡¿Qué?! ¡No, papá! —Algo extraño se sintió en el pecho.—No encuentro motivo para tu ofensa hacia Euma, como si no la apreciaras como una prima de sangre. Eso me hace pensar que en mí no ves el amor de un padre, Egan.Él y su psicología. Mi corazón comenzó a palpitar a causa de la vergüenza. David me ha enseñado a ponerme en el lugar de las otras personas. Si lo ponía de esa perspectiva, ser
EmmanuelMiré con fijeza a Alexey de nuevo, desde hace rato tenía un cuento raro con Mapa. Aunque los dos se mantienen en que son amigos, pero se veían extraños.—Más te vale. Ya contraté la compañía femenina para dentro de ocho días. Tendremos a cinco bellas y despampanantes mujeres con sus preferencias.Choqué las cinco con Samuel, estos éramos nosotros. Un muro impenetrable de amistad sincera. Desde el mismo instante en que llegué a esta gran familia, me hicieron sentir eso… una familia. Pero no iba a permitir una falta hacia mis tesoros; mis hermanas eran sagradas. Y les he enseñado a Eduardo José y Camilo Andrés el respetarlas y defenderlas con nuestras vidas. No vendrá un aparecido a ofenderlas.—Alexey. —sonrió, advirtió mi llamado de atención—. Así me muelas a palo, sabes que también puedo causarte daño. Si Mapa sale lastimada mañana, una vez la ponga a salvo, escóndete. Solo por esta vez lo pasaré, a la segunda te la verás conmigo.Estaba a punto de reventarle la cara al rubi