Capítulo 31
¿Por qué las mujeres que sufren en boca de los hombres parecen ser siempre Aitana y Victoria?

El odio volvió a surgir en el corazón de Yaritza mientras apretaba sus puños, sus ojos llenos de un intenso rencor. ¡Definitivamente no dejaría que Aitana se volviera tan arrogante!

Thiago no tenía idea de todo lo que pasaba por la mente de Yaritza. Cuando regresó al reservado del restaurante, ella ya se había quedado dormida sobre la mesa. Siempre había sido hermosa, y ahora, su perfil revelaba la delicadeza de sus facciones. Con los ojos cerrados, esa presencia imponente que solía tener se había desvanecido, dejándola ver suave e inofensiva.

—La cuenta —dijo Thiago con rostro impasible, sus profundos ojos fijos en Aitana. Después de pagar, observó desde su altura a la mujer dormida y frunció levemente el ceño. Sin dudarlo, la tomó en brazos y la llevó al auto.

José, que todavía sostenía una brocheta en la mano, casi se atraganta al verlos.

—Vamos al apartamento —ordenó Thiago con una mirada.
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