Capítulo 33
Thiago se masajeó las sienes, como si no quisiera lidiar con ella. El camisón que llevaba puesto le llegaba hasta el inicio de los muslos, dejando gran parte de la espalda al descubierto. Desde su ángulo, podía distinguir claramente las curvas de sus pechos, tentadores y erguidos, evocando involuntariamente su suave textura. Recordaba especialmente cuando Aitana había usado ese mismo camisón para juguetear con él en su despacho.

Sin notar la mirada de Thiago, Aitana comentó con calma:

—En realidad, habría sido mejor que el señor Urrutia me despertara anoche. Así podría haber vuelto a mi apartamento en lugar de molestarle aquí.

—¿Ahora resulta que fue mi culpa? —respondió él—. La próxima vez recordaré echarte fuera, será mejor que tenerte aquí siendo tan mordaz.

Aitana lo miró unos segundos antes de preguntar:

—¿Dije algo mientras dormía?

Él vaciló por un momento, aunque ella no lo notó.

—Tal vez, no presté atención —respondió con indiferencia.

Aitana bajó la mirada, aliviada. Mejor así
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