Las embestidas aumentaban en velocidad y profundidad, y Herseis lo sentía en cada fibra de su ser. El placer la invadía por completo, tanto que sus pensamientos sobre lo que era moral o correcto se disipaban como humo en el aire. Solo importaba el ahora, el sentirlo tan cerca, tan profundo, llenándola de una manera que no había experimentado en años. "Ah... más... más..." El calor en su vientre subía en espiral, y cuando creyó que no podía soportar más, el clímax llegó, explotando dentro de ella en una tormenta de sensaciones. Sus manos temblaron, sus gemidos se volvieron incontrolables, y su cuerpo entero se sacudió mientras alcanzaba el punto máximo del placer.Helios la siguió, acelerando su ritmo hasta el momento en que también perdió el control. La apretó contra él, su cuerpo tenso mientras alcanzaba su propio clímax. Su respiración se volvió un gruñido ahogado, y cuando finalmente ambos llegaron al límite, se quedaron en esa posición por unos segundos, respirando con dificultad,
Los pensamientos de Herseis fluctuaban entre la realidad y el placer. Sabía que lo que estaban haciendo era incorrecto desde un punto de vista moral, pero la forma en que él la hacía sentir, la forma en que su cuerpo respondía al suyo, borraba cualquier noción de pudor o remordimiento. Cada acometida de Helios la hundía más en el éxtasis, y su mente se aferraba a esa sensación.Helios disfrutaba del control que ejercía sobre ella, pero también de la sensación de estar tan profundamente conectado con Herseis. Cada movimiento suyo la hacía gemir, y esos sonidos lo llenaban de una satisfacción que iba más allá del simple placer físico. Su respiración se volvía más rápida, más irregular, pero él no tenía prisa. Quería prolongar cada segundo, cada sensación, mientras sus cuerpos se movían en perfecta armonía.Finalmente, el clímax llegó para ambos, y Herseis se apoyó completamente en la barandilla, su cuerpo aún temblando por el placer. Helios la sostuvo, su pecho contra su espalda mientra
Helios simplemente la miró con una intensidad que decía más de lo que cualquier frase podría. Sus manos fuertes la levantaron suavemente, apoyándola sobre el borde del mesón de la cocina. Desde esa posición, la vista era magnífica: la ciudad se extendía más allá de las ventanas, pero todo lo que importaba estaba en ese espacio íntimo entre ellos.Herseis se arqueó hacia atrás, su cuerpo temblando con cada movimiento de Helios. La firmeza con la que la sostenía la hacía sentir segura, como si estuviera exactamente donde necesitaba estar. Y entonces, en un movimiento fluido, él la penetró profundamente, su respiración sincronizándose con la de ella, mientras los dos se perdían en el ritmo de sus cuerpos.El tiempo parecía detenerse, y las horas pasaron sin que se dieran cuenta. Desde la cocina, su pasión los llevó a otros rincones del penthouse. Las escaleras se convirtieron en su escenario, donde Helios la sostenía contra la pared, sus manos recorriendo cada centímetro de su piel mient
La mafiosa sonrió ligeramente, en un gesto que parecía más una respuesta calculada que una verdadera muestra de emoción. Había algo en Helios que la intrigaba.—Tengo entendido que es una mujer madura. —Su tono cambió ligeramente, volviéndose más perspicaz—. ¿Le gustan mayores?Helios, con su habitual calma, asintió.—Así es.La respuesta fue directa, sin rodeos. No había nada que ocultar, ni en sus palabras ni en sus acciones. Herseis era importante para él, y lo que los demás pensaran de esa relación no tenía peso alguno en sus decisiones.—¿No tiene un amigo joven que me presente? —preguntó ella de manera astuta, un brillo en sus ojos—. Tuve que matar a mi anterior pareja. Busco un nuevo amante.Helios mantuvo su compostura, pero una ligera sonrisa cruzó sus labios.—Es posible que tenga uno. Espero presentárselo, pero no para que lo mate —dijo, su tono ligeramente más ligero, pero con la misma firmeza de siempre.La mafiosa dejó escapar una pequeña risa, una reacción inesperada en
Helios estaba sobre ella, dominando cada centímetro de su piel con su cuerpo joven, fuerte y decidido. El calor que emanaba su piel contrastaba con el frío de la noche que entraba por las enormes ventanas del penthouse. Los gemidos de Herseis, un eco suave y constante, llenaban la habitación, acompañando el ritmo de sus cuerpos entrelazados. Cada movimiento de Helios era preciso, calculado, pero impregnado de una urgencia que lo devoraba por dentro. Sentía la necesidad de poseerla por completo, de hacerla suya una y otra vez, hasta que no quedara rastro de otro hombre en su memoria, ni en su cuerpo.Ella gemía, a veces casi imperceptiblemente, y otras veces con mayor intensidad, como si el placer la tomara por sorpresa. Los dedos de Helios, firmes y seguros, se movían por su piel, recorriendo sus caderas, su espalda, hasta aferrarse a sus muslos. Los empujaba hacia arriba, abriéndola más para él. Quería verla así, completamente entregada a su deseo, vulnerable bajo su control.—Ah...
Helios la miró de reojo, sus ojos turquesa brillando con una calma que siempre le daba la impresión de que lo tenía todo bajo control.—Es natural. A veces, dejar atrás lo que nos ha causado dolor es un acto de liberación —respondió con su tono sereno y formal. Luego extendió una mano hacia su mejilla, acariciando suavemente su piel, y luego sus dedos se enredaron en su cabello rizado—. No tienes por qué estar sola, Herseis. Múdate conmigo. Mi penthouse es lo suficientemente grande para que puedas tener tu propio espacio.Herseis cerró los ojos un momento, disfrutando el contacto de su mano. Siempre era delicado con ella, un contraste marcado con la intensidad física que compartían en la intimidad. Aun así, a pesar de su juventud, Helios nunca se comportaba de manera impulsiva o posesiva. Cada palabra que le dirigía estaba cuidadosamente medida, y aunque no hablaba de amor ni de compromisos profundos, había una preocupación genuina en él.—Gracias, Helios, mi joven señor —dijo Herseis
Helios movió sus manos con seguridad hacia sus caderas, sujetándola con firmeza. Mientras su boca continuaba devorando sus pechos, su lengua jugueteaba con sus pezones, provocando que Herseis se arquease involuntariamente bajo su toque. Sentía que su cuerpo se convertía en un campo de tensión creciente, como si cada embestida de su lengua o cada caricia de sus dedos la empujara más allá del borde del control.Con un movimiento ágil, deslizó una mano hacia abajo, acariciando sus muslos, separándolos lentamente. Herseis jadeaba, entremezclando gemidos de placer y sorpresa mientras él se colocaba entre sus piernas, aun besando su piel, devorando cada rincón de su cuerpo con una devoción silenciosa. Las manos de ella se aferraban a las sábanas, tratando de asirse a algo mientras el deseo la desbordaba.Helios, sintiendo la urgencia en sus movimientos, alzó la vista hacia ella. Sus ojos turquesa, brillantes y serenos, contrastaban con la voracidad de su deseo. Sin decir palabra, se posicio
El ritmo aumentó. Las manos de Helios sujetaban firmemente las caderas de Herseis, empujándola hacia él, marcando el compás de cada acometida. Los gemidos de ambos se entrelazaban, creando una melodía privada que resonaba entre las paredes de cristal de la ducha.—Ah... ah... Helios... —jadeaba Herseis, sintiendo cómo su cuerpo se arqueaba más hacia él. Sabía que estaba cerca del clímax, pero también sentía cómo él controlaba el momento, estirando cada segundo de placer hasta llevarla al límite.Helios, sintiendo la tensión en el cuerpo de Herseis, decidió cambiar la dinámica. La giró suavemente, levantándola por las piernas y apoyándola contra el cristal. Sus cuerpos ahora estaban frente a frente, el agua caía sobre ellos, pero lo único que importaba era la conexión entre sus miradas y la sensación de él llenándola de nuevo.Herseis lo miró fijamente, sus ojos brillaban con deseo mientras se aferraba a sus hombros. La fuerza de Helios la sostenía en el aire, permitiéndole abandonarse