Helios estaba sobre ella, dominando cada centímetro de su piel con su cuerpo joven, fuerte y decidido. El calor que emanaba su piel contrastaba con el frío de la noche que entraba por las enormes ventanas del penthouse. Los gemidos de Herseis, un eco suave y constante, llenaban la habitación, acompañando el ritmo de sus cuerpos entrelazados. Cada movimiento de Helios era preciso, calculado, pero impregnado de una urgencia que lo devoraba por dentro. Sentía la necesidad de poseerla por completo, de hacerla suya una y otra vez, hasta que no quedara rastro de otro hombre en su memoria, ni en su cuerpo.Ella gemía, a veces casi imperceptiblemente, y otras veces con mayor intensidad, como si el placer la tomara por sorpresa. Los dedos de Helios, firmes y seguros, se movían por su piel, recorriendo sus caderas, su espalda, hasta aferrarse a sus muslos. Los empujaba hacia arriba, abriéndola más para él. Quería verla así, completamente entregada a su deseo, vulnerable bajo su control.—Ah...
Helios la miró de reojo, sus ojos turquesa brillando con una calma que siempre le daba la impresión de que lo tenía todo bajo control.—Es natural. A veces, dejar atrás lo que nos ha causado dolor es un acto de liberación —respondió con su tono sereno y formal. Luego extendió una mano hacia su mejilla, acariciando suavemente su piel, y luego sus dedos se enredaron en su cabello rizado—. No tienes por qué estar sola, Herseis. Múdate conmigo. Mi penthouse es lo suficientemente grande para que puedas tener tu propio espacio.Herseis cerró los ojos un momento, disfrutando el contacto de su mano. Siempre era delicado con ella, un contraste marcado con la intensidad física que compartían en la intimidad. Aun así, a pesar de su juventud, Helios nunca se comportaba de manera impulsiva o posesiva. Cada palabra que le dirigía estaba cuidadosamente medida, y aunque no hablaba de amor ni de compromisos profundos, había una preocupación genuina en él.—Gracias, Helios, mi joven señor —dijo Herseis
Helios movió sus manos con seguridad hacia sus caderas, sujetándola con firmeza. Mientras su boca continuaba devorando sus pechos, su lengua jugueteaba con sus pezones, provocando que Herseis se arquease involuntariamente bajo su toque. Sentía que su cuerpo se convertía en un campo de tensión creciente, como si cada embestida de su lengua o cada caricia de sus dedos la empujara más allá del borde del control.Con un movimiento ágil, deslizó una mano hacia abajo, acariciando sus muslos, separándolos lentamente. Herseis jadeaba, entremezclando gemidos de placer y sorpresa mientras él se colocaba entre sus piernas, aun besando su piel, devorando cada rincón de su cuerpo con una devoción silenciosa. Las manos de ella se aferraban a las sábanas, tratando de asirse a algo mientras el deseo la desbordaba.Helios, sintiendo la urgencia en sus movimientos, alzó la vista hacia ella. Sus ojos turquesa, brillantes y serenos, contrastaban con la voracidad de su deseo. Sin decir palabra, se posicio
El ritmo aumentó. Las manos de Helios sujetaban firmemente las caderas de Herseis, empujándola hacia él, marcando el compás de cada acometida. Los gemidos de ambos se entrelazaban, creando una melodía privada que resonaba entre las paredes de cristal de la ducha.—Ah... ah... Helios... —jadeaba Herseis, sintiendo cómo su cuerpo se arqueaba más hacia él. Sabía que estaba cerca del clímax, pero también sentía cómo él controlaba el momento, estirando cada segundo de placer hasta llevarla al límite.Helios, sintiendo la tensión en el cuerpo de Herseis, decidió cambiar la dinámica. La giró suavemente, levantándola por las piernas y apoyándola contra el cristal. Sus cuerpos ahora estaban frente a frente, el agua caía sobre ellos, pero lo único que importaba era la conexión entre sus miradas y la sensación de él llenándola de nuevo.Herseis lo miró fijamente, sus ojos brillaban con deseo mientras se aferraba a sus hombros. La fuerza de Helios la sostenía en el aire, permitiéndole abandonarse
Herseis revisó su celular y moldeó una sonrisa sutil. Caminó varias calles, debido a que no debían verlos y fue hacia el auto de Helios donde la esperaba. Entró con normalidad y le dio un suave beso en los labios, ligero y corto, solo un saludo.Helios le regaló un chocolate y una flor. Había estado expectante todo el día para volver a verla. El coche se puso en marcha.El auto avanzaba suavemente por las calles, mientras Herseis miraba por la ventana, sumida en una mezcla de nervios y curiosidad. A pesar de la naturaleza secreta de su relación, en ese momento se sentía en paz. El simple gesto de Helios, ofreciéndole un chocolate y una flor, la había conmovido más de lo que esperaba. Aquella pequeña flor era una promesa de algo más, de un cuidado y una atención que jamás había experimentado antes, y el chocolate le hizo recordar que, aunque su relación con Helios fuera algo inesperado y prohibido, había espacio para los placeres sencillos.Al llegar al hospital privado, un edificio im
—Gracias —dijo ella de forma melancólica e invadida por el sentimentalismo.Helios la llevó a un restaurante. Fueron guiados por un grupo excepcional, pero él fue quien le ofreció le silla a ella. Disfrutaron el aperitivo ya la hora del plato principal era una de las comidas que fueron sugeridas por el nutricionista, ya que era su manera de expresar lo comprometido que estaba con el asunto.El ambiente en el restaurante era elegante, con una luz tenue que creaba una atmósfera íntima. La decoración era minimalista, pero sofisticada, y la música suave que sonaba de fondo añadía un toque de serenidad. Herseis se acomodaba en su silla, observando a Helios frente a ella, consciente de cómo cada detalle había sido minuciosamente planeado. El hecho de que él hubiera incluido uno de los platos sugeridos por el nutricionista en la comida de esa noche no pasó desapercibido para ella. Era un recordatorio constante del compromiso que él tenía con su bienestar, de que todo lo que estaba cargado de
Así, fue a la recámara y se quitó su vestido, quedando desnuda. Su figura, esbelta y delicada, irradiaba sensualidad. Su piel blanca, casi translúcida, tenía un brillo satinado bajo la luz tenue, y cada curva parecía estar esculpida con precisión. Sus hombros, delgados pero marcados, caían con elegancia hacia sus brazos, mientras que su espalda dibujaba una suave curva descendente, marcada sutilmente por los omóplatos que se asomaban con cada movimiento. Las líneas de su cuerpo fluían con gracia, desde su cuello delgado hasta la base de su columna vertebral.Bajó la vista hacia su pecho, modesto pero firme. Sus senos, de proporciones perfectas para su figura, se alzaban suavemente, apenas acariciados por la luz. Su piel tersa se tensaba bajo la presión de sus propias manos, mientras repasaba con delicadeza sus contornos, recordando lo que era sentirse deseada, admirada. Eran años de olvido los que llevaba a cuestas, años en los que había relegado su propio cuerpo a la indiferencia, pe
Los ojos de Helios descendieron por su figura, notando cómo las medias negras, que cubrían sus piernas largas y esbeltas, ascendían por sus muslos hasta donde el liguero se conectaba con la braga de encaje. Esa prenda, apenas una sombra que dejaba más al descubierto de lo que ocultaba, cubría su sexo de una manera que solo añadía más erotismo al conjunto. La forma en que las caderas de Herseis se curvaban bajo la delicada tela era un recordatorio de lo femenina, de lo increíblemente sensual que era, y Helios se sintió completamente hipnotizado.A pesar de que su cuerpo estaba cubierto por esas prendas, la piel expuesta de su abdomen y caderas lo llamaba con una fuerza irresistible. El encaje no hacía más que resaltar las suaves líneas de su vientre plano, ese pequeño hueco de su ombligo que parecía pedir ser tocado, acariciado. Cada músculo bajo su piel se tensaba levemente con la respiración contenida de ella, y Helios podía ver el esfuerzo de Herseis por mantener la compostura. Era