Herseis revisó su celular y moldeó una sonrisa sutil. Caminó varias calles, debido a que no debían verlos y fue hacia el auto de Helios donde la esperaba. Entró con normalidad y le dio un suave beso en los labios, ligero y corto, solo un saludo.Helios le regaló un chocolate y una flor. Había estado expectante todo el día para volver a verla. El coche se puso en marcha.El auto avanzaba suavemente por las calles, mientras Herseis miraba por la ventana, sumida en una mezcla de nervios y curiosidad. A pesar de la naturaleza secreta de su relación, en ese momento se sentía en paz. El simple gesto de Helios, ofreciéndole un chocolate y una flor, la había conmovido más de lo que esperaba. Aquella pequeña flor era una promesa de algo más, de un cuidado y una atención que jamás había experimentado antes, y el chocolate le hizo recordar que, aunque su relación con Helios fuera algo inesperado y prohibido, había espacio para los placeres sencillos.Al llegar al hospital privado, un edificio im
—Gracias —dijo ella de forma melancólica e invadida por el sentimentalismo.Helios la llevó a un restaurante. Fueron guiados por un grupo excepcional, pero él fue quien le ofreció le silla a ella. Disfrutaron el aperitivo ya la hora del plato principal era una de las comidas que fueron sugeridas por el nutricionista, ya que era su manera de expresar lo comprometido que estaba con el asunto.El ambiente en el restaurante era elegante, con una luz tenue que creaba una atmósfera íntima. La decoración era minimalista, pero sofisticada, y la música suave que sonaba de fondo añadía un toque de serenidad. Herseis se acomodaba en su silla, observando a Helios frente a ella, consciente de cómo cada detalle había sido minuciosamente planeado. El hecho de que él hubiera incluido uno de los platos sugeridos por el nutricionista en la comida de esa noche no pasó desapercibido para ella. Era un recordatorio constante del compromiso que él tenía con su bienestar, de que todo lo que estaba cargado de
Así, fue a la recámara y se quitó su vestido, quedando desnuda. Su figura, esbelta y delicada, irradiaba sensualidad. Su piel blanca, casi translúcida, tenía un brillo satinado bajo la luz tenue, y cada curva parecía estar esculpida con precisión. Sus hombros, delgados pero marcados, caían con elegancia hacia sus brazos, mientras que su espalda dibujaba una suave curva descendente, marcada sutilmente por los omóplatos que se asomaban con cada movimiento. Las líneas de su cuerpo fluían con gracia, desde su cuello delgado hasta la base de su columna vertebral.Bajó la vista hacia su pecho, modesto pero firme. Sus senos, de proporciones perfectas para su figura, se alzaban suavemente, apenas acariciados por la luz. Su piel tersa se tensaba bajo la presión de sus propias manos, mientras repasaba con delicadeza sus contornos, recordando lo que era sentirse deseada, admirada. Eran años de olvido los que llevaba a cuestas, años en los que había relegado su propio cuerpo a la indiferencia, pe
Los ojos de Helios descendieron por su figura, notando cómo las medias negras, que cubrían sus piernas largas y esbeltas, ascendían por sus muslos hasta donde el liguero se conectaba con la braga de encaje. Esa prenda, apenas una sombra que dejaba más al descubierto de lo que ocultaba, cubría su sexo de una manera que solo añadía más erotismo al conjunto. La forma en que las caderas de Herseis se curvaban bajo la delicada tela era un recordatorio de lo femenina, de lo increíblemente sensual que era, y Helios se sintió completamente hipnotizado.A pesar de que su cuerpo estaba cubierto por esas prendas, la piel expuesta de su abdomen y caderas lo llamaba con una fuerza irresistible. El encaje no hacía más que resaltar las suaves líneas de su vientre plano, ese pequeño hueco de su ombligo que parecía pedir ser tocado, acariciado. Cada músculo bajo su piel se tensaba levemente con la respiración contenida de ella, y Helios podía ver el esfuerzo de Herseis por mantener la compostura. Era
Herseis se arrodilló frente a él, su mirada recorriendo con deseo el cuerpo desnudo de Helios, hasta que sus ojos se posaron en la última prenda que lo cubría. Con un gesto suave, deslizó el bóxer hacia abajo, liberando al fin esa "virtud" que había estado oculta hasta ese momento. La visión de su masculinidad, erguida y firme frente a ella, hizo que su aliento se detuviera por un segundo. Era imponente, una imagen de poder y deseo que la dejó fascinada. Sintió cómo su propia excitación se intensificaba al ver aquello tan cerca de su rostro.Un ligero jadeo escapó de sus labios, mientras dejaba caer un hilo de saliva sobre la punta, permitiendo que resbalara lentamente por toda su longitud. No pudo evitar sentir una oleada de excitación al ver cómo la saliva brillaba sobre la piel de Helios, su firmeza contrastando con la suavidad de su toque. Herseis lo envolvió con sus labios, dejándose llevar por la textura de su virilidad, la dureza bajo su lengua. Comenzó a mover su boca con lent
Herseis sonrió de manera sutil, disfrutando de la reacción que había provocado en él. Sabía que Helios no había imaginado jamás verla así, en esa posición, y ahora que lo había hecho, su mirada decía mucho más de lo que cualquier palabra podría expresar. Por primera vez en años, se sentía completamente deseada, completamente en control de su feminidad y su poder. Cada fibra de su ser vibraba con una nueva energía, y esa conexión con Helios, nacida del deseo y la entrega mutua, solo la hacía sentir más viva.El sonido de sus respiraciones pesadas llenaba el aire entre ellos, mezclado con el aroma almizclado del placer recién liberado. Helios seguía jadeando ligeramente, aún recuperándose de la intensidad de su orgasmo, mientras ella permanecía arrodillada, contemplando su obra maestra con una mezcla de satisfacción y expectación. Sabía que esto solo era el comienzo.Herseis se soltó los broches del liguero con dedos temblorosos pero decididos, sintiendo cómo la tensión de las medias ve
Después de varios minutos en ese frenesí suspendido, Helios la colocó con suavidad en el piso. Sus manos, grandes y seguras, desabrocharon la bata de encaje que cubría a Herseis, dejando que la tela cayera al suelo como una nube desvaneciéndose al atardecer. Ella, sin dudarlo, se inclinó hacia adelante, apoyándose en la silla. La postura la hacía parecer una felina, lista para recibir el siguiente embate, su espalda arqueada y la piel tersa expuesta, como un paisaje bajo la luz de la luna. Helios no pudo evitar admirar la curva de su espalda, el brillo de su piel bajo la tenue luz, y la forma en que sus caderas se elevaban, esperándolo con deseo.—Ah… oh… —gemía Herseis, su voz rompiéndose en el aire como las olas al chocar contra la orilla, mientras él comenzaba a embestirla nuevamente con más ímpetu.Helios la arremetía con una fuerza controlada, pero intensa. Cada movimiento era un choque, una colisión que resonaba en la habitación como un eco de aplausos firmes, el sonido de sus c
Helios y Herseis llevaron a cabo la ceremonia de boda civil y en privado de ellos. Ella usó un vestido negro y un velo. Allí firmaron el contrato de conveniencia. Él ya había pagado las deudas, así que la razón principal que quedaba era que tuvieron hijos. Describe la escena. Luego celebran su noche de bodas con una intensa velada de pasión que los sofoca. Describe nuevas posiciones.Ambos se encontraban en una pequeña sala privada de un lujoso juzgado, listos para llevar a cabo su boda civil. El ambiente era solemne, íntimo, con solo unas pocas personas presentes, todos de confianza absoluta. Aunque no había un despliegue fastuoso de flores ni decoraciones exuberantes, el espacio estaba impregnado de una elegancia simple, casi sobria, que reflejaba la naturaleza de su relación: discreta, pero cargada de poder y deseo.Herseis vestía un vestido negro, una elección poco convencional, pero perfecta para la ocasión. La tela se ajustaba a su cuerpo de manera impecable, destacando su esbel