—Eres bella —murmuró él en su oído, con su voz grave y entrecortada.Herseis abrió los ojos lentamente, con su respiración aún agitada, pero esbozó una pequeña sonrisa.Luego, se secaron lentamente, aun ardiendo con el fuego de la pasión que acababan de compartir en la ducha. No había palabras entre ellos, solo miradas intensas, cargadas de deseo y promesas silenciosas. La habitación estaba envuelta en una penumbra suave, iluminada por la tenue luz que se filtraba por las cortinas. Sin embargo, esa oscuridad no lograba ocultar la lujuria que brillaba en los ojos de ambos.Helios la tomó de la mano, conduciéndola hacia la cama con una firmeza que no admitía resistencia. Herseis lo siguió, sus piernas aún temblorosas por el reciente éxtasis, pero su mente y cuerpo estaban lejos de estar satisfechos. Quería más, mucho más. No había fin para el deseo que ardía dentro de ella, un deseo que no solo estaba alimentado por la atracción física, sino por la mezcla tóxica de rabia y venganza que
Herseis, recuperándose, lo miró a los ojos turquesas, y por primera vez en mucho tiempo, sintió una chispa de esperanza y fulgor, como si hubiera vuelto a la vida. Aunque, tal vez solo era producto del rencor, odio y enojo que experimentaba por la traición de su Edán, que se había casado con otra, luego de haber tenido hijos con ella. La humillación de su suegra, sus cuñadas y la lastimas de sus allegados. Era una bomba de tiempo que había explotado con ese jovencito que la había tratado con cariño, amabilidad y cortesía.—Sí, antes de ser madre quiero ser mujer, su mujer, su amante, su novia, su esposa —confesó Herseis. Si había alguien a quien debía entregarse era a él, ese hombre que la había ayudado. Incluso, años atrás cuando era un niño.El pecado y la inmoralidad solo la excitaban todavía más. Se puso sobre él, mientras estaba acostado. Se puso ahorcajadas y acomodó el duro talento de Helios en su interior. Comenzó a cabalgar por su propia cuenta. Necesita hacerlo hasta perder
Herseis había olvidado el calor, la satisfacción y el placer de estar viva. Durmió de forma profunda y descasó de forma grata. A la mañana siguiente se despertó cansada. Admiró al hombre que estaba acostada detrás de ella. Salió del lecho, desnuda. Había marcas de chupetones en su piel. Caminaba con pesadez y con dificultad, con las piernas separadas, debido al ímpetu y fuerza con la que Helios la había asaltado. Era más grade, firme y vigoroso. Además, había pasado mucho desde que había tenido relaciones y su cuerpo debía acostumbrarse y adaptarse a una nueva virtud de mayor longitud, grosor y temple. Fue al baño, se cepilló, se lavó la cara y se bañó. En toalla, fue a uno de los armarios. Cogió un bóxer y una camisa negra de Helios. Fue la cocina, se puso un delantal, revisó la nevera y se dispuso a preparar el desayuno.Helios se despertó sintiendo el frío de las sábanas a su lado. El calor del cuerpo de Herseis, que había estado junto a él durante la noche, ya no estaba presente.
Herseis se apoyaba en el mesón de la cocina, sus manos aferrándose al borde mientras su cuerpo recibía las acometidas constantes de Helios. Su respiración era rápida, irregular, cada embestida la hacía gemir con más intensidad. El sonido de sus jadeos llenaba el espacio, pero en ese momento, todo lo demás desapareció. No existía la cocina, ni el penthouse, ni el mundo exterior; solo el ardiente contacto de sus cuerpos unidos y el placer desenfrenado que la consumía.Los pensamientos de Herseis eran insostenibles. ¿Debía contenerse? Esa pregunta pasaba fugazmente por su mente, pero se desvanecía con cada nueva oleada de placer que la atravesaba. El peso de la moralidad, las reglas sociales, la diferencia de edad, todo eso parecía desvanecerse en el calor de ese momento. Después de tantos años de decepción, dolor y traición, ¿qué importaba lo correcto o incorrecto? ¿No había sufrido suficiente ya, siendo fiel a las expectativas de los demás? Sus ojos se cerraban involuntariamente, su cu
Las embestidas aumentaban en velocidad y profundidad, y Herseis lo sentía en cada fibra de su ser. El placer la invadía por completo, tanto que sus pensamientos sobre lo que era moral o correcto se disipaban como humo en el aire. Solo importaba el ahora, el sentirlo tan cerca, tan profundo, llenándola de una manera que no había experimentado en años. "Ah... más... más..." El calor en su vientre subía en espiral, y cuando creyó que no podía soportar más, el clímax llegó, explotando dentro de ella en una tormenta de sensaciones. Sus manos temblaron, sus gemidos se volvieron incontrolables, y su cuerpo entero se sacudió mientras alcanzaba el punto máximo del placer.Helios la siguió, acelerando su ritmo hasta el momento en que también perdió el control. La apretó contra él, su cuerpo tenso mientras alcanzaba su propio clímax. Su respiración se volvió un gruñido ahogado, y cuando finalmente ambos llegaron al límite, se quedaron en esa posición por unos segundos, respirando con dificultad,
Los pensamientos de Herseis fluctuaban entre la realidad y el placer. Sabía que lo que estaban haciendo era incorrecto desde un punto de vista moral, pero la forma en que él la hacía sentir, la forma en que su cuerpo respondía al suyo, borraba cualquier noción de pudor o remordimiento. Cada acometida de Helios la hundía más en el éxtasis, y su mente se aferraba a esa sensación.Helios disfrutaba del control que ejercía sobre ella, pero también de la sensación de estar tan profundamente conectado con Herseis. Cada movimiento suyo la hacía gemir, y esos sonidos lo llenaban de una satisfacción que iba más allá del simple placer físico. Su respiración se volvía más rápida, más irregular, pero él no tenía prisa. Quería prolongar cada segundo, cada sensación, mientras sus cuerpos se movían en perfecta armonía.Finalmente, el clímax llegó para ambos, y Herseis se apoyó completamente en la barandilla, su cuerpo aún temblando por el placer. Helios la sostuvo, su pecho contra su espalda mientra
Helios simplemente la miró con una intensidad que decía más de lo que cualquier frase podría. Sus manos fuertes la levantaron suavemente, apoyándola sobre el borde del mesón de la cocina. Desde esa posición, la vista era magnífica: la ciudad se extendía más allá de las ventanas, pero todo lo que importaba estaba en ese espacio íntimo entre ellos.Herseis se arqueó hacia atrás, su cuerpo temblando con cada movimiento de Helios. La firmeza con la que la sostenía la hacía sentir segura, como si estuviera exactamente donde necesitaba estar. Y entonces, en un movimiento fluido, él la penetró profundamente, su respiración sincronizándose con la de ella, mientras los dos se perdían en el ritmo de sus cuerpos.El tiempo parecía detenerse, y las horas pasaron sin que se dieran cuenta. Desde la cocina, su pasión los llevó a otros rincones del penthouse. Las escaleras se convirtieron en su escenario, donde Helios la sostenía contra la pared, sus manos recorriendo cada centímetro de su piel mient
La mafiosa sonrió ligeramente, en un gesto que parecía más una respuesta calculada que una verdadera muestra de emoción. Había algo en Helios que la intrigaba.—Tengo entendido que es una mujer madura. —Su tono cambió ligeramente, volviéndose más perspicaz—. ¿Le gustan mayores?Helios, con su habitual calma, asintió.—Así es.La respuesta fue directa, sin rodeos. No había nada que ocultar, ni en sus palabras ni en sus acciones. Herseis era importante para él, y lo que los demás pensaran de esa relación no tenía peso alguno en sus decisiones.—¿No tiene un amigo joven que me presente? —preguntó ella de manera astuta, un brillo en sus ojos—. Tuve que matar a mi anterior pareja. Busco un nuevo amante.Helios mantuvo su compostura, pero una ligera sonrisa cruzó sus labios.—Es posible que tenga uno. Espero presentárselo, pero no para que lo mate —dijo, su tono ligeramente más ligero, pero con la misma firmeza de siempre.La mafiosa dejó escapar una pequeña risa, una reacción inesperada en