POV : Axel Won El reloj marca las nueve y cuarenta y cinco de la noche. Afuera, la ciudad sigue latiendo con su ritmo impasible, indiferente a mi miseria. Aquí dentro, en mi oficina, solo queda el sonido del aire acondicionado con pereza y el eco de mis propios pensamientos. La luz amarilla de la lámpara ilumina los papeles desordenados sobre el escritorio, pero mis ojos no los ven. No puedo concentrarme. No puedo pensar en otra cosa que no sea ella. Debería estar concentrado en la reunión de mañana en la tarde, en los contratos que tengo que revisar, en el teléfono que vibra sobre el escritorio con mensajes de Tatiana , la mujer por la que lo dejé todo. Pero Titiana no es Carolina. Nunca lo será. En medio de mi agonia el teléfono vibra de nuevo . "Amor, ¿nos vemos para cenar? Te extraño." No respondo. No tengo ganas de verla. No tengo ganas de escuchar su voz dulce y predecible. Me levanto de la silla y camino hacia la ventana. La ciudad sigue ahí, con su vida indiferente
POV : Carolina LangfordMe desperté con la luz del sol colándose entre las cortinas. Parpadeé un par de veces, sintiendo aún el peso del sueño en mi cuerpo. Moví con cuidado la pierna derecha, aquella que más había sufrido tras el accidente. Un leve dolor me recorrió, pero nada comparado con lo que había sentido días atrás en el hospital. Respiré hondo. Estaba en casa, al fin.Me giré hacia la mesita de noche y tomé el teléfono. Casi instintivamente, revisé los mensajes. Había varios de amigos y familiares preguntando cómo me sentía, pero un nombre resaltó entre ellos: Henry . ."¿Cómo sigues? Pensé en pasar a verte. ¿Te viene bien?"Revisé la hora. Apenas las nueve de la mañana. Me mordí el labio. No esperaba visitas, pero con Henry era diferente. Siempre había sido cercano, siempre pendiente, aunque en la oficina intentara mantener la distancia profesional.Le respondí un rápido "Claro, cuando quieras" y me obligué a levantarme de la cama.—Caminé hasta la cocina con pasos lentos p
El silencio que quedó tras la salida de Eliot era denso, casi asfixiante. Carolina permaneció de pie en medio del salón, con el corazón desbocado y las manos temblorosas. Sus ojos recorrieron el desastre: la mesa corrida, los restos de café esparcidos por el suelo, y Henry aún de pie, con una mano sobre su mandíbula enrojecida.—Lo siento —murmuró ella, llevándose una mano a la frente—. No debió pasar esto.Henry soltó un suspiro largo antes de responder.—No es tu culpa, Carolina. Ese tipo tiene un problema de celos, y tarde o temprano iba a explotar.Ella negó con la cabeza, sintiendo una mezcla de culpa y agotamiento.—Aun así, no debería haber llegado a este punto. No es así como quería que… —Se interrumpió, incapaz de terminar la frase.Henry se acercó, con movimientos cautelosos, como si temiera que ella se quebrara en cualquier momento.—¿Estás bien? —preguntó, y su voz sonó más suave de lo habitual.Carolina levantó la mirada hacia él. A pesar del caos, la preocupación genuina
—Carolina… —repitió, esta vez con un matiz más oscuro en la voz.Respiré hondo, obligándome a no ceder a esa debilidad estúpida que me hacía temblar cuando estaba cerca. No iba a darle el gusto de verme flaquear. No después de todo.—¿Qué quieres, Axel? —murmuré, manteniendo la vista fija en los papeles como si fueran mi salvación.Él no respondió de inmediato. Dio un paso más cerca, lo suficiente para que su cuerpo casi rozara el mío. Esa cercanía me quemaba, me asfixiaba.—Quiero que lo dejes —espetó de golpe, con una frialdad que me heló la sangre—. Rompe tu compromiso con mi hermano.Mis manos se crisparon alrededor de los documentos, pero no levanté la cabeza. No podía mirarlo. No cuando su voz destilaba veneno y algo más… algo que no quería reconocer.—No es asunto tuyo —respondí, tratando de sonar firme.Axel soltó una carcajada seca, carente de humor.—¿No es asunto mío? —Su tono se volvió más áspero, más cruel—. ¿De verdad crees que voy a quedarme de brazos cruzados viendo có
- POV : Tercera Persona Tatiana contemplaba su reflejo en el espejo del camerino con una mezcla de satisfacción y expectación. Las luces alrededor del espejo iluminaban su rostro impecable, resaltando sus pómulos altos y sus labios perfectamente delineados de un rojo carmesí. Mientras la maquilladora deslizaba la brocha con precisión, Tatiana revisaba su teléfono con una mueca de disgusto. —¿Puedes apurarte un poco? —dijo con voz cortante—. No tengo todo el día. La maquilladora, una joven de mirada tímida, asintió nerviosa y aceleró el paso, difuminando las sombras en sus párpados. Tatiana odiaba esperar. Desde que había comenzado su relación con Mauricio, su vida se había convertido en un constante juego de control. Y a ella le encantaba tener el control. Estiró el cuello para observar el vestido que colgaba en una percha al otro lado del camerino: seda negra, ajustado, diseñado para resaltar cada curva de su cuerpo. Aquella sesión de fotos para una exclusiva revista de socied
Cuando los faros del auto de Axel iluminaron la entrada de la mansión, Tatiana ya lo esperaba en el vestíbulo. Sostenía el sobre manila entre sus dedos perfectamente cuidados, con una calma estudiada que ocultaba la tormenta dentro de ella.La puerta se abrió con un clic suave y Axel entró, su expresión impenetrable. Iba vestido con su habitual elegancia discreta: un abrigo oscuro sobre una camisa perfectamente planchada. Alto, atractivo y tan frío como el mármol que decoraba la mansión.—Llegas tarde —murmuró Tatiana, su voz suave pero cargada de veneno.—Tu sesión de fotos no iba a ninguna parte —respondió él, quitándose el abrigo con movimientos pausados.Ella ignoró la provocación y alzó el sobre ligeramente.—Esto llegó hoy —anunció, manteniendo su mirada fija en él—. Pensé que te interesaría verlo.Axel detuvo sus movimientos por un instante. Apenas una fracción de segundo, pero suficiente para que Tatiana lo notara. Se acercó con paso tranquilo y tomó el sobre de sus manos, des
Carolina llegó a su apartamento con las piernas temblorosas y el corazón pesado. Apenas pudo cerrar la puerta detrás de sí antes de deslizarse contra la madera, agotada. El encuentro con Axel la había dejado al borde del colapso. Sus palabras resonaban en su mente como un eco cruel e interminable.—"O rompes ese compromiso o te juro que te arrepentirás"—.Se abrazó las rodillas, tratando de calmar la tormenta de emociones que la azotaba. ¿Por qué volvía ahora? ¿Por qué no podía dejarla en paz después de tanto tiempo? Sabía que Axel no lanzaba amenazas vacías, pero ¿qué esperaba de ella?Su respiración era irregular, y un dolor profundo se alojaba en su pecho. Era un dolor que había creído enterrado, pero que con solo unas palabras suyas había resurgido con más fuerza.—No puedo más… —susurró para sí misma, como si admitirlo en voz alta la liberara de parte del peso que llevaba.El silencio del apartamento se rompió con el sonido del timbre. Carolina se sobresaltó, su mente aún atrapad
Al día siguiente, Carolina pasó horas intentando concentrarse en sus responsabilidades, pero su mente no dejaba de divagar. La cercanía de la cena en la mansión la mantenía inquieta. Sabía que no sería un encuentro fácil, no con Axel allí, su prometida y la mirada siempre crítica de Amanda. Cuando el reloj marcó las seis, se obligó a levantarse del sofá. No podía permitirse dudar. Con movimientos mecánicos, se dirigió al vestidor y eligió un vestido que, aunque sobrio, resaltaba su figura. Era de un azul profundo que contrastaba con su piel clara. Alisó el tejido entre sus dedos, preguntándose si era suficiente para enfrentar lo que estaba por venir. Se sentó frente al espejo y comenzó a arreglarse el cabello. Las ondas caían suavemente sobre sus hombros, enmarcando su rostro. Se maquilló con precisión, buscando un equilibrio entre elegancia y discreción. Pero nada de eso podía ocultar el temblor de sus manos o el nudo que le apretaba el estómago. El sonido del timbre la sobresaltó.