Cuando los faros del auto de Axel iluminaron la entrada de la mansión, Tatiana ya lo esperaba en el vestíbulo. Sostenía el sobre manila entre sus dedos perfectamente cuidados, con una calma estudiada que ocultaba la tormenta dentro de ella.La puerta se abrió con un clic suave y Axel entró, su expresión impenetrable. Iba vestido con su habitual elegancia discreta: un abrigo oscuro sobre una camisa perfectamente planchada. Alto, atractivo y tan frío como el mármol que decoraba la mansión.—Llegas tarde —murmuró Tatiana, su voz suave pero cargada de veneno.—Tu sesión de fotos no iba a ninguna parte —respondió él, quitándose el abrigo con movimientos pausados.Ella ignoró la provocación y alzó el sobre ligeramente.—Esto llegó hoy —anunció, manteniendo su mirada fija en él—. Pensé que te interesaría verlo.Axel detuvo sus movimientos por un instante. Apenas una fracción de segundo, pero suficiente para que Tatiana lo notara. Se acercó con paso tranquilo y tomó el sobre de sus manos, des
Carolina llegó a su apartamento con las piernas temblorosas y el corazón pesado. Apenas pudo cerrar la puerta detrás de sí antes de deslizarse contra la madera, agotada. El encuentro con Axel la había dejado al borde del colapso. Sus palabras resonaban en su mente como un eco cruel e interminable.—"O rompes ese compromiso o te juro que te arrepentirás"—.Se abrazó las rodillas, tratando de calmar la tormenta de emociones que la azotaba. ¿Por qué volvía ahora? ¿Por qué no podía dejarla en paz después de tanto tiempo? Sabía que Axel no lanzaba amenazas vacías, pero ¿qué esperaba de ella?Su respiración era irregular, y un dolor profundo se alojaba en su pecho. Era un dolor que había creído enterrado, pero que con solo unas palabras suyas había resurgido con más fuerza.—No puedo más… —susurró para sí misma, como si admitirlo en voz alta la liberara de parte del peso que llevaba.El silencio del apartamento se rompió con el sonido del timbre. Carolina se sobresaltó, su mente aún atrapad
Al día siguiente, Carolina pasó horas intentando concentrarse en sus responsabilidades, pero su mente no dejaba de divagar. La cercanía de la cena en la mansión la mantenía inquieta. Sabía que no sería un encuentro fácil, no con Axel allí, su prometida y la mirada siempre crítica de Amanda. Cuando el reloj marcó las seis, se obligó a levantarse del sofá. No podía permitirse dudar. Con movimientos mecánicos, se dirigió al vestidor y eligió un vestido que, aunque sobrio, resaltaba su figura. Era de un azul profundo que contrastaba con su piel clara. Alisó el tejido entre sus dedos, preguntándose si era suficiente para enfrentar lo que estaba por venir. Se sentó frente al espejo y comenzó a arreglarse el cabello. Las ondas caían suavemente sobre sus hombros, enmarcando su rostro. Se maquilló con precisión, buscando un equilibrio entre elegancia y discreción. Pero nada de eso podía ocultar el temblor de sus manos o el nudo que le apretaba el estómago. El sonido del timbre la sobresaltó.
Al salir del baño, Carolina intentó recomponerse. No podía permitirse mostrar debilidad, no frente a esa familia que parecía disfrutar de cada uno de sus tropiezos. Caminó de regreso al salón con la cabeza en alto, ignorando el temblor residual que el encuentro con Axel le había dejado.Eliot la recibió con una sonrisa cálida, aunque sus ojos no perdían el brillo de preocupación.—¿Estás bien? —susurró, rozando su cintura con delicadeza.—Sí, solo necesitaba un momento —respondió, esforzándose por sonar convincente.Al otro lado del salón, Axel se mantenía cerca de Tatiana, aunque su mirada permanecía anclada en Carolina. Una sombra oscura cruzó por su rostro al verla regresar junto a su hermano.Tatiana, por su parte, no perdía detalle. Sabía que algo había pasado y no iba a quedarse de brazos cruzados. Se acercó a Axel, deslizando su brazo por el suyo con una familiaridad calculada.—¿Todo bien, amor? —preguntó en un susurro venenoso, asegurándose de que Carolina pudiera escucharla.
Esa misma noche, Carolina se debatía entre la razón y el deseo. El encuentro con Axel la había dejado al borde de un precipicio del que no estaba segura de poder regresar. Pero tenía claro algo: no podía ceder. No otra vez.Se aferró a esa determinación mientras se preparaba para dormir. Pero cuando su teléfono vibró en la mesita de noche, el presentimiento de que algo malo estaba por suceder le recorrió el cuerpo.Un mensaje. De Axel.Lo abrió con un nudo en el estómago, pero lo que vio le heló la sangre.Era una foto. Su madre, con los ojos vendados y las manos atadas, sentada en una silla dentro de una habitación de hotel.El corazón de Carolina comenzó a golpear con fuerza en su pecho mientras deslizaba el dedo con desesperación. Otro mensaje llegó enseguida:"Si quieres volver a verla, rompe el compromiso con Eliot. Te espero en el hotel Tifon . No tardes."El aire pareció escaparse de sus pulmones. Las manos le temblaban mientras marcaba el número de su madre, pero fue en vano.
Carolina retrocedió de inmediato, su corazón martilleando con fuerza en el pecho. La expresión de Axel se había transformado en algo más oscuro, más peligroso.—No te atrevas… —advirtió con la voz quebrada, intentando sonar firme, aunque el miedo se deslizaba por cada palabra.Axel sonrió de lado, esa sonrisa cruel que siempre usaba para ocultar lo que realmente sentía. Dio un paso hacia ella, y luego otro más, acortando la distancia que Carolina intentaba mantener.—¿Por qué? —susurró—. ¿Acaso no lo deseas también? No me mientas, Carolina… Tu cuerpo siempre me lo decía todo.—¡No soy tuya! —gritó ella, con un temblor de furia y pánico—. ¡Nunca más!Él se detuvo en seco. Por un instante, la habitación pareció sumirse en un silencio absoluto, tan pesado que apenas podía respirar. Pero entonces, Axel soltó una carcajada baja y amarga, como si sus palabras no hubieran hecho más que avivar el fuego dentro de él.—¿Eso es lo que quieres creer? —murmuró, acercándose de nuevo—. Pero yo sé la
Tatiana caminaba de un lado a otro en la amplia habitación de la mansión, su mente ardiendo de furia. La luz de la luna se filtraba por los ventanales, proyectando sombras alargadas sobre las paredes decoradas con elegancia. En su mano derecha, su teléfono temblaba. Acababa de recibir unos audios que le habían quitado el aliento.—No puede ser… —susurró, sintiendo cómo su piel se erizaba.El remitente de los audios era un número desconocido. Al principio pensó que sería algún error o una broma sin sentido, pero cuando los escuchó, su mundo entero se tambaleó. Era la voz de Axel, su prometido, el hombre con el que iba a casarse en tan solo dos meses.Pero lo que decía en esos audios la llenaba de un odio que jamás había sentido.Primer audio:"No puedo sacarla de mi cabeza, ¿entiendes? Carolina sigue aquí, en cada rincón de mi mente. Es una enfermedad, lo sé, pero no quiero curarme. La amo como nunca podré amar a otra mujer. Ni siquiera a Tatiana. Ella solo es un escape, un intento pat
Carolina estaba sentada en el suelo de su apartamento, abrazando sus rodillas, con la mirada perdida en la pared frente a ella. La luz tenue de una lámpara iluminaba el pequeño espacio, proyectando sombras alargadas sobre los muebles. Su pecho subía y bajaba con respiraciones agitadas, y su mente era un torbellino de pensamientos oscuros. Axel lo había cumplido. Siempre decía que si ella no volvía con él, la haría sufrir de la peor manera posible. Y ahora, le creía rotundamente y mas cuando secuestro a su madre . - Tenia miedo de lo que el pudiera volver a hacer . Las lágrimas corrían por sus mejillas sin que ella hiciera el intento de secarlas. Una sensación de vacío la carcomía por dentro, como si alguien hubiera arrancado un pedazo de su alma. Pensó en su madre y en las palabras tan duras que le habia dicho unos dias atras . Un sonido fuerte la sacó de sus pensamientos. ¡BOOM! El pasillo se sacudió con una explosión. La puerta de su apartamento tembló violentamente, y e