Al día siguiente, Carolina pasó horas intentando concentrarse en sus responsabilidades, pero su mente no dejaba de divagar. La cercanía de la cena en la mansión la mantenía inquieta. Sabía que no sería un encuentro fácil, no con Axel allí, su prometida y la mirada siempre crítica de Amanda. Cuando el reloj marcó las seis, se obligó a levantarse del sofá. No podía permitirse dudar. Con movimientos mecánicos, se dirigió al vestidor y eligió un vestido que, aunque sobrio, resaltaba su figura. Era de un azul profundo que contrastaba con su piel clara. Alisó el tejido entre sus dedos, preguntándose si era suficiente para enfrentar lo que estaba por venir. Se sentó frente al espejo y comenzó a arreglarse el cabello. Las ondas caían suavemente sobre sus hombros, enmarcando su rostro. Se maquilló con precisión, buscando un equilibrio entre elegancia y discreción. Pero nada de eso podía ocultar el temblor de sus manos o el nudo que le apretaba el estómago. El sonido del timbre la sobresaltó.
Al salir del baño, Carolina intentó recomponerse. No podía permitirse mostrar debilidad, no frente a esa familia que parecía disfrutar de cada uno de sus tropiezos. Caminó de regreso al salón con la cabeza en alto, ignorando el temblor residual que el encuentro con Axel le había dejado.Eliot la recibió con una sonrisa cálida, aunque sus ojos no perdían el brillo de preocupación.—¿Estás bien? —susurró, rozando su cintura con delicadeza.—Sí, solo necesitaba un momento —respondió, esforzándose por sonar convincente.Al otro lado del salón, Axel se mantenía cerca de Tatiana, aunque su mirada permanecía anclada en Carolina. Una sombra oscura cruzó por su rostro al verla regresar junto a su hermano.Tatiana, por su parte, no perdía detalle. Sabía que algo había pasado y no iba a quedarse de brazos cruzados. Se acercó a Axel, deslizando su brazo por el suyo con una familiaridad calculada.—¿Todo bien, amor? —preguntó en un susurro venenoso, asegurándose de que Carolina pudiera escucharla.
Esa misma noche, Carolina se debatía entre la razón y el deseo. El encuentro con Axel la había dejado al borde de un precipicio del que no estaba segura de poder regresar. Pero tenía claro algo: no podía ceder. No otra vez.Se aferró a esa determinación mientras se preparaba para dormir. Pero cuando su teléfono vibró en la mesita de noche, el presentimiento de que algo malo estaba por suceder le recorrió el cuerpo.Un mensaje. De Axel.Lo abrió con un nudo en el estómago, pero lo que vio le heló la sangre.Era una foto. Su madre, con los ojos vendados y las manos atadas, sentada en una silla dentro de una habitación de hotel.El corazón de Carolina comenzó a golpear con fuerza en su pecho mientras deslizaba el dedo con desesperación. Otro mensaje llegó enseguida:"Si quieres volver a verla, rompe el compromiso con Eliot. Te espero en el hotel Tifon . No tardes."El aire pareció escaparse de sus pulmones. Las manos le temblaban mientras marcaba el número de su madre, pero fue en vano.
Carolina retrocedió de inmediato, su corazón martilleando con fuerza en el pecho. La expresión de Axel se había transformado en algo más oscuro, más peligroso.—No te atrevas… —advirtió con la voz quebrada, intentando sonar firme, aunque el miedo se deslizaba por cada palabra.Axel sonrió de lado, esa sonrisa cruel que siempre usaba para ocultar lo que realmente sentía. Dio un paso hacia ella, y luego otro más, acortando la distancia que Carolina intentaba mantener.—¿Por qué? —susurró—. ¿Acaso no lo deseas también? No me mientas, Carolina… Tu cuerpo siempre me lo decía todo.—¡No soy tuya! —gritó ella, con un temblor de furia y pánico—. ¡Nunca más!Él se detuvo en seco. Por un instante, la habitación pareció sumirse en un silencio absoluto, tan pesado que apenas podía respirar. Pero entonces, Axel soltó una carcajada baja y amarga, como si sus palabras no hubieran hecho más que avivar el fuego dentro de él.—¿Eso es lo que quieres creer? —murmuró, acercándose de nuevo—. Pero yo sé la
Tatiana caminaba de un lado a otro en la amplia habitación de la mansión, su mente ardiendo de furia. La luz de la luna se filtraba por los ventanales, proyectando sombras alargadas sobre las paredes decoradas con elegancia. En su mano derecha, su teléfono temblaba. Acababa de recibir unos audios que le habían quitado el aliento.—No puede ser… —susurró, sintiendo cómo su piel se erizaba.El remitente de los audios era un número desconocido. Al principio pensó que sería algún error o una broma sin sentido, pero cuando los escuchó, su mundo entero se tambaleó. Era la voz de Axel, su prometido, el hombre con el que iba a casarse en tan solo dos meses.Pero lo que decía en esos audios la llenaba de un odio que jamás había sentido.Primer audio:"No puedo sacarla de mi cabeza, ¿entiendes? Carolina sigue aquí, en cada rincón de mi mente. Es una enfermedad, lo sé, pero no quiero curarme. La amo como nunca podré amar a otra mujer. Ni siquiera a Tatiana. Ella solo es un escape, un intento pat
Carolina estaba sentada en el suelo de su apartamento, abrazando sus rodillas, con la mirada perdida en la pared frente a ella. La luz tenue de una lámpara iluminaba el pequeño espacio, proyectando sombras alargadas sobre los muebles. Su pecho subía y bajaba con respiraciones agitadas, y su mente era un torbellino de pensamientos oscuros. Axel lo había cumplido. Siempre decía que si ella no volvía con él, la haría sufrir de la peor manera posible. Y ahora, le creía rotundamente y mas cuando secuestro a su madre . - Tenia miedo de lo que el pudiera volver a hacer . Las lágrimas corrían por sus mejillas sin que ella hiciera el intento de secarlas. Una sensación de vacío la carcomía por dentro, como si alguien hubiera arrancado un pedazo de su alma. Pensó en su madre y en las palabras tan duras que le habia dicho unos dias atras . Un sonido fuerte la sacó de sus pensamientos. ¡BOOM! El pasillo se sacudió con una explosión. La puerta de su apartamento tembló violentamente, y e
Axel salió del edificio con Carolina en brazos, su respiración acelerada y su corazón desbocado. No podía perderla. No ahora.—¡Llamen una ambulancia! —gritó a los guardias que esperaban afuera.Uno de ellos sacó su radio y pidió asistencia médica de inmediato. Mientras tanto, Axel la subió a su coche y presionó un pañuelo contra la herida en su costado, tratando de detener la hemorragia.—No me hagas esto, Carolina… —murmuró, con los dientes apretados.Ella apenas abrió los ojos, pero no pudo responder.Axel aceleró, rompiendo semáforos y esquivando autos, mientras marcaba en su teléfono.—Tyron—dijo en cuanto su asistente respondió—. Quiero a ese bastardo tras las rejas.—Se encargará la policía, señor.—¡No es suficiente! —bramó Axel—. Quiero que lo hundan. Que no vuelva a ver la luz del sol.—Ya tenemos pruebas de su intento de asesinato, secuestro y agresión. Su condena será larga.Axel inspiró hondo, tratando de calmar su rabia.—Quiero que encuentres a la persona que lo envió.
Eliot manejaba a toda velocidad por la ciudad, con el corazón desbocado y los nudillos blancos de tanto apretar el volante. El teléfono sonaba en altavoz mientras intentaba contactar a Carolina por enésima vez."El número que usted marcó está apagado o fuera del área de servicio."La desesperación se clavó en su pecho como una garra afilada.—¡Maldición, Carolina, contéstame! —gruñó, golpeando el volante con furia.Desde la noche anterior, había estado buscándola sin descanso. No había señales de ella en ninguna parte. Intentó tranquilizarse, decirse a sí mismo que tal vez solo había olvidado cargar su celular. Pero algo en su instinto le decía que no era un simple descuido.Decidió ir primero a su apartamento. Tal vez estaba enferma o simplemente no quería hablar con nadie. Pero cuando estacionó frente al edificio y vio la escena ante él, el aire abandonó sus pulmones.El piso de Carolina estaba en ruinas.Los bomberos aún estaban allí, apagando los últimos focos de humo. Las ventana