En la mente de Takashi, la indignación crecía como una tormenta. ¿Cómo podían los padres de Mia haber sido tan crueles, tan insensibles a sus propios deseos y necesidades? La prepararon para el matrimonio, la despojaron de su niñez y de la inocencia que la acompañaba con tan solo 11 años, la sola idea de que alguien pudiera hacerle tal cosa a Mia, a su Mia, era insoportable.Su rostro se oscureció aún más, sus mandíbulas se apretaron al punto de que los músculos de su cuello se tensaron de forma visible, sus ojos, normalmente cálidos y serenos, ahora reflejaban una furia contenida, una tormenta de emociones que amenazaba con desbordarse, pero no queria asustar a Mia por lo que intentó respirar profundamente, apretó los puños con fuerza, tanto que sus nudillos se pusieron blancos. La intensidad de sus sentimientos casi lo sobrepasó, pero logró mantener la compostura, al menos en apariencia.— Takashi, ¿estás bien? — preguntó Mia con preocupación, notando cada uno de los cambios en él,
Mia apretaba sus manos con fuerza, sus nudillos blancos eran testigos del esfuerzo que hacía para no romper en llanto, quito su mirada de Takashi, para clavarla en un punto fijo del suelo, como quien busca una hormiga, como quien busca una razón a tanto pesar, mientras sus labios temblaban levemente, revelando la tormenta interna que la consumía. Takashi observaba cada detalle de su postura, la rigidez de su espalda, la manera en que sus hombros se encogían como si intentara protegerse del dolor que las palabras y los recuerdos traían consigo.— Chocar con el señor Mirko cambió todo. — Mia murmuró, con apenas un susurro ahogado por la angustia, al recordar ese momento, sus ojos se llenaban de lágrimas que luchaban por no caer, sabía que a partir de ahora cada palabra sería un puñal que se clavaria en su alma, reviviendo el dolor de su pasado.Takashi la miraba con el corazón encogido, deseando poder absorber parte de ese dolor, de esa carga que su esposa llevaba tan pesada sobre sus h
Takashi no pensaba permitir que Aiko expusiera las costumbres de su familia de castigar a sus integrantes cuando estos cometían un error, claro que eso no aplicaba a los esposos, aun así, sabía que Mia se asustaría, si algo como eso fuese dicho, por lo que comenzó a caminar tomando la mano de su esposa, y esta lo siguió en silencio.Mia se subió al vehículo, tomando asiento junto a Takashi y Richard en la parte trasera, mientras Song y Francisco se acomodaban en la parte delantera, y a penas sus puertas fueron cerradas, el vehículo comenzó a moverse, atravesando los inmensos jardines que conectaban las diferentes villas de la familia Zhao con la Casa Grande.El silencio era sepulcral, roto únicamente por el rugido del motor y el crujir de los neumáticos en el camino de grava. Richard, con una expresión de preocupación, se volvió hacia Takashi, incapaz de continuar guardando silencio.— Takashi, creo que Mia debe saber porque Shen castigo a las chicas. — Takashi lo fulmino con una mira
El sol del medio día brillaba intensamente en el jardín de la villa de la familia Zhao, y Mia podria haberse detenido a admirar la belleza de aquel lugar, que era incluso mayor, a la que poseía el jardín de su nuevo hogar junto a Takashi, pero el ver a sus cuñadas de rodilla, y sosteniendo cada una dos cubetas de agua, con sus brazos en alto, la hizo perder foco de la belleza que la rodeaba.— Esto… — Mia quedo sin aire, y al fin Takashi la alcanzo, no era tanto el castigo físico lo que la detuvo, más bien fue la humillación, porque alrededor del bello jardín, al reparo de la sombra de los árboles del bosque, no solo estaba la familia Zhao al completo, también estaba un gran grupo de empleados, siendo observadores en primera fila de la humillación a las que Shen había sometido a las jóvenes. — Es muy cruel. — finalizó la joven con un hilo de voz.— No tienes nada que temer. — le aseguro el mayor tomando su rostro entre sus grandes manos. — Mi familia jamás te castigaría a ti, esto es
El sol hacia brillar el césped del jardín, iluminando el escenario perfecto para una danza gitana y Mia, dejo que el ritmo musical ingresara por cada poro de su piel, impregnando su alma una vez más, con su cabello rubio como el mismo sol y agradeciendo el llevar una falda de seda roja que, si bien no era como la que usaba su gente, si se asemejaba, comenzó a moverse, como una llama viva, se colocó en el centro del jardín, bajo la mirada atenta de todos los miembros de la familia Zhao.Shen, Dalia y Rene se encontraban en primera fila de los espectadores, sus ojos fijos en Mia con una mezcla de curiosidad y expectación. La apuesta había sido hecha, Mia debía engañar a los mayores de la familia Zhao, debía demostrar que ella los podía engañar, el tema era que los mayores no creían que con un baile lo lograría, ¿Cómo podían dejar de ver a Mia como alguien que necesita ayuda? ¿y pasar a verla como alguien a la que se le debe tener cuidado? Para ellos ya era una apuesta ganada, e incluso
La familia Zhao estaba más que sorprendida, no solo por el actuar de Mia, con su baile que al menos ellos encontraron exótico, al igual que los empleados, también era el hecho de que la joven no los veía mal, no reclamaba ni con la mirada el castigo al que Shen había sometido a sus cuñadas, y así, bajo el asombro y curiosidad, el almuerzo comenzó.— Entonces… — Mei podía no ser la cabeza del tigre y entre sus hermanos Shen y Huang, ser la menor, pero, aun así, la cabecera de la mesa estaba ocupada por ella, la primer mujer que fue nombrada cabeza del tigre blanco, la que le demostró a sus enemigos, ser mas sanguinaria y osada que cualquier hombre que guiara al clan anteriormente. — Ese baile, es muy interesante. — dijo dejando salir el asombro en cada palabra.— Gracias, es un baile de mi gente. — reconoció mientras Takashi llenaba su plato con una variedad de alientos que a Mia se le hacían deliciosos con solo verlos.— ¿De tu gente? — pregunto curioso Shen.— Soy gitana. — reconoció
Por unos breves segundos que a Takashi se le hicieron eternos, Mia no respondió y el silencio floto por el lugar, y aunque la mente del mayor trataba de pensar en algo, que llevara la conversación en otra dirección, la pregunta de Lira se repetía en su mente, como un eco burlesco de lo que él queria y no saber.— No. — dijo en voz baja la joven, pero fue como si lo gritara, ante el silencio que había en el lugar. — No hubo rosas para nadie. — tantas cosas pasaban por las mentes de los presentes, sin embargo, Takashi solo podía notar que Mia no sentía culpa, por no llegar virgen al matrimonio, ni pena, en sus ojos solo podía ver dudas. — En mi caso, el pañuelo no fue puesto sobre las sábanas en la noche de bodas. — cada gesto de sus labios, la forma en la que se retraían y sus dientes quedaban más expuestos, todo dejaba en claro que ni el matrimonio, ni nada de lo que había sucedido, le agradaba a la joven o así sea lo toleraba.— ¿Cómo? — indago con justa curiosidad Haru, y de pronto
Takashi estaba perdido en la pasión del momento, al sentir a Mia entre sus grandes manos, la forma en la que sus nalgas se ajustaban a la perfección y él podía apretarlas como siempre lo soñó, estaba delirando a medida que la lengua de Mia descubría la suya, su deseo mas profundo era llevarla contra un tronco y recordando las cicatrices de Mia y que estaban en medio del camino que llevaba a su villa, el arrojarla al suelo y desvestirla para lamerla entera, no era una opción, por lo que dejo riendas sueltas a su lujuria.Con un cuidado extremo, Takashi apoyo sobre un gran tronco a su esposa, que jadeaba en busca de aire.— Eres una conejito muy traviesa. — advirtió viéndola con los ojos oscurecidos por la pasión, a la vez que una de sus manos, elevaba la gran falda que las manitas le habían puesto a su señora. — Aun no eres consciente de la necesidad permanente que tengo de devorarte. — aseguro el mayor colando uno de sus dedos en el interior de Mia quien gimió fuerte.— Por favor Taka