Takashi estaba perdido en la pasión del momento, al sentir a Mia entre sus grandes manos, la forma en la que sus nalgas se ajustaban a la perfección y él podía apretarlas como siempre lo soñó, estaba delirando a medida que la lengua de Mia descubría la suya, su deseo mas profundo era llevarla contra un tronco y recordando las cicatrices de Mia y que estaban en medio del camino que llevaba a su villa, el arrojarla al suelo y desvestirla para lamerla entera, no era una opción, por lo que dejo riendas sueltas a su lujuria.Con un cuidado extremo, Takashi apoyo sobre un gran tronco a su esposa, que jadeaba en busca de aire.— Eres una conejito muy traviesa. — advirtió viéndola con los ojos oscurecidos por la pasión, a la vez que una de sus manos, elevaba la gran falda que las manitas le habían puesto a su señora. — Aun no eres consciente de la necesidad permanente que tengo de devorarte. — aseguro el mayor colando uno de sus dedos en el interior de Mia quien gimió fuerte.— Por favor Taka
Al fin la pasión y el deseo, al igual que la necesidad, habían desaparecido, la mente de Mia se aclaró casi de inmediato, comprendiendo lo que había sucedido, ella en verdad había tenido intimidad en medio del bosque, no podía creer aquello, pero sin dudas así era.— Lo ves, no eres más que una puta, no vales ni lo que comes.La voz de Mirko resonaba cual trueno en su cabeza, mientras Mia se sentía abrumada por la vergüenza y la culpa, aun estaban junto a la pequeña laguna, por lo cual sus ropas estaban mojadas, y a riesgo de verse tan sucia a como se sentía, se apartó de Takashi y se cubrió el rostro con las manos, tratando de explicarle lo que había sucedido.— Lo siento, Takashi — fue lo primero que salió de sus labios. — No fue mi intención actuar de esa forma. — aseguro con la voz temblorosa viendo su falda mojada, y sabiendo que lo que escurría entre sus piernas era la semilla de Takashi. — No sé qué me pasó. — su angustia era tal que incluso causaba dolor el oírla, y Takashi la
Las manitas que cuidaban a Mia no bajaron la guardia y adoptaron una postura de pelea. Una de ellas, con movimientos fluidos y precisos, se posicionó frente a Francisco, lista para bloquear cualquier intento de ataque y cuando este se puso de pie, pues había permanecido arrodillado a una distancia prudente de Mia, una de las manitas con un rápido movimiento, lanzó un golpe dirigido a inmovilizarlo, pero Francisco, aunque estaba drogado, se movió ágilmente, esquivando el ataque.La otra manita, empleando una técnica de barrido, intentó derribar a Francisco, pero él, en su estado de desesperación, logró mantener el equilibrio. A pesar de sus habilidades, Francisco no mostraba signos de querer pelear; sus lágrimas y súplicas lo evidenciaban, además Mia no olvidaba que ese hombre era el esposo de Akira, por lo que decidió intervenir.— Esperen. — pidió con firmeza, aunque la voz le temblaba un poco. — Él no quiere hacerme daño.— Pero señora, él irrumpió en su hogar. — rebatió más que mol
Takashi:Soy el carnicero del clan, se dice que del tigre blanco, soy una de las garras mas fuertes, insensible, despiadado, loco, un demonio sin alma, sin corazón, y pueden apostar lo que deseen que eso era… hasta que la conocí, Mia, si incluso su nombre me lo decía, ella era Mia, era lo que el destino me había designado, pequeña, rubia, con las estrellas pintadas en las mejillas, aunque muchos las llamarían pecas, para mí no lo eran, para mi eran estrellas en sus mejillas y tabique, setenta y cuatro pecas, dijo ella una vez, aunque si sumamos las casi invisibles, ochenta y dos, serian su totalidad, sus pestañas, eran largos abanicos que cubrían sus ojos, esos que brillaban con el sol, y titilaban con la luna, Mia, mía era la condena a la que estaba destinado al oír todo lo que esos bastardos le hicieron, no fue fácil, ni para mi ni para ella, pero ya lo sabia de antemano, la desolación que había en sus bellos ojos, la había visto antes, en uno que otro infeliz cuando ya se veían con
Mia:¿Alguna vez te has sentido como una niña? Ya sabes, en el buen sentido de la palabra, ¿alguna vez alguien te cepillo el cabello con cuidado, aunque tú lo pudieras hacer? ¿Alguien te arropo como si tu no fueses capaz de hacerlo? Se que puede sonar un poco tonto, pero… es lindo, recuerdo que de niña, mi madre no tenia mucho tiempo para mí, aunque supongo que cuando era un bebé si dedicaba de su tiempo a mi cuidado, pero luego, eran tantas las cosas que debía hacer, la casa era grande, aunque en su mayoría estaba hecha de trozos de maderas, y plástico, quizás por ello necesitaba ser limpiada a todo momento, el viento traía la tierra y la lluvia se filtraba por el techo de chapas de cartón al igual que los insectos, si, esa maldita casa ocupaba el tiempo de todos para limpiarla, y aun así, parecía sucia, entonces, allí estaba yo, una niña que pesaba menos que la escoba, y las pocas veces que alguien me peinaba eran mis hermanas, no podria culparlas, apenas y teníamos jabón para limpi
Mia:— Dormía con una cadena en el cuello, estacada en el patio de la mansión, junto a los perros que cuidaban el lugar, se me permitía entrar solo a limpiar y a atender a la familia Herrera, no se me tenia permitido ver a la cara a nadie de la familia, tampoco podía hablar, y por supuesto, no podía comer lo mismo que ellos, mucho menos sentarme a la mesa… — trago con fuerza, al recordar la humillación de ella, una mujer, que se suponía debía ser como mi madre. — Ofelia, la madre de Mirko… tomaba su té sentada frente a mí, asegurándose que comiera en cuatro patas, sin usar mis manos…ella debía ser como una madre para mí, pero en lugar de escucharme, llevaba a sus amigas a que me vieran comer como si fuese un perro. — Takashi me aprisiona entre sus brazos, con tanta fuerza que creo que me matara, pero no me quejo, lo dejo y solo puedo pegarme más a él, estoy segura con Takashi, él no me desprecia.— Cómo es que tus padres… lo permitieron. — su voz suena rara, no sabría decir si alguna
Takashi se quedó en silencio mientras Mia terminaba su relato, un silencio que no solo hacía eco en la habitación, sino que resonaba en cada rincón de su ser, no podía mantener su mascara de jefe bromista, mucho menos podía pensar en hacer o decir algo estúpido para distraer a la joven del claro dolor que había en sus ojos, eso era lo que lo estaba sacando de quicio, la manera en que los ojos de Mia habían dejado de brillar, Takashi podía jurar que el alma de su amada ya no estaba allí, solo quedaba un caparazón del ser hermoso que una vez fue, pero él lo solucionaría, aunque no ahora, no cuando las palabras de Mia eran un tormento y cada sílaba dicha un golpe al corazón.— Takashi.su voz era apenas un susurro y Takashi supo que lo había perdido, el control del cual tan orgulloso estaba se había ido por un caño, y prueba de ello era la mirada cargada de preocupación y temor de Mia, aun así, no podía hablar, no cuando su mente y su cuerpo querían salir de la villa, y buscar así sea po
Takashi tomó la mano de Mia con suavidad y la llevó al baño, ella lo siguió en silencio, con los ojos aun brillando con la humedad de las lágrimas recientes, en completo silencio, con movimientos lentos y cuidadosos, comenzó a lavar su rostro, limpiando cada rastro de dolor visible, aunque sabía que la pena de su alma, seria más difícil de quitar, aun así se esforzaría, mientras Mia solo dejo salir un suspiro pesado, cerró los ojos, dejando que el agua tibia y las manos reconfortantes de Takashi hicieran su labor.—Ya está, conejito —dijo él con ternura, su voz apenas en un susurro—. Todo estará bien, de hoy en adelante, ya no tienes por qué preocuparte, por ahora descansemos y mañana será un nuevo día para solucionar todo. — la rubia asintió, y se pego mas a él, sintiendo la protección de ese hombre, por solo estar a su lado.Takashi la llevó de regreso a la cama y ambos se acomodaron bajo las sábanas, aunque el mafioso la abrazó con fuerza, como si quisiera protegerla del mundo ente