Fazio. Crucero Sovereing, de Pullmantur, Batía, Córcega. 2024. Un pitido en mi móvil, y años entrenamiento para estar alerta ante cualquier ruido, me hizo despertarme justos cuando ya habíamos atracado en el puerto de Batía, y antes de que despertara mi futura esposa. Durante la noche aprendí algo que me serviría más adelante, en mi matrimonio, y que me costó que apenas durmiera unas horas, despertándome en varias ocasiones con patadas, o golpes que me arrinconaban a un lado, y todo por culpa de mi inquieta compañera de cama, esta valiosa lección consistía en que cuanto más mantenía a esa salvaje bella durmiente entre mis brazos, con su cabeza pegada a mi pecho, menos se movía, e inquieta se mostraba. Tras una noche incomoda, con cierto dolor muscular en mis brazos, decidí levantarme para mirar el móvil, y evitarme otro enfrentamiento, con la beligerante cirujana, por colarme en su cama, mientras dormía. Cuando revisé mi teléfono, me di cuenta de que era un mensaje de mi cuñado
Coorah. Bar Restaurante Point de vue de Délices, Batía, Córcega. 2024. -” ¿Podemos hablar de cómo resolveremos el que mañana desaparezcas del barco? Dijiste que tenías un plan, pero hasta ahora no has soltado prenda, “Cariño” ¿No crees ya es hora?”- pregunté al fin, mientras almorzábamos en un precioso restaurante, con vistas al mar, que estaba en lo alto de una de las colinas que rodeaba Batía, y que ofrecía unas vistas espectaculares de la bahía, y del propio Batía. La verdad es que no había pensado en ello, hasta que noté que estaba disfrutando de nuestra pequeña excursión, por el precioso pueblo costero de la bella Córcega. Algo que hacía años que no me pasaba con el verdadero Carlos, y por varias razones. La principal era porque vivíamos a cientos de kilometros uno de otro, por no hablar de que ya había descubierto el por qué, cuando lo iba a visitar, estaba tan “ocupado”, según él, “con su trabajo”. Lo que más me había sorprendido de todo, es lo que me estaba pasando, desde
Coorah. Bar Restaurante Point de vue de Délices, Batía, Córcega. 2024. Pero algo pasó que hizo que la expresión de su cara cambiara, de pronto se puso serio alejándose de mí, incorporándose de la mesa, mientras cogía su móvil, fue en ese momento cuando me di cuenta de que ese maldito aparato estaba sonando. -” Dios mío que demonios te pasa, tienes que tener un problema hormonal o algo, tantos años si sexo te tienen desquiciada, ¿Cómo demonios puedes quedarte así, embobada y babeando, deseando que hombre que apenas conoces de hace dos días, vuelva a devorar tu boca? ¡Estás enferma!”- me dije mientras disimulaba mirar el paisaje, eludiendo al hombre que hablando bajo en italiano, comenzó a alejarse de la mesa, hasta desaparecer, al mismo tiempo que yo trataba de controlar la rojes de mis mejillas, antes de que terminara llena de pecas incomodas. Tarde unos segundos en volver a recomponerme, mientras buscaba una forma de comportarme con madures, era normal desear a un hombre tan atra
Fazio. Rue de la colline du nord , Batía, Córcega. 2024. -” Ponte en contactó con los hombres encargados de la seguridad de mi esposa. Que la mantengan lejos al cerdo que la persigue, yo personalmente me encargaré de él.”- le dije a Renzo, a través de nuestro chat seguro. -” ¡Maldita sea, Fazio! ¿Por qué te estás arriesgando tanto, después de estos casi diez años? Estamos a un día de lograr nuestro objetivo, si cometes un error, no sólo te descubrirás, sino que, también. la puedes poner en peligro a ella, deja que tus hombres se encarguen de protegerla, sin intentar nada.”- me respondió Renzo, por el chat, con cierta indignación. Por un segundo frené mi avance, sabía que tenía bastante razón, no sabíamos si habíamos llamado la atención de alguna manera, despertando un interés innecesario sobre nosotros, si eso era así, muy probablemente, Coorah pasaría a estar ya en radar de Costa, algo que era peligroso, por lo menos hasta que no tuviera la protección inviolable de ser la esposa
Fazio. En el sótano, oscuro y sucio de algún edificio abandonado en un callejón cualquiera de la soleada Batía, Córcega. 2024. -” Despiértenlo, me gusta que estén despiertos cuando los torturo.”- Ordené a mis cuatro hombres, que estaban allí, en ese momento. Avancé despacio hacia el único punto de luz que había en el húmedo y oscuro sótano, y que iluminaba al hombre inconsciente, que colgaba de un gancho por donde estaba atadas las cuerdas que sujetaban sus muñecas, mientras el colgaba inerte, al no poder sostenerse de pie, me quité la chaqueta, y me remangué las mangas de la mi camisa, pensaba hacerlo yo mismo. -” Señor De Falco, este idiota, por lo visto, tenía otras intenciones, con la señora De Falco, distintas a la de vigilarla, lo cogimos intentando colarse en el probador que, en ese momento, usaba la señora para probarse algunas prendas, en una boutique de ropa interior.”- me dijo uno de los capodecime de mi familia, mientras otro de mis hombres le arrojaba un cubo de agua
Coorah. Crucero Sovereing, de Pullmantur, Batía, Córcega. 2024. -” ¿En qué momento me he vuelto tan valiente? ¿Por qué estoy dejando que tome las riendas de mis decisiones, a esta loca atrevida que me mete en tantos líos?”- me pregunté mientras cerraba la puerta del baño, tras echar, de muy malas maneras, a esa obra de arte, hecho hombre, que acaba de hacer que se me desconectara la mente, por unos segundos. -” ¡Que burla que soy!, y eso que me las doy de mujer moderna y cosmopolita, todo tranquilidad. ¿Cómo se te ocurre decirle a ese Adonis, que es como cualquier hombre?, ¿Qué no tiene nada que pueda sorprenderte?”- murmuré mientras trataba, inútilmente, de que mi mente borrara la imagen que aún me hacía arder la piel. No tenía que mirarme al espejo para saber que, todo mi cuerpo, estaba cubierto de pequeñas motas oscuras con un fondo rojo, pero ¿cómo se puede olvidar a un hombre así?, ni siquiera la mujer pervertida que se esconde en mi interior, ha podido imaginar a un hombre t
Coorah. Crucero Sovereing, de Pullmantur, Batía, Córcega. 2024. Terminé de retocarme el maquillaje, y con un suspiro tras colocar la pequeña caja en mi bolso de fiesta, y colocarme la estola negra de terciopelo, que me había comprado esa tarde, en mis hombros, miré la imagen que me devolvía el enorme espejo de cuerpo entero, que estaba una de las paredes que estaba cerca de la puerta de salida. Definitivamente había valido la pena la pequeña fortuna que me había gastado en ese vestido, y en los complementos, que había elegido ese día en una de las boutiques que visité con Fazio, ni siquiera dejé que Fazio me pagara mi ropa, aunque insistió, esto era algo que sólo podía hacer yo, mientras fuera soltera, no quería provecharme aún más de él. En el espejo se reflejaba la imagen, de una preciosa mujer, nada delgada, pero con curvas alucinantes, a las alturas de sus caderas, y un pronunciado y tentador busto que ni sabía que tenía, todo cubierto por un vestido rojo de una tela preciosa,
Fazio. Crucero Sovereing, de Pullmantur, Batía, Córcega. 2024. En ese momento, mientras la besaba, la verdad, no las tenía todas conmigo, por mucho que quisiera convencerme de qué esto se convertiría en lo que yo estaba buscando, un verdadero matrimonio, una unión duradera y sincera, como la que tuvieron mis padres, antes del fallecimiento de mi madre, había muchos baches, y recodos, que podrían dar con todo al traste. Yo he nacido en esta familia, me crie, y me criaron, para ser el Don de la familia De Falco, y aunque algunos herederos de muchas de estas familias, que se dedican a los mismos negocios que la mía, donde la extorción, el tráfico de influencias, el contrabando de todo tipo, excepto el de drogas, otra de las ordenes que mi padre recibió de su esposa, mi madre, las apuestas y el juego, los préstamos de usura, así como la corrupción política, están a la orden del día, no lo hacen por gusto, sino porque es lo único que conocen. Yo, por el contrario, crecí deseando ser el