Coorah. Bar Restaurante Point de vue de Délices, Batía, Córcega. 2024. Pero algo pasó que hizo que la expresión de su cara cambiara, de pronto se puso serio alejándose de mí, incorporándose de la mesa, mientras cogía su móvil, fue en ese momento cuando me di cuenta de que ese maldito aparato estaba sonando. -” Dios mío que demonios te pasa, tienes que tener un problema hormonal o algo, tantos años si sexo te tienen desquiciada, ¿Cómo demonios puedes quedarte así, embobada y babeando, deseando que hombre que apenas conoces de hace dos días, vuelva a devorar tu boca? ¡Estás enferma!”- me dije mientras disimulaba mirar el paisaje, eludiendo al hombre que hablando bajo en italiano, comenzó a alejarse de la mesa, hasta desaparecer, al mismo tiempo que yo trataba de controlar la rojes de mis mejillas, antes de que terminara llena de pecas incomodas. Tarde unos segundos en volver a recomponerme, mientras buscaba una forma de comportarme con madures, era normal desear a un hombre tan atra
Fazio. Rue de la colline du nord , Batía, Córcega. 2024. -” Ponte en contactó con los hombres encargados de la seguridad de mi esposa. Que la mantengan lejos al cerdo que la persigue, yo personalmente me encargaré de él.”- le dije a Renzo, a través de nuestro chat seguro. -” ¡Maldita sea, Fazio! ¿Por qué te estás arriesgando tanto, después de estos casi diez años? Estamos a un día de lograr nuestro objetivo, si cometes un error, no sólo te descubrirás, sino que, también. la puedes poner en peligro a ella, deja que tus hombres se encarguen de protegerla, sin intentar nada.”- me respondió Renzo, por el chat, con cierta indignación. Por un segundo frené mi avance, sabía que tenía bastante razón, no sabíamos si habíamos llamado la atención de alguna manera, despertando un interés innecesario sobre nosotros, si eso era así, muy probablemente, Coorah pasaría a estar ya en radar de Costa, algo que era peligroso, por lo menos hasta que no tuviera la protección inviolable de ser la esposa
Fazio. En el sótano, oscuro y sucio de algún edificio abandonado en un callejón cualquiera de la soleada Batía, Córcega. 2024. -” Despiértenlo, me gusta que estén despiertos cuando los torturo.”- Ordené a mis cuatro hombres, que estaban allí, en ese momento. Avancé despacio hacia el único punto de luz que había en el húmedo y oscuro sótano, y que iluminaba al hombre inconsciente, que colgaba de un gancho por donde estaba atadas las cuerdas que sujetaban sus muñecas, mientras el colgaba inerte, al no poder sostenerse de pie, me quité la chaqueta, y me remangué las mangas de la mi camisa, pensaba hacerlo yo mismo. -” Señor De Falco, este idiota, por lo visto, tenía otras intenciones, con la señora De Falco, distintas a la de vigilarla, lo cogimos intentando colarse en el probador que, en ese momento, usaba la señora para probarse algunas prendas, en una boutique de ropa interior.”- me dijo uno de los capodecime de mi familia, mientras otro de mis hombres le arrojaba un cubo de agua
Coorah. Crucero Sovereing, de Pullmantur, Batía, Córcega. 2024. -” ¿En qué momento me he vuelto tan valiente? ¿Por qué estoy dejando que tome las riendas de mis decisiones, a esta loca atrevida que me mete en tantos líos?”- me pregunté mientras cerraba la puerta del baño, tras echar, de muy malas maneras, a esa obra de arte, hecho hombre, que acaba de hacer que se me desconectara la mente, por unos segundos. -” ¡Que burla que soy!, y eso que me las doy de mujer moderna y cosmopolita, todo tranquilidad. ¿Cómo se te ocurre decirle a ese Adonis, que es como cualquier hombre?, ¿Qué no tiene nada que pueda sorprenderte?”- murmuré mientras trataba, inútilmente, de que mi mente borrara la imagen que aún me hacía arder la piel. No tenía que mirarme al espejo para saber que, todo mi cuerpo, estaba cubierto de pequeñas motas oscuras con un fondo rojo, pero ¿cómo se puede olvidar a un hombre así?, ni siquiera la mujer pervertida que se esconde en mi interior, ha podido imaginar a un hombre t
Coorah. Crucero Sovereing, de Pullmantur, Batía, Córcega. 2024. Terminé de retocarme el maquillaje, y con un suspiro tras colocar la pequeña caja en mi bolso de fiesta, y colocarme la estola negra de terciopelo, que me había comprado esa tarde, en mis hombros, miré la imagen que me devolvía el enorme espejo de cuerpo entero, que estaba una de las paredes que estaba cerca de la puerta de salida. Definitivamente había valido la pena la pequeña fortuna que me había gastado en ese vestido, y en los complementos, que había elegido ese día en una de las boutiques que visité con Fazio, ni siquiera dejé que Fazio me pagara mi ropa, aunque insistió, esto era algo que sólo podía hacer yo, mientras fuera soltera, no quería provecharme aún más de él. En el espejo se reflejaba la imagen, de una preciosa mujer, nada delgada, pero con curvas alucinantes, a las alturas de sus caderas, y un pronunciado y tentador busto que ni sabía que tenía, todo cubierto por un vestido rojo de una tela preciosa,
Fazio. Crucero Sovereing, de Pullmantur, Batía, Córcega. 2024. En ese momento, mientras la besaba, la verdad, no las tenía todas conmigo, por mucho que quisiera convencerme de qué esto se convertiría en lo que yo estaba buscando, un verdadero matrimonio, una unión duradera y sincera, como la que tuvieron mis padres, antes del fallecimiento de mi madre, había muchos baches, y recodos, que podrían dar con todo al traste. Yo he nacido en esta familia, me crie, y me criaron, para ser el Don de la familia De Falco, y aunque algunos herederos de muchas de estas familias, que se dedican a los mismos negocios que la mía, donde la extorción, el tráfico de influencias, el contrabando de todo tipo, excepto el de drogas, otra de las ordenes que mi padre recibió de su esposa, mi madre, las apuestas y el juego, los préstamos de usura, así como la corrupción política, están a la orden del día, no lo hacen por gusto, sino porque es lo único que conocen. Yo, por el contrario, crecí deseando ser el
Coorah. Crucero Sovereing, de Pullmantur, Batía, Córcega. 2024. -” Tengo la sensación de que desde que conozco a este maldito Adonis Italiano, no hago más que ruborizarme, este idiota, está haciendo que mi sistema vascular, alimentado por las sensaciones que despiertan en mí, activando las diferentes hormonas en mi cuerpo, que lo hace trabajar más de lo debido.”- pensé mientras seguía a ese hombre, esquivando las miradas de muchos de los pasajeros que, descaradamente, no podían evitar sonreír, al reconocernos como la pareja que se había comprometido, hacía unas horas, en el mismo vestíbulo del crucero. La actitud de Fazio, al dirigirnos al camarote, era la de hombre interesante, seguro de sí mismo, e inalcanzable, con esa personalidad fría, que despierta el interés de cualquier mujer, mientras caminaba, sin afectarle los comentarios de las personas que nos salían al paso, que nos miraban, señalándonos, en algunas ocasiones, entre risas mal disimuladas, y miradas de emoción. Al mis
Fazio. Crucero Sovereing, de Pullmantur, Batía, Córcega. 2024. -” ¡Debemos, detenernos ahora! Antes que sea demasiado tarde”- pude decir a duras penas, mientras sentía como mi fuego interior, y ese deseo incontrolable por poseer a mi mujer esa noche, me ahogaba, ni siquiera podía mirarla, o todo mi autocontrol saltaría por los aires. No podía permitirme ceder a mis deseos, no si antes no hablábamos, nos sin que Coorah supiera quien era yo realmente, tomarla, sin ser sincero, sería como burlarme de ella. Intenté imprimir algo de cordura a las necesidades que ella había despertado en mí, no recordaba haber deseado tanto a una mujer, como deseaba, en ese momento, a la futura señora De Falco, ni sentir tanto dolor, al tratar de controlar ese deseo, hasta el punto de que me era imposible estar cerca de ella, sin dejarme llevar, sin perder el control de mi parte racional, para intentar hacerla mía toda la noche. -” ¿Qué problema hay en que nos dejemos llevar? ¿Qué nos despidamos esta ú