Snuff - Slipknot

Snuff - Slipknot

Abrí los ojos con un dolor terrible detrás de la nuca, parecía que había dormido una eternidad y cuando quise moverme lo único que logré fue sentir como mi cuerpo estaba sujeto con un cinturón.

-Buenos días preciosa. - tenía una enorme sonrisa, pero no parecía llegarle a los ojos.

Mire a todos lados y no estaba en mi habitación, tampoco estaba en mi casa. “¿Qué está pasando?, ¿Lena?”.

Pero no hubo respuesta entonces sentí el pánico crecer.

-¿Dónde estamos?. - la mirada de Marcus fue de indignación.

-Pensé que te daría gusto estar conmigo en casa. -

-¿Dónde está mi familia?. - la expresión de Marcus cambió rápidamente. No parecía contento con lo que pregunte.

-¡Yo soy tu familia ahora!. -

Miré a todos lados y el pequeño jet en el que viajabamos tenía un aroma ligeramente conocido. Le pertenecía a una empresa de lobos, para viajar sin problemas por nuestros cambios o problemas de manada. No había más personas, solo una sobrecargo que me miraba con lástima cuando paso a dejar unas bebidas. 

-¿En dónde estamos?. - le pregunté con miedo.

Pero ella volvió a ver a Marcus; algo la asusto y salió huyendo del lugar.

-Estás conmigo, soy tu compañero y eso es todo lo que importa. - su voz ya no sonaba calmada ni tampoco paciente. Era por completo otro hombre. Intenté soltarme del cinturón pero entonces sentí la mano de Marcus ponerse sobre la mía, levanté la vista y ahí estaba emergiendo de entre las sombras al hombre que me había convencido en mi casa - Si tanto quieres saberlo, te lo diré. Tus padres recibieron una dote por tu mano, así que ahora llevo a mi compañera a casa. No necesito el permiso de nadie. -

Eso sonaba imposible, mis papas no me vendieron. Es algo completamente ilógico, buscábamos evitar que nuestro secreto cayera en manos peligrosas o que nuestra línea de sangre se mezclara con la de cualquiera.

-Quiero hablar con mis padres, por favor. -

Pero él no dijo nada, me ofreció uno de los vasos de agua que la sobrecargo trajo.

-Primero calmate, luego te dejaré hablar con ellos. - le di un trago al vaso y espere. Lo vi hablar por móvil y luego ir a la cabina; cuando le di el segundo trago de agua comencé a sentir que algo iba mal.

Mire el agua y acerque el vaso a la nariz, oliendo con fuerza. Había puesto algo, algo que no conocía y comencé a sentirme mareada hasta que finalmente todo se nublo.

-Descansa preciosa, pronto estaremos en casa. -

La oscuridad que me envolvió fue la peor pesadilla de cualquier persona cuerda, mi cuerpo ya no me pertenecía.

Pude sentir como las serpientes se arremolinaban a mi alrededor enredándose en mis extremidades, buscando morderme. Cada sensación de vacío en mi alma salió a flote cuando me faltó el aire y lo único que pude hacer fue correr.

En la completa oscuridad y sin rumbo, corrí tan rápido como mis piernas me lo permitieron, pude escuchar a lo lejos la voz de Lena gritando por ayuda y eso me hizo entender la magnitud de mi situación.

Ella jamás pediría ayuda. Es una guerrera.

Pude apenas distinguir lo suficiente para verla colgada de los brazos, sangraba de la cara y sus ojos vacíos solo pudieron enfocarse lo suficiente para notarse.

-Corre. - 

Salí huyendo en la oscuridad mientras la escuchaba ser torturada, sus gritos de dolor eran desgarradores. Nisiquiera sabia de que corría, no sabía a donde iba; solo sabía que lo que estuviera pasando era muy malo por que Lena no estaba conmigo.

Su presencia y su fuerza habían desaparecido. 

Cuando el cansancio y el miedo me habían consumido, abrí los ojos. Estaba en una cama, la habitación era sencilla y apenas entraba luz por la ventana; no reconoci ningún aroma a mi alrededor y cuando intente ponerme en pie mi cuerpo se sentía débil, temblaba.

La puerta se abrió, una mujer mayor iba entrando acompañada de una joven, vestían ropa de trabajo y se sorprendieron de verme despierta. 

-Dile al Alfa que despertó. - la chica iba de camino a la puerta cuando levanté la mano con todas mis fuerzas.

-¡NO!, ¡NO LE HABLEN A MARCUS!. - ambas se quedaron clavadas en su lugar. Me miraban confundidas pero no se movieron, la joven asomó la cabeza por la puerta mirando a ambos lados antes de cerrarla. 

-¿Cómo te llamas?. - la mujer mayor parecía entender que algo me pasaba porque avanzo despacio dando tiempo para adaptarme.

Me sentía confundida y parpadeaba con lentitud, mire a todos lados buscando familiaridad, lógica o algo que me ayudara.

-Abigail. -

-Soy Delia y ella es Melinda, nos encargamos de la Luna. ¿Que Marcus te trajo?. - esa pregunta me sonaba lógica; quizás por que algo me pasaba. 

-¿Cuántos Marcus hay?.- dije estúpidamente.

-Uno malo y otro aterrador. - la joven llamada Melinda trago saliva asustada. 

“Ahora lo entendí, eso me había pasado. Uno de esos Marcus me había traído aquí y deduje que había sido él aterrador”.

-Debe alertarte. - pero fue interrumpida por alguien que entró a la habitación casi derribando la puerta, era una mujer demasiado delgada para estar sana, con la mirada vidriosa y el cabello rojo grasoso. Llevaba un vestido de animal print bastante feo que apenas se mantenía en su lugar por lo delgada que estaba.

-¡Vaya! ya despertó la señora. - se cruzó de brazos antes de mirar a las dos mujeres en la habitación. - ¿¡qué hacen ahí paradas!?, traigan ropa para cubrirla, sería una vergüenza que la vean así. - las mujeres corrieron al ropero y buscaron algo dentro.

Había ropa de muchas tallas, pero casi todas demasiado grandes para mi, incluso siendo yo gruesa.

Aún me sentía desorientada, así que cuando Delia se acerco a dejar la ropa en la cama yo apenas la note.

-Muévete maldita vaca, tenemos cosas que hacer.- eso me hizo reaccionar. 

-¿Cómo me acabas de llamar?. - dije quedamente.

La asquerosa mujer se me acercó y me abofeteó.

-¡MALDITA VACA!. - sentí el escozor del golpe en la mejilla, jamás me había abofeteado antes, mucho menos llamado vaca.

Me puse de pie como pude y me pare frente a la mujer, le sacaba casi una cabeza; la tomé del cuello con fuerza apretandoselo.

-Cometiste un grave error. - la pastosa mujer intentó forcejear pero no podía contra mi; con Leña o sin ella, yo tenía años de entrenamiento. Cualquier droga que hubieran usado para mantenerme controlada solo me mantuvo confundida pero no débil.

Estaba por romperle el cuello cuando Marcus y otro hombre entraron a la habitación. Entonces todo fue confuso, ambos se abalanzaron sobre mí, pude sentir como me golpeaban con fuerza y solté a la mujer. 

Sentí algo clavarse en mi cuello y  cuando reaccioné, me di cuenta que me habían clavado una aguja.

-Parece ser que necesito educarte. - la voz de Marcus salió cargada de  veneno, caí de rodillas antes de poder siquiera hacer algo. Estaban en el suelo cuando el siguiente golpe me llenó la boca de sangre.

Caí boca arriba en el suelo mientras luchaba por respirar, escuché las risas de la mujer pastosa antes de que todo se oscureciera.

Pero las sensaciones persisten, en la oscuridad sentía cada golpe y patada; el olor a sangre en mi nariz era cada vez más fuerte.

-Suficiente; la necesito viva. - 

Las voces se fueron amortiguando hasta que todo quedó en silencio.

“¿En donde estaba?, ¿Quién era este hombre que había logrado engañarme?, debí confiar en mis instintos y no dejarme llevar por el hecho de que era mi compañero. Ahora estamos solas, no; estoy sola. ¿Lena?, ¿Me escuchas?.”

Pero solo pude escuchar sus lamentos y alaridos de dolor.

-Pobre niña, a donde vino a caer. Rápido Mel, trae agua y compresas. - 

Todo fue intermitente; los sonidos, las imágenes y la luz; estar en esa oscuridad fue terriblemente doloroso, más que los golpes.

Ya no había esa sonrisa traviesa que vi en la fiesta de mi manada. Había caído en la trampa de un monstruo; estaba lejos de mi familia y sin poderme defender.

Había una parte de mi que dolía y sangraba sin parar. Mi corazón roto.

-Ayudame.- dije quedamente. Y sentí la mano de alguien acariciándome la cabeza.

-Resiste. - 

Y todo fue oscuridad total.

Lena estaba ahí parada en la oscuridad mirando el vacío.

“Lena”

“Nos quiere romper”

“¿Quien?”

“El macho que dice llamarse Marcus”

Cuando volteo a verme tenía los ojos llenos de sangre. 

Desperté ahogando un grito, estaba tirada en una cama andrajosa; parecía que había estado ahí varios días, todo olía a sucio, sangre y sudor. Intenté levantarme pero solo logré sentir dolor.

-No te esfuerces Abigail. - la voz de Mélinda llegó de algún lado en el suelo. Estaba recargada contra la pared cercana a la puerta.

-¿Qué está pasando?. - Intenté moverme pero tenía unos grilletes  en las manos.

-Pasa que ahora somos esclavas en este infierno.- levantó las mangas de su camisa y pude ver los mismos grilletes.

-¿Qué?, ¿De qué hablas?.- 

-Ellos por poco te matan a golpes, pero ocupan una Luna para guardar las apariencias.- 

Sus palabras me hicieron recordar lo que había pasado.

-¿Anoche?. - estaba buscándole sentido a todo.

-No, hace una semana.- la vi recargar la cabeza contra el muro completamente derrotada.

“Diosa, ¿Porque me haces esto a mi?” y comencé a llorar con amargura.

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