Siempre estuve acostumbrado a estar solo. De hecho, no me molesta. En cierto punto creo que eso me ha hecho fuerte.
Desde que tengo memoria fui educado para ser un guerrero. Mi familia es famosa por ello. Mi abuelo solía contarme historias de sus aventuras de hace muchos años atrás, en la época de la segunda gran guerra. El junto con otros guerreros provenientes de Eldoria lucharon en las montañas puño de hierro. Me contaba con orgullo como sometieron a los maestros enanos e invadieron Dourheim, la gran fortaleza y orgullo de los enanos. Gracias a sus actos mi abuelo trajo los grandes conocimientos que ahora son el orgullo de Ironhelm. Siempre admire a mi abuelo. Incluso más que mi propio padre. Debido al gran éxito de la forja en Ironhelm, para cuándo mi padre tuvo edad de enlistarse al ejército de Eldiora ya no hubo necesidad de hacerlo. De hecho, mi abuelo agradeció que su hijo fuera tan buen admiLos postulantes eran muy superiores a mí. La mayoría descendía de famosos guerreros y paladines que ahora ostentaban títulos nobiliarios en Eldiora. Intenté ignorar mis debilidades y repetí el lema de mi abuelo una y otra vez en mi cabeza. Pero al final, no sirvió de nada. Solo me gané las burlas de aquellos nobles.—Había escuchado grandes cosas del foráneo, pero al parecer fueron simples rumores.—¿De verdad esperaba entrar a la orden?—¿Qué esperabas? Un pueblerino de familia pobre no tiene nada que hacer contra nosotros.Esta última afirmación me hizo hervir la sangre. Podía permitir que me ofendieran a mí, pero que hablaran mal del legado de mi abuelo era inaceptable. No venía de cualquier familia. Era nieto del mismísimo Godric Hawke, el temido demonio de Ironhelm.Así que me levanté del suelo y golpeé a aquel idiota. Él se defendió y comenzamos a intercambiar golpes por un buen rato. Los demás hicieron un círculo a nuestro alrededor y gritaban como simios, animando al noble.Un
Pocas cosas interesantes pasaron en ese tiempo, hasta aquel día en que un idiota me aplastó con su carruaje. Sí... lo admito... Tal vez estaba borracho y tirado en medio de la calle... Pero de los treinta carruajes que pasaron cerca de mí aquel día, solo él me pasó una llanta por encima del pie. Al final resultó que no era cualquier carruaje; pertenecía a una familia de monarcas o algo así. Eran elfos. Preocupados, me llevaron a casa, y al llegar, mis padres, en vez de preguntar por mi estado, se enfocaron más en hacer negocios con una ciudad tan grande como aquella. No puedo culparlos. Entiendo que los elfos rara vez tienen relaciones con las ciudades de otras razas, así que supongo que no podían desaprovechar la oportunidad. Pero eso no fue todo. Mis padres también arreglaron un matrimonio con la hija de aquellos tipos. Y no importó cuánto protesté... Mi padre mostró una inamovible determinación que rara vez había visto en él. De verdad se tomaba muy en serio el papel de goberna
Inevitablemente unos meses después tuve que abandonar el entrenamiento del muchacho, ya que, por alguna extraña razón una enfermedad se empezó a propagar en el pueblo.En un principio; cuando tome el liderazgo después de la muerte de mi padre, no tuve que hablar con ningún aldeano. Todas las quejas o solicitudes eran escuchadas por mi madre o incluso se acercaban a ella.Muchas veces vi que salia a ayudar a la gente del pueblo y de sus alrededores, jamas le dije nada por eso. De hecho me facilitaba el trabajo. Pero una vez que la enfermedad azotó al pueblo, la gente se empezó a amotinar fuera de mi hogar.Y los desgraciados no lo hacían de forma pacífica.¿Que querían que hiciera?No era un maldito doctor.Además, ya estaba sufriendo lo suficiente encerrandome en casa sin poder salir de juerga a Eldiora como acostumbraba.Aunque por recomendación del consejero real intenté escucharlos, incluso salí al pueblo arriesgándome a contagiarme solo para mostrar a
Desperté y aún estaba recargado bajo aquel árbol. Limpié las lágrimas que habían brotado de forma inconsciente durante aquella emotiva despedida con Aldric. No podía evitar sentirme mal por él, y la verdad, me gustaría ayudarlo, pero en realidad no había mucho que pudiera hacer. Es decir, la única persona especial en su vida estaba muerta, y no creo que él quisiera reconciliarse con su padre... Por mucho que me doliera, la verdad era que no podía hacer más por él. Tal vez podría visitar la tumba de Aranis. Estoy seguro de que le habría gustado despedirse de ella. Sí, eso es... Tal vez pueda ir a su tumba y le llevaré algunas flores. Me quedé unos minutos procesando todo lo que había pasado y empecé a pensar en mi futuro. Tenía toda una vida por delante, pero la verdad, no me sentía especialmente emocionado. Tal vez era por el hecho de saber que esta era solo una vida más, y tampoco es que tuviera recuerdos como referencia para comparar si esta sería una buena o mala avent
El bar estaba abarrotado, tal como en mis memorias. Había toda clase de personajes, desde enormes hombres con gruesas armaduras de metal hasta chicas hermosas con armaduras más simples y ligeras. Y no solo eran humanos, también distinguía algunos enanos y otras razas que me costaba identificar. Todos hablaban y gritaban, algunos con bebidas en mano o exhalando humo que inundaba el lugar con un olor un tanto desagradable.Había tanta gente que la mayoría estaba de pie, pues las pequeñas mesas y la barra del bar estaban completamente ocupadas. Como era de esperar, la mayor concentración de personas se encontraba en medio de las dos escaleras que llevaban al segundo piso, donde colgaban varios carteles en el enorme tablero de misiones.Este bar-posada era, en su mayor parte, un punto de encuentro para mercenarios y aventureros independientes.Generalmente, si surgía algún problema en la ciudad o sus alrededores, la guardia del Puño de Hierro (los guardias de bajo rango de Eldiora) se enc
Mi mente me llevó a un recuerdo no muy lejano, tal vez de un par de semanas atrás. Era más de medianoche. Caminaba por las oscuras y vacías calles de Eldiora en compañía de Sora. Él venía abrazándose el brazo, al parecer estaba herido. Tenía un semblante cansado y desanimado, algo que contrastaba mucho con el Sora que estaba en el presente conmigo. Él iba caminando detrás de el, mirando al suelo. —¿No estás harto de esto, Aldric? ¿Hasta cuándo seguiremos arriesgando nuestras vidas por unas míseras monedas? —No necesito más… —contestó un desanimado Aldric—. No tienes por qué quedarte conmigo, sabes que puedes irte cuando quieras. Sora puso cara de disgusto ante las palabras de su amigo, pero enseguida sonrió de nuevo, como era su costumbre. —¿De nuevo con tu papel de víctima? ¡Vamos! —apretó el paso para adelantarse y se paró frente a el para detenerlo—. ¡Oye! Se que dijiste que ya no quieres hablar de esto, pero... Sé que podemos hacerlo... — dijo con mirada decidida y con
El recuerdo terminó abruptamente y, al volver a la realidad, aquella hermosa elfa continuaba hablando. —...El torneo está a nada de iniciar, y aún tenemos muchos lugares que visitar. —Sí... Supongo que están aquí para evaluarnos de alguna forma, ¿cierto? —dije con más seguridad, ahora que tenía un poco más de contexto sobre la situación. —¡Estamos aquí para evaluarte a ti, muchacho idiota! ¡¿Crees que perdería mi tiempo para ver al mono de tu amigo?! —explotó el enano furioso, vociferando mientras se levantaba de la silla, decidido a golpearme. La elfa volvió a detenerlo tomándolo del hombro. Él se contuvo una vez más, quedándose de pie en su lugar, rabiando en silencio. —De acuerdo... —dije algo nervioso. Era evidente que habían venido a ver con sus propios ojos al mago ofensivo con el cual, seguramente, Sora había endulzado la solicitud de inscripción. Pero en realidad no sabía exactamente qué debía mostrarles. Si les ense
Cayó la noche y el bullicio del bar disminuía poco a poco. Aún me encontraba sentado en aquella sala, mirando las runas de mi muñeca y pensando en lo que acababa de pasar. Esto no era para nada lo que tenía planeado, pero al final terminé aceptando todo lo que sucedió. Honestamente, pude haberme negado; pude haber salido de aquel bar en lugar de mostrar mis poderes a ese enano, pero por alguna razón me sentía mal faltando a la promesa que le había hecho a Sora. Sí, lo sé. Técnicamente yo no prometí nada, pero algo dentro de mí me hacía sentir empatía y cariño por él. Tal vez los sentimientos más fuertes de Aldric también terminaban impactando en mí. Me pasó con Aranis y ahora con Sora. Debía ser cuidadoso, porque, de no serlo, esto podría llegar a ser peligroso para mí en el futuro. Aunque, pensándolo detenidamente, ya había pasado ese punto. No es como si ese dichoso torneo fuera muy seguro; de hecho, con el simple hecho de negarme a participar, las runas en mi muñeca podrían mat