Mi nombre es Aranis Galadorn y siempre me consideré muy afortunada.
Nací en una familia amorosa y comprensiva. Siempre que puedo, intento compensar todo lo bueno que me han dado, pero a pesar de mis esfuerzos, no puedo hacer que mis padres se sientan felices o al menos tranquilos. Sé que puede que no sea mi obligación, pero ¿no es lo justo? He visto a mi madre esforzarse e incluso sufrir por mí, y a mi padre trabajar tanto para el bienestar de nuestra familia y de todo nuestro pueblo. ¿Acaso no es mi obligación seguir su ejemplo? ¿No debo dedicar mi vida a compensar todo lo que han hecho y ayudarles a cargar con todo ese peso que han llevado solos todo este tiempo? Recuerdo aquel día en que, por primera vez, vi a mi padre hablar frente a todos en nuestra ciudad. Todos lo veían con admiración y cariño. Él gritaba y agitaba los brazos con fuerza y seguridad, calmando todas las inqDespués de ese día, todo pasó tan rápido que no tuve oportunidad de arrepentirme. En solo un par de días ya estaba en aquel pueblo y me presentaron a mi futuro esposo.Era un hombre alto, desaliñado, con la mirada perdida; incluso parecía tonto. En realidad, tampoco parecía estar allí por decisión propia. Su nombre era Gideon Hawke y tenía 19 años, dos años mayor que yo. Él se presentó inclinándose torpemente mientras besaba mi mano. Tal vez no era el hombre que había soñado, pero siempre que tenía dudas recordaba que estaba siguiendo el ejemplo de mi padre: Tenía que sufrir en silencio y cumplir mi deber sin importar lo que pensara o sintiera en realidad.Y así lo hice, de verdad me esforcé por cumplir mi deber. Aunque debo admitir que la noche de bodas fue una pesadilla para mi, que me hizo llorar meses con solo recordarla. Gideon era tal como lo pensaba: un hombre bruto y tonto. Poco le importó mi sufrimiento aquella noche; solo me tomó por la fuerza y me utilizó para descargarse.
¿Recuerdan que estaba buscando una excusa para dejar de ver a mis padres? Pues como dije, la excusa dejo de hacer falta. A esas alturas estaban encantados con Gideon (gracias a mis mentiras). Hicieron una última visita el día del nacimiento de Aldric y a partir de ese momento se distanciaron por voluntad propia. Ya que pensaban, que, como buena esposa, ahora ocuparía todo mi tiempo para atender a mi esposo y a mi hijo. Y mi padre no quería ofender a mi esposo con su frecuente presencia. No puedo culparlos por pensar así. Yo misma me esforcé en darles una buena imagen de Gideon para alejarlos. Al menos eso sí lo logré. Recuerdo que contuve mi llanto al verlos partir, y con una sonrisa sincera en el rostro los abracé por última vez. Ojalá les hubiera dicho cuánto los quería, pero no dije nada, no quería romper la ilusión de mi felicidad, no frente a ellos. Gideon pasó meses sin meterse conmigo, y yo dediqué mi mente y alm
Después de ese día, tuve que alejarme aún más de Aldric. Mi corazón se rompía cada vez que lo veía llorar... Cada vez que veía sus ojos suplicando por mi ayuda, y yo... solo podía ignorarlo. Vi cómo creció lleno de ira e inseguridades. A veces ya ni siquiera podía reconocerlo. Ya no podía ver al niño alegre que corría y reía por la casa. Se volvió solitario y agresivo. Seguí acercándome a Aldric para ayudarlo y educarlo cuando Gideon no se daba cuenta. Pero poco a poco sentí cómo mi propio hijo empezaba a despreciarme y se alejaba cada vez mas de mí. Y así pasaron los años. Aldric era un niño fuerte y hábil, y a pesar de que él tenía mi constitución, delgada y frágil, su padre se esforzó por borrar todo rastro posible de eso. Haciéndolo entrenar su cuerpo con más intensidad. No sé si era por la poca disposición que tenía para aprender magia conmigo o si tal vez había alcanzado su límite, pero su habilidad mágica ya no podía mejorar más. Sin em
Siempre estuve acostumbrado a estar solo. De hecho, no me molesta. En cierto punto creo que eso me ha hecho fuerte. Desde que tengo memoria fui educado para ser un guerrero. Mi familia es famosa por ello. Mi abuelo solía contarme historias de sus aventuras de hace muchos años atrás, en la época de la segunda gran guerra. El junto con otros guerreros provenientes de Eldoria lucharon en las montañas puño de hierro. Me contaba con orgullo como sometieron a los maestros enanos e invadieron Dourheim, la gran fortaleza y orgullo de los enanos. Gracias a sus actos mi abuelo trajo los grandes conocimientos que ahora son el orgullo de Ironhelm. Siempre admire a mi abuelo. Incluso más que mi propio padre. Debido al gran éxito de la forja en Ironhelm, para cuándo mi padre tuvo edad de enlistarse al ejército de Eldiora ya no hubo necesidad de hacerlo. De hecho, mi abuelo agradeció que su hijo fuera tan buen admi
Los postulantes eran muy superiores a mí. La mayoría descendía de famosos guerreros y paladines que ahora ostentaban títulos nobiliarios en Eldiora. Intenté ignorar mis debilidades y repetí el lema de mi abuelo una y otra vez en mi cabeza. Pero al final, no sirvió de nada. Solo me gané las burlas de aquellos nobles.—Había escuchado grandes cosas del foráneo, pero al parecer fueron simples rumores.—¿De verdad esperaba entrar a la orden?—¿Qué esperabas? Un pueblerino de familia pobre no tiene nada que hacer contra nosotros.Esta última afirmación me hizo hervir la sangre. Podía permitir que me ofendieran a mí, pero que hablaran mal del legado de mi abuelo era inaceptable. No venía de cualquier familia. Era nieto del mismísimo Godric Hawke, el temido demonio de Ironhelm.Así que me levanté del suelo y golpeé a aquel idiota. Él se defendió y comenzamos a intercambiar golpes por un buen rato. Los demás hicieron un círculo a nuestro alrededor y gritaban como simios, animando al noble.Un
Pocas cosas interesantes pasaron en ese tiempo, hasta aquel día en que un idiota me aplastó con su carruaje. Sí... lo admito... Tal vez estaba borracho y tirado en medio de la calle... Pero de los treinta carruajes que pasaron cerca de mí aquel día, solo él me pasó una llanta por encima del pie. Al final resultó que no era cualquier carruaje; pertenecía a una familia de monarcas o algo así. Eran elfos. Preocupados, me llevaron a casa, y al llegar, mis padres, en vez de preguntar por mi estado, se enfocaron más en hacer negocios con una ciudad tan grande como aquella. No puedo culparlos. Entiendo que los elfos rara vez tienen relaciones con las ciudades de otras razas, así que supongo que no podían desaprovechar la oportunidad. Pero eso no fue todo. Mis padres también arreglaron un matrimonio con la hija de aquellos tipos. Y no importó cuánto protesté... Mi padre mostró una inamovible determinación que rara vez había visto en él. De verdad se tomaba muy en serio el papel de goberna
Inevitablemente unos meses después tuve que abandonar el entrenamiento del muchacho, ya que, por alguna extraña razón una enfermedad se empezó a propagar en el pueblo.En un principio; cuando tome el liderazgo después de la muerte de mi padre, no tuve que hablar con ningún aldeano. Todas las quejas o solicitudes eran escuchadas por mi madre o incluso se acercaban a ella.Muchas veces vi que salia a ayudar a la gente del pueblo y de sus alrededores, jamas le dije nada por eso. De hecho me facilitaba el trabajo. Pero una vez que la enfermedad azotó al pueblo, la gente se empezó a amotinar fuera de mi hogar.Y los desgraciados no lo hacían de forma pacífica.¿Que querían que hiciera?No era un maldito doctor.Además, ya estaba sufriendo lo suficiente encerrandome en casa sin poder salir de juerga a Eldiora como acostumbraba.Aunque por recomendación del consejero real intenté escucharlos, incluso salí al pueblo arriesgándome a contagiarme solo para mostrar a
Desperté y aún estaba recargado bajo aquel árbol. Limpié las lágrimas que habían brotado de forma inconsciente durante aquella emotiva despedida con Aldric. No podía evitar sentirme mal por él, y la verdad, me gustaría ayudarlo, pero en realidad no había mucho que pudiera hacer. Es decir, la única persona especial en su vida estaba muerta, y no creo que él quisiera reconciliarse con su padre... Por mucho que me doliera, la verdad era que no podía hacer más por él. Tal vez podría visitar la tumba de Aranis. Estoy seguro de que le habría gustado despedirse de ella. Sí, eso es... Tal vez pueda ir a su tumba y le llevaré algunas flores. Me quedé unos minutos procesando todo lo que había pasado y empecé a pensar en mi futuro. Tenía toda una vida por delante, pero la verdad, no me sentía especialmente emocionado. Tal vez era por el hecho de saber que esta era solo una vida más, y tampoco es que tuviera recuerdos como referencia para comparar si esta sería una buena o mala avent