CAPÍTULO 42. SUSURRO

Minutos antes.

Antonella tomó una cobija y protegió a su pequeño Snoopy, aquella conversación, que escuchó retumbaba fuertemente en su cabeza.

—Todo era una trampa, me engañaste —expresó con voz fragmentada.

«No te atrevas a llorar. Un Bianchi, no lo hace por nadie», aquellas palabras que su padre utilizó durante toda su vida con ella, permearon en su cabeza.

Se recostó sobre el suelo, buscando resguardarse de aquellos fuertes impactos que se escuchaban a las afueras de la casa.

—Su tiempo en esta casa se acabó, señora.

Antonella abrió los ojos de par en par al sentir como le apuntaban con un arma, giró su rostro y entonces, se encontró con la fría mirada de la mujer que cocinaba.

— ¿Qué crees que estás haciendo? —cuestionó.

—Solo hago mi trabajo —la cocinera ladeó los labios. — ¡Levántate! —ordenó—, date prisa.

Antonella se levantó, sintiendo un escalofrío recorrerle, al ver la mirada llena de odio de aquella mujer.

—No puedes sacarme de la casa de mi esposo.

La mujer carcajeó.

—T
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