Quién iba a pensar que aquella niña de trece años asustada con la vida, terminaría haciendo sus sueños realidad.
Definitivamente yo no, y ahora quería llorar al ver uno de mis más grandes sueños haciéndose realidad.
No sabía cómo manejar las emociones que atenazaban todo mi ser.
Escuchaba como todos a mi alrededor brindaban y celebraban por la apertura del restaurante, pero yo no podía apartar la mirada del nombre ante mí.
Lucie se encontraba estaba escrito en cursiva, de manera pulcra y limpia sobre la fachada del edificio.
Mi escritura.
Escritura que no sabría que tenía si la dueña de ese nombre no me hubiese acogido veinticuatro años atrás.
Si ella no me hubiese enseñado a escribir y a sumar o a restar. Si ella no me hubiese enseñado a luchar por lo que quería en la vida.
Una noche estando en Hawaii, le comenté a Louis sobre mi deseo de hacerle honor a ella en el restaurant, y que mi idea inicial
Nueva York, tres años después. Los ojos azules de mi hijo me miraban con atención. Cómo si no fuesen las tres de la madrugada y yo no me estuviese muriendo de sueño. ― ¿Por qué no te duermes? ―Murmuré pesaroso notando que sus ojos brillaban con alegría ante mi miseria―No, Jake, no es hora de jugar, es hora de dormir. ―Tal vez si no lo dejaras dormir la siesta tan tarde, esto dejaría de pasar. El aire se me atascó en los pulmones al ver a mi espléndida esposa apoyada en el marco de la puerta. Mi diosa. ―A partir de mañana lo hago, nena. Te lo prometo. Pero ella solo se rio divertida antes de entrar a la habitación de nuestro hijo más pequeño y tomarlo en brazos. ―Llevas meses prometiendo lo mismo, corazón. A estas alturas sería un milagro que lo hicieras. Me maravillé una vez más de lo que increíble que mi mujer se veía con un bebé en brazos. Tal vez por eso seguíamos teniendo más
Nueva York, 10 años después del epilogo anterior. ―Y entonces fue cuando decidí a confiar en él y contarle las cosas que esas personas me habían hecho vivir, y vaya si no fue la mejor decisión que tomé en la vida, pequeña, porque me buscó la ayuda que necesitaba, ¿Y cuando me enfrenté a Daley? Increíble, ahí me sentí como el superhéroe más fuerte del mundo. ―Si te das cuenta de que está dormida, ¿No? Aparté la mirada de mi hija, que había nacido unas horas atrás, y la fijé en mi esposa, mi amante, y mi mejor amiga. Y quien justo ahora me miraba divertida desde la cama de hospital. No importaba lo cansada que luciera, Amanda siempre paraba mi respiración cuando posaba aquellos ojos verdes en mí. Aun cuando la conocí a los trece y posó su mirada triste y pesarosa por la cantidad de acoso que recibía por ser pelirroja y tímida. Acoso que yo había acabado al defenderla, y ese hecho, había ayudado
Ni la oscuridad de la noche, ni la lluvia helada me detendrían.No se veía nada al ser tan tarde, y la ropa que cargaba encima, lo único que cargaba conmigo aparte del pequeño bolso que mi hermana me había dado, comenzaba a empaparse y hacer que mi cuerpo se estremeciera por el agua helada que caía sobre mí en ese momento.Entonces mi llanto no pudo ser sostenido por más tiempo, y comencé a llorar por el miedo que me atenazaba, pero ya era muy tarde para regresar, porque de hacerlo, sabía lo que me esperaba en ese lugar.De pronto me detuve, pues las luces de un auto alumbraron mi frente, lo que hizo que mi respiración se detuviera.El auto hizo cambio de luces y cuando estuvo cerca de mí, me di cuenta que era un camión de carga y que era conducido por una mujer.― ¿Estás perdida, niña? ― Gritó la señora desde el otro lado d
PRESENTE Uno de los primeros recuerdos que tenía sobre mí, era de cuando tenía siete años. Recuerdo que entré en la oficina de papá sin tocar y lo vi entre las piernas de una mujer que se encontraba sobre su escritorio. Ellos ni cuenta se dieron de que tenían un testigo, por lo que, así como entré, me fui. Consternado, busqué a mi madre en el jardín para contarle lo que había visto y para mi sorpresa, ella simplemente se carcajeó y siguió atendiendo sus rosas como si nada; años después comprendería la naturaleza de aquel matrimonio y mi propia percepción de la vida cambiaría con ello. Las mujeres y los hombres eran simplemente eso: mujeres y hombres. La idea de una relación para mí consistía en estar unas cuantas veces con la misma mujer sin llegar a ningún compromiso, dejarle en claro mis intenciones, y una vez me aburría de ella, seguía adelante hasta que otra llamara mi atención. Simple y eficaz.
Enfoqué toda mi atención en aquella mujer cuando se giró hacia mí en aquellos tacones rojo brillante que le daban la misma altura que la mía y me sonrió antes de señalar su ceja derecha. ―Uno―Murmuró antes de echarse el cabello negro hacia atrás y enseñarme sus orejas―. Tengo cuatro en cada oreja, entonces serían nueve, ―Llevó su índice a su nariz y me sorprendió cuando de repente apareció un objeto de entre sus fosas nasales―Diez. ― ¿Qué demonios acaba de ocurrir? ―Dije confundido― ¿También eres maga? ―Es un septum. ―Respondió divertida antes de rodearme el cuello con sus brazos y pegar su boca a la mía. Abrí mis labios con una mezcla de asombro y deseo, agarrándome con fuerza de sus caderas cuando su lengua tocó la mía, produciéndome un escalofrío en todo el cuerpo. No era un gran fan de besar, es más, podía pasar de ello fácilmente durante el acto sexual, siquiera podía recordar la última vez que lo había hecho, ¿Pero aquello? Lo que sentí
―Para preservar bien un alimento, debemos entender las variantes que existen para cada tipo de producto, es decir, la carne no se conservará igual que una fruta o un vegetal en el refrigerador y de igual manera se utilizaría una técnica distinta al pescado u otra carne blanca, manteniendo cada alimento propiamente envasado y separados uno del otro para prevenir la contaminación. Observé a la clase tomando notas mientras yo desarrollaba la clase de hoy. ― ¿Alguien podría nombrar una técnica de conservación de alimentos? ―Pregunté notando como las veinte cabezas ante mí se alzaban como un resorte y me miraban con miedo. Sip, tendía a causar ese efecto cuando impartía mis clases, por algo mi escuela de cocina era una de las más respetadas en el estado. ElGordon Ramsayde la escuela culinaria. ―Vamos, chicos, no es un tema difícil. Todos los días empleados al menos una técnica en casa... ¿James? ―Fijé la mirada en el estudiante
―Esta sería la última―Dijo Mickey dejando la caja a mi lado. ―Gracias―Murmuré sin dejar de ver a mi alrededor sintiéndome fuera de lugar. ―Vi que no te trajiste la guitarra. ―No creo que los chicos apreciarían la idea de mí tocándola a las tres de la madrugada. ―Ahora podrás tocar temprano, tendrás más tiempo libre... Le eché una rápida repasada a la pila de cajas que descansaban de lo más inocente a mi izquierda. Realmente no eran muchas, más que nada era ropa, zapatos y maquillaje, pero m****a, lo que significaba que mis pertenencias se encontraran ahí empaquetadas me producía una gran ansiedad. ― ¿Estás segura de que quieres hacer esto? ―Cuestionó Mick detrás de mí con sus manos en mis hombros―Nadie te culparía si lo dejaras todo como está. ―Yo sí lo haría. Me alejé con un suspiro y le di una última mirada al apartamento antes de dirigirme al ascensor. ―Mark no bromeaba al decir que el lugar estaba amueblado,
Los tres observamos en silencio como Eva se alejaba apresurada con Mickey hasta desaparecer por las puertas divisorias y luego volvimos a vernos unos a los otros sin saber cómo proceder. ―Hmm, bien, ¿Qué acaba de ocurrir? ―Cuestionó el hombre que acaba de llegar. ―La señorita Brooks y yo estábamos hablando del caso cuando su prometido llegó de imprevisto―Comenzó a decir el renacuajo que momentos atrás había tomado la mano de Eva con la suya. Dicha mano ahora temblaba visiblemente gracias a que su dueño no apartaba la vista de mí. ―Mi cliente y su...prometido―Comenzó a decir el otro tipo mirándome por un segundo antes de seguir hablando con el otro―. No hace mucho que decidieron cambiar el estatus de su relación. Observé al hombre en cuestión sintiéndome un poco inestable ante lo que veía. Era el mismo que había abrazado y besado a Eva el día que ella había terminado conmigo y oh sí, me sentía completamente seguro de mi h