C148-PROVOCACIÓN.Aaron regresó a casa después de haber pasado horas planeando cómo acabar con Cristine. Su mente estaba nublada, no solo por la estrategia, sino por la culpa que lo carcomía. Sabía que todo lo que estaba pasando con Kate era su culpa. Al estacionar frente a su casa, su ceño se frunció al instante. Un auto conocido estaba aparcado frente a la entrada. Lo reconoció de inmediato: era el auto de Sergio, el mismo que vio el día de la fiesta. Su estómago se retorció y una ola de malestar lo invadió.Con un movimiento brusco, cerró la puerta del auto con fuerza y avanzó hacia la entrada. Justo en ese momento, Sergio salió de la casa con una sonrisa despreocupada, como si estuviera en su propio hogar. Aaron lo observó con una mezcla de rabia y desdén siendo incapaz de contenerse.—Vaya… ¿Qué tanto hace el “mejor amigo” de mi esposa rondando por aquí? ¿No tienes otra cosa que hacer? —preguntó con sarcasmo y desdén.Sergio, lejos de inmutarse, se metió las manos en los bolsill
C148- MALDITO POLICÍA. Aaron besó a Kate con una pasión intensa, como si necesitara marcar su territorio, como si ese beso fuera la única prueba de que ella seguía siendo suya. Kate, a pesar de la rabia y la confusión que bullían dentro de ella, le correspondió. Sus manos se aferraron a su cuello, y él la sostuvo con fuerza, como si temiera que en cualquier momento pudiera escurrirse entre sus dedos.En un movimiento ágil, Aaron la levantó en brazos y la llevó hasta el sofá sin romper el beso. La depositó con suavidad, su cuerpo se inclinó sobre el de ella, recorriendo su cuello con los labios, mientras sus manos la acariciaban con urgencia. Kate, por un instante, se dejó llevar, su cuerpo respondiendo por instinto. Pero entonces, algo dentro de ella hizo clic.Y lo empujó con fuerza. Aaron cayó de lado, jadeando, su cabello revuelto y la respiración descontrolada. La sorpresa en su rostro era evidente.—¿Qué carajos fue eso? —preguntó, desconcertado.Kate se puso de pie de un salto,
C150- EL DESAYUNO DE LA MANIPULACIÓN.Madison entró con paso seguro al restaurante privado, su vestido entallado y su maquillaje impecable la convertían en el centro de atención, incluso en un lugar lleno de personas influyentes. Cristine ya estaba sentada en una esquina, moviendo nerviosamente una cucharilla en su café. Su cabello estaba desordenado, y sus ojos, enrojecidos por el insomnio, delataban noches de llanto y obsesión. Madison se acercó con una sonrisa calculada, se sentó frente a Cristine, quien apenas podía mirarla a los ojos. —Cristine, querida, lamento haberte hecho esperar. ¿Estás bien? Pareces… cansada —dijo con fingida dulzura. —No he dormido mucho. No dejo de pensar en Aaron… y en ella —respondió Cristine con voz temblorosa y a la vez tensa—. Esa m*****a oportunista. Madison ocultó su sonrisa de satisfacción. Tomó la mano de Cristine, un gesto que parecía reconfortante, pero que era una herramienta para ganarse su confianza. —¡Ay, querida! No tienes derecho a su
C151- NUNCA ESCAPARÁS DE ESTO.El eco de los pasos en el pasillo de la prisión era frío y constante. Lucrecia avanzaba con el rostro endurecido, mientras los guardias la conducían hacia el patio donde estaban las reclusas. Al llegar Alessia ya estaba allí, sentada con una calma que rozaba lo perturbador. Aunque vestía el uniforme gris de reclusa, su postura altiva y la mirada helada daban la impresión de que la prisión no podía tocarla.El aire pareció volverse más denso y Alessia apenas levantó la mirada, manteniéndose impasible ante la presencia de su madre.—¿Sabes lo que has hecho? —preguntó Lucrecia, sin molestarse en suavizar el tono—. Todo esto... todo lo que está pasando... es culpa tuya.Alessia esbozó una ligera sonrisa, tan fría como el metal.—¿Mi culpa? —repitió con desdén, sin molestarse en mirarla directamente—. Qué curioso, mamá. Pensé que eras la experta en señalar culpables.—¡No te burles de mí! —gritó Lucrecia, dando un paso hacia adelante—. Hablaste con la policía
C152- DEGUSTACIÓN EN LA PASTELERÍA.La pastelería era un lugar elegante, con vitrinas repletas de pasteles que parecían obras de arte. Apenas cruzaron la puerta, Emma, Olivia y James se separaron del grupo como pequeños tornados, corriendo hacia las vitrinas con ojos emocionados.—¡Quiero ese! ¡No, ese! ¡Mamá, mira, tiene chispitas! —gritó Olivia, pegando su naricita al vidrio.—¡Yo quiero el que tiene chocolate por todos lados! ¡Se ve delicioso! —añadió James, saltando emocionado.Emma, siempre más observadora, señalaba diferentes pasteles con un dedo mientras decía:—¿Y si probamos ese? ¡Es rosa! Me gusta el rosa.Grace respiró profundo e intentó tomar el control.—Por favor, no toquen nada. Solo estamos aquí para probar, no para comprar todo el lugar.Lucien, que ya estaba resignado, se encogió de hombros.—Solo intentemos no destruir el lugar.Los trillizos se giraron con caritas angelicales y asintieron al unísono.—¡Prometemos portarnos bien! —dijeron con voces dulces, aunque su
C153-¡ES LA MUJER QUE AMO, PUNTO! Días después, la mansión Stanton lucía impecable, como siempre. Pero en una sala cercana, la señora Hargrove y la Nana de Grace estaban frente a los trillizos, quienes permanecían sentados en fila, tiesos como soldados en formación. —Esta es una cena muy importante —advirtió la señora Hargrove—. Así que no quiero travesuras, no quiero gritos, y definitivamente no quiero ver a nadie lanzando comida. ¿Entendido? —Eso incluye a ti, James —añadió la Nana de Grace, cruzando los brazos—. No quiero que metas un tenedor en el pastel como la última vez. Los trillizos asintieron con una solemnidad que parecía casi creíble. —¡Nos portaremos bien, lo juramos! —dijeron al unísono, con una inocencia que no engañaba a nadie. Las dos niñeras intercambiaron miradas escépticas. —Estaremos atentas —murmuró la señora Hargrove—. No me confío. Mientras los niños se levantaban para ir al comedor, James susurró con picardía: —¿Qué pasaría si el pastel se cayera a
C154- ¿QUÉ QUIERE HABLAR CONMIGO?Alaric se tambaleó, y con un suspiro ahogado, cayó de espaldas al suelo. La sala se sumió en un caos inmediato. Grace, corrió hacia él sin pensarlo,—¡Denme espacio! —ordenó, sorprendiendo a todos con su tono autoritario, tan diferente a su actitud tranquila de antes.Se arrodilló junto a Alaric y, con una rapidez que sorprendió a todos, comenzó a evaluarlo. Con un gesto experto, tocó su muñeca en busca de pulso, y al ver la palidez de su rostro, el brillo sudoroso de su frente, y la manera en que respiraba con dificultad, no tardó en confirmar lo que temía.—Está teniendo un infarto —dijo, como si no hubiera duda de lo que debía hacer. Luego, mirando a Lucien, le dio una orden con firmeza—: Lucien, llama a los paramédicos y diles que es un infarto. Necesitamos una ambulancia de inmediato.El visiblemente nervioso, actuó rápidamente, sacando el teléfono de su bolsillo.—¡Llamando ahora! —respondió, su voz temblorosa, pero confiando en ella.Grace no p
C155- ME EQUIVOQUE CONTIGO.La habitación estaba en silencio, salvo por el leve pitido del monitor cardíaco. Y por primera vez, la mirada de Alaric no tenía ni rastro de juicio o superioridad. Era una mirada humilde.—Grace —dijo en voz baja, casi temblorosa—. Siéntate, por favor.Ella lo miró, cautelosa. Y sin decir palabra, se acercó y tomó asiento frente a la cama, con los ojos fijos en él, preguntándose qué pasaba por su cabeza. Alaric respiró hondo, como si estuviera reuniendo todo el valor que tenía para hablar. Y cuando comenzó, su voz era cargada de sinceridad.—Toda mi vida he vivido con la idea de que proteger a mi familia significaba mantenerla alejada de todo lo que pudiera parecer débil, inadecuado o… fuera de nuestro mundo. Creí que la riqueza y el poder eran los únicos escudos que podíamos tener contra el dolor y la humillación. Y por eso, cuando te vi entrar en la vida de Lucien, no pude evitar verte como una amenaza. No porque no fueras suficiente, sino porque no eras