Capítulo 30. El veneno en su piel.

Izan

Estaba recostado en la cama, pero no podía controlar mi inquietud. Decidí levantarme, necesitaba hablar con Irina. Quizás conversando con ella podía descubrir cuáles eran sus intenciones y si estuvo involucrada directamente en lo que nos había ocurrido.

Me costaba creer que existiera tanta crueldad en una persona para sacrificar a su propia gente por un fin.

Cuando me vio levantado, Dante se quedó mirándome con interés.

—¿Dónde vas? —preguntó.

—Debo investigar algo, cuando llegue a una conclusión te aviso —respondí saliendo de la habitación.

El pasillo hacia el despacho de Irina olía a jazmín y ambición, una combinación que quemaba la garganta.

No toqué la puerta. No lo hacía con nadie, menos lo iba a hacer con ella. La puerta de roble macizo cedió bajo mi empuje sin necesidad de golpear.

El despacho de Irina olía a poder, a perfume caro y a veneno disfrazado de dulzura.

Cuando la abrí, la encontré inclinada sobre su escritorio, cortando una llamada con una sonrisa afilada en l
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