Narrador omnisciente.En el momento en que ellos ingresaron a la villa, el sonido de unas risas infantiles los paralizó en seco. Aris y Maite intercambiaron una mirada cargada de desconcierto. Ya que era demasiado tarde para que Gianna y Gael estuvieran despiertos, y más, para que estuvieran en el salón principal.Sin perder tiempo, avanzaron por el pasillo, y al cruzar la entrada, el aire pareció espesarse en un segundo.Maite sintió que el corazón le daba un vuelco al ver a un hombre desconocido sentado con los niños. Pero la reacción de Aris fue aún más inquietante: su cuerpo entero se tensó, como si acabara de encontrarse con un demonio. Y, en cierto modo, así era.Yannis no lo perseguía solo por rivalidad, sino porque buscaba reunir pruebas para exponerlo ante la Orden Negra, la poderosa organización mafiosa griega. Ya que su verdadero objetivo era arrebatarle el liderazgo que Aris poseía y que tanto ansiaba.—¡Niños, vengan! —exclamó Maite con su instinto de protección en a
Narrador omnisciente.Maite sintió un nudo en el pecho. ¿Desde cuándo Aris, el hombre imponente y controlador, se mostraba así de vulnerable? Tragó saliva y asintió con un leve suspiro.—Llamaré a la niñera. Se quedó a dormir en la habitación de al lado…No dijo más. No podía. Porque, aunque no quería admitirlo, la súplica en la voz de Aris había tocado algo en su interior que la impulsaba a ceder.Más tarde, cuando el silencio reinaba en la habitación, Aris descansaba con la cabeza en su regazo. Su respiración luchaba por encontrar un ritmo, y su cuerpo aún estaba tenso por el enfrentamiento con Yannis. Mientras Maite deslizaba sus dedos lentamente por su cabello, como si aquel simple gesto pudiera apaciguar la tormenta que lo consumía.—Maite… —murmuró de repente, sin abrir los ojos—. ¿Odias a las personas que hacen cosas ilícitas?Ella parpadeó, sorprendida por la pregunta.—No es que odie a esas personas… —dijo tras unos segundos—. Pero no quisiera a alguien así en mi vida. Asp
POV Aris.Nunca en mi vida había temido por algo, nunca me había aferrado a nada ni había dicho algo que no cumpliera, pero esta vez era justo lo que me estaba pasando. Había asegurado con total firmeza que no quería a Maite más que para divertirme, que no significaba nada. Pero la llegada de Yannis me hizo sentir que podría perderla en cualquier momento, y eso me aterraba como no tenía idea. Por primera vez, me descubrí vulnerable, más incluso de lo que jamás me permití ser frente a mi propia madre. Ni siquiera me reconocí cuando le pedí que se quedara a mi lado.Ahora, con Maite sobre mi cama, debajo de mí, sentí su mano empujarme con suavidad por el pecho. Su voz llegó como un murmullo, fría y contenida, en respuesta a mi pregunta:—¿Por qué tendría que estarlo?Se giró dándome la espalda, y yo me acomodé tras ella, rodeándola con mis brazos y hundiendo mi rostro en el hueco de su cuello. Inhalé su aroma, ese que me estaba volviendo adicto, y sonreí contra su piel.—Me gusta sabe
Vittorio disfrutaba de su copa de vino con la confianza de un hombre que creía haber burlado al destino. Se recostó en su viejo sillón reclinable, el mismo que había pertenecido a su difunto padre, mientras contemplaba las llamas en la chimenea con una sonrisa de satisfacción. Había escapado, tenía dos millones de euros en efectivo y un plan para comenzar de nuevo lejos de Italia. Todo estaba bajo control. O al menos, eso pensaba.Ya que un golpe seco en la puerta lo sacó de su ensimismamiento. Frunció el ceño y se incorporó lentamente, pero antes de que pudiera llegar a la puerta, otro impacto brutal hizo ceder la madera, haciendo que la puerta se desplomara estrepitosamente. El aire de la cabaña se llenó de polvo y el ruido de botas resonó en el suelo de madera. Hombres vestidos de negro irrumpieron en el interior como sombras de la muerte. Vittorio se quedó paralizado por un instante, pero cuando sus ojos reconocieron al hombre que lideraba la invasión, escupió el vino con sorp
Narrador omnisciente.—Lastimosamente, ese informante nunca se presentó, y si supiera quién es tampoco te lo diría —espetó el anciano con una sonrisa torcida—. Pero sí te diré algo, muchacho. Eres un estúpido. Aunque creas que eres el mejor engañando, te falta experiencia. Y eso solo se obtiene con la edad. Me engañaste con tu identidad, pero yo también jugué contigo.Aris estrechó los ojos. Sabía que Vittorio hablaría por su cuenta. No necesitaba insistir con alguien que estaba al borde de la muerte; puesto que la desesperación lo haría escupir todo su veneno antes del final.—¿Piensas que la inútil de Marina metió a Maite en tu cama porque lo planeó por cuenta propia? No, todo fue obra mía.Aris se recostó contra la pared, con los brazos cruzados, dejando que la sombra de la duda lo envolviera. Sin embargo, aguardó en silencio.Vittorio exhaló con cansancio, pero sus ojos brillaban con crueldad.—Cuando viniste a pedir la mano de Marina, le ordené que fingiera ser virgen. Pero la mu
POV MaiteNunca había deseado tanto poder leer la mente de alguien como en ese momento. ¿Qué pensaría Aris realmente? ¿Cómo podía decirme qué me quería cuando hacía poco le había dicho a su amigo que solo era un entretenimiento? O al menos, eso había entendido.—Su confesión me confundía, me sacudía, me aterraba.Quería creerle. Una parte de mí anhelaba entregarse sin miedo y sentir sin restricciones. Pero la otra… la otra me gritaba que iba a sufrir. Que no conocía realmente a ese hombre. Que Aris era un enigma, un capullo de secretos y capas que había que deshojar con cuidado, sin saber qué se escondía en su interior.Intenté distraerme jugando a las escondidas con Gianna y Gael. Sus risitas llenaban el aire mientras corrían a esconderse detrás de los muebles y las cortinas.—¡Mamá, escóndete! —me gritó Gael con su vocecita impaciente.Pero yo seguía ahí, de pie, sin moverme.—¡Te vemos! —Gianna apareció corriendo y me dio un pequeño empujón en la pierna—. ¡Tienes que esconderte!—O
Había vuelto a colocar mi antiguo número por costumbre, por lo que no me pareció extraño que el número en el identificador me resultara familiar. Tomé el aparato y, al contestar, reconocí que se trataba de Javier, quien me saludó con un simple: —Hola, ¿cómo estás?Mi cuerpo se tensó de inmediato. Me sentí extraña hablando con él, como si hubiera sido una traidora malagradecida. Una persona que no había sabido valorar a quienes realmente habían estado a su lado y una que los abandonaba a la primera oportunidad.—Maite —su voz sonó seria—, te vi. —¿Qué? —El escándalo de que le has quitado el prometido a tu gemela está en todos los noticieros de chismes. No se habla de otra cosa.Cerré los ojos, sintiendo una punzada en el pecho. Sabía que ese escándalo me afectaría bastante, pero ¿De qué otro modo habría podido darle su merecido a Marina?—Ha sido por estar a su lado que me alejaste de ustedes —continuó con un tono que me dejó helada.Solté el tenedor sobre el plato, sin ganas de segui
Narrador omnisciente:**Cinco minutos antes** Javier se puso de pie de golpe con incredulidad, al ver a Aris cruzar la puerta del juzgado, siendo escoltados escoltado por varios de sus guardias personales. Su mera presencia era una bofetada de realidad que lo descolocó. Sin pensar, se interpuso en su camino, extendiendo una mano firme contra el pecho de Aris para detenerlo. —¿Qué haces aquí? —espetó desdén. Aris apenas lo miró, con la superioridad de quien observa a un insecto molesto. Ni siquiera se inmutó cuando le sujetó la muñeca y, con un gesto de puro desprecio, apartó su mano de su pecho como si fuera polvo intrascendente. —No tengo por qué responderte esa pregunta. Tengo más derecho que tú a estar aquí, ¿no lo crees? Javier sintió que su orgullo se encendía, pero no dejó que su enojo lo dominara. En cambio, alzó el mentón con una expresión desafiante. —¿Más derecho que yo? Lo dudo. Estoy aquí apoyando a la mujer que amo, ayudándola a mantener a su lado a los niños