Cap. 58. Un acuerdo prenupcial.

Narrador omnisciente.

A pesar de su enojo, Marina se abrió paso entre los periodistas que rodeaban a Aris y a Maite, quienes eran bombardeados con preguntas y flashes de cámaras.

Sin que Maite lo esperara, Marina la abrazó por sorpresa, envolviéndola en un gesto que pretendía parecer cariñoso, pero que en realidad estaba lleno de odio.

—¡Querida hermana! —exclamó con una sonrisa que no le llegaba a los ojos—. ¡Qué sorpresa verte aquí!

Maite, rígida, sintió el agarre de Marina como el de una serpiente envolviendo a su presa. Sin pensarlo, se zafó con un movimiento brusco, ignorando cualquier pretensión de cortesía.

Leonardo, parado a unos metros, sintió un escalofrío al verla allí, como si su peor pesadilla se materializara frente a sus ojos. Su mandíbula se tensó y sus puños se cerraron con fuerza, conteniéndose para no hacer una escena frente a los medios.

Ver a Maite tan campante junto a Aris solo avivó su frustración y enojo, especialmente cuando él mismo estaba recibiendo consta
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