VALENTINA
El sonido de mis propios latidos retumba en mis oídos. Todo lo demás se ha vuelto un murmullo lejano, insignificante. El almacén sigue envuelto en caos, pero para mí solo existe este instante.
Matteo Ricci está frente a mí. Ensangrentado, con la respiración entrecortada y la mirada llena de furia. Pero sigue en pie. Sigue respirando.
Y eso es algo que no puedo permitir.
Su mano aferrada al arma tiembla, pero su sonrisa arrogante sigue ahí, como si todavía tuviera el control. Como si pudiera seguir jugando conmigo.
—Mírate, princesa —escupe con burla, su voz entrecortada por el dolor—. Ensangrentada, con las manos sucias… ¿Te gusta lo que ves en el espejo?
No respondo. No parpadeo.
—Siempre supe que tenías fuego dentr
DANTELa muerte de Matteo Ricci debería haber cambiado algo.Debería haber significado un respiro, un momento de calma, un indicio de que las cosas podrían mejorar.Pero la realidad es otra.El verdadero monstruo sigue vivo.Alessandro Morelli.La camioneta avanza en la oscuridad mientras Valentina permanece en silencio a mi lado. No ha dicho una sola palabra desde que salimos del almacén. Sus manos, manchadas con la sangre de Ricci, descansan sobre sus muslos. Su rostro está cubierto de polvo y ceniza, pero sus ojos... sus ojos son otra historia.Están vacíos.No sé en qué está pensando, pero puedo adivinarlo. No está celebrando. No siente alivio. Solo hay un pensamiento martillando su cabeza: lo que sigue.Y yo sé exactamente qué es lo que sigue.Valentina no va a detenerse.Ya no es la princesa que
VALENTINALa idea se había formado en mi mente con la claridad de una sentencia de muerte.No podía esconderme. No podía seguir huyendo.Si quería acabar con Alessandro Morelli, debía mirarlo a los ojos y dejarle claro que su propia hija era su peor enemiga.—Esto es una locura —espetó Dante, cruzado de brazos, su mandíbula tensa por la rabia contenida—. Pediste una reunión con tu padre como si fueran a hablar de negocios.—Precisamente, eso es lo que quiero que crea.Dante me miró como si me hubiera vuelto loca.—No. Ni hablar. No voy a dejar que vayas sola.—¿Y qué quieres que haga? ¿Que lo invite a tomar un café en territorio neutral? Alessandro Morelli no se rebaja a ese nivel. Si quiero que esto funcione, tengo que ir a la mansión.—¿Y qu&ea
DANTENunca me había sentido más jodidamente vivo y más cerca de la muerte al mismo tiempo.La cena con Alessandro Morelli había sido la sentencia de guerra definitiva. Sabía que no íbamos a salir de esa mansión sin una maldita cacería detrás de nosotros, pero ni siquiera yo estaba preparado para la ferocidad con la que Alessandro desató el infierno.Escapamos por los pelos.Los guardias de Morelli nos persiguieron desde el momento en que cruzamos las puertas de la propiedad. Las balas llovieron sobre nosotros en cuanto pisamos la calle, obligándome a empujar a Valentina tras una fila de autos estacionados mientras sacaba mi arma y disparaba a ciegas para ganar tiempo.—¡Corre, Valentina! —le grité, pero la testaruda se negó a moverse sin mí.Se agachó, sacando su propia pistola de la funda oculta en su
VALENTINAEl momento había llegado.No había más planes, no más escondites, no más estrategias a largo plazo. Solo fuego, sangre y la certeza de que esta noche uno de los dos moriría.La mansión Morelli se alzaba frente a nosotros como un castillo maldito, una prisión de oro y mármol que me había encerrado durante años. Pero hoy no era la niña cautiva que soñaba con escapar.Hoy venía a tomar lo que me pertenecía.Luca Ferrara revisó su arma y me lanzó una mirada.—Última oportunidad para echarte atrás, Morelli.Lo ignoré.Dante estaba a mi izquierda, con la mandíbula tensa y la mirada afilada. Sabía que odiaba esta parte del plan, que preferiría volarme la cabeza antes de dejarme cruzar esas puertas.Pero tambi&eacu
DANTEEl humo de la pólvora aún flotaba en el aire cuando entré en la oficina.Vi a Valentina de pie, con el brazo extendido, la pistola firme en su mano. Frente a ella, Alessandro Morelli estaba sentado en su gran sillón de cuero, con la mano ensangrentada y una sonrisa que no encajaba en la situación.El poder de la escena me golpeó en el pecho.Valentina.Su padre.El final de un imperio.Pero había algo en ella… algo diferente.Ya no era la mujer que había conocido en esa jaula de oro, la que luchaba entre la sumisión y la rebelión. Ahora, su postura era rígida, sus ojos brillaban con una determinación oscura. Una que nunca antes había visto en ella.—Vamos, hija —dijo Alessandro con voz ronca—. Demuestra que tienes lo necesario para sentarte en mi trono.Sus palabras fueron un s
VALENTINAEl silencio de la mansión pesaba como un cadáver sobre mis hombros.Había pasado un día desde la muerte de Alessandro Morelli.Un solo día.Y, sin embargo, sentía que el tiempo se había detenido en el instante exacto en que apreté el gatillo.Cada rincón de este lugar olía a él. A su presencia. A su control.Había querido destruirlo, borrarlo de la historia, arrancarlo de la memoria de todos. Pero su sombra aún estaba aquí, pegada a las paredes, a los candelabros, al maldito suelo de mármol sobre el que caminé toda mi vida.La Morelli que había sido en esta casa estaba muerta.Y la que quedaba…Ni siquiera sabía quién era.—Los jefes de la familia estarán aquí en media hora —dijo Ferrara detrás de mí.No
ValentinaEl murmullo del agua de la fuente central se mezcla con las risas ahogadas de las invitadas de mi madre y el sonido cristalino de las copas al brindar. La mansión Morelli está en su máximo esplendor esta noche, iluminada con cientos de luces que resaltan cada detalle de su arquitectura renacentista. Es una de las propiedades más imponentes de la región, una obra de arte que grita opulencia y poder. Para cualquiera que la vea desde fuera, es el sueño de cualquier persona. Para mí, es una jaula. Hermosa, sí, pero una jaula al fin y al cabo.Desde niña, aprendí que nuestro apellido es más que un simple conjunto de letras. Es un peso, una herencia de sangre y poder que no permite grietas. Mi padre, Alessandro Morelli, no es un hombre cualquiera. Su presencia impone respeto, su palabra es ley y su voluntad se cumple sin excepción. En nuestro mundo, él no es solo un empresario, sino el emperador de un reino construido a base de acuerdos silenciosos, lealtades compradas y amenazas
DANTE—Sabes lo que tienes que hacer, Russo. Mantente cerca, pero no demasiado. Y recuerda: es intocable.Las palabras de Alessandro Morelli resuenan en mi mente mientras me mantengo firme frente a él, sin apartar la mirada. No necesito que me repita la advertencia. Sé perfectamente cuál es mi trabajo y cómo hacerlo. No me pagan para pensar ni para cuestionar. Me pagan para proteger, vigilar y, si es necesario, matar.Asiento sin decir nada. Nunca he sido hombre de muchas palabras. Eso es algo que mi jefe aprecia. No me inmiscuyo en asuntos que no me incumben. No hago preguntas innecesarias. Simplemente obedezco.—Valentina es… especial —continúa, con ese tono de voz que no permite discusión—. Es mi única hija y, como comprenderás, no permitiré que le pase nada.Por supuesto que no lo permitirá. Los Morelli protegen lo que es suyo con uñas y dientes.—Entendido —respondo con voz firme.Morelli me observa por unos segundos más, como si intentara leer algo en mi rostro. No encontrará na