Villa de las Mercedes
En los días que siguieron Dominic se mantuvo tan cerca de ella como pudo. Pasaban la mayor parte de las tardes juntos y en las noches se iba a cazar: quería tentar a la suerte lo menos posible, porque en el momento en que se deslizaba desde el alfeizar de su ventana las emociones de Lara le despertaban aquel instinto por liberarse que solo podía saciar inmerso en el espíritu de la cacería.
Cada mañana Lara bajaba y dejaba constancia de su paso por la cocina antes de salir hacia el colegio. Y cada mañana, mientras él la esperaba al borde de la carretera para llevarla al instituto sentía que el tiempo con ella se tornaba en extremo peligroso. Tenerla cerca era un golpe de adrenalina constante, es especial porque pasaba la mayor parte del tiempo evitando cualquier tipo de conversación que pudiera desembocar en nuevas y problemáticas inter
Villa de las MercedesOctubre avanzó frío y dorado, cristalizándose en un tiempo de lluvias intermitentes y agradables noches. El colegio entró en una fase natural de estancamiento habiendo pasado ya la emoción del inicio del curso, pero prometía avivarse mientras la navidad fuera acercándose.Desde el último choque de personalidades que había provocado aquel primer beso, Lara se había hecho el firme propósito de no ser indiscreta de nuevo. Necesitaba aprender a respetar el silencio de Dominic como una cualidad inherente a su persona, tal como él intentaba respetar la presencia constante de dos felinos a los que no les agradaba en absoluto. Sólo se había permitido hacer una pregunta, consolándose con la excusa de que se trataba de una cuestión objetiva: el “cómo encontrarlo”.— ¿Dónde vives?
Instituto Preuniversitario Bilingüe de AlteaEl cristal del coche bajó con brusquedad mientras Lara presionaba el botón eléctrico de la puerta con insistencia un poco torpe. Necesitaba que el aire le diera en la cara con suficiente fuerza como para mantenerla enfocada en el camino, o de lo contrario sus pensamientos se perderían entre los motivos de Dominic para sincerarse después de un mes de estar juntos y la posibilidad de que aquella información los separara.No necesitaba convencerse aún más de que él no era precisamente común; un hombre común la habría llevado a un hospital cuando se accidentó, no habría suturado nueve heridas de garras de tigre por sí mismo. Sabía que cualquier cosa que Dominic le confesara ella no la habría escuchado antes, y que tal vez le resultaría contradict
Sierra de AitanaEl auto se detuvo de súbito frente a Dominic mientras ella seguía mirando el camino con obstinación. Él se apoyó en su puerta con aire triste, esperando que la tormenta se desatara en el ánimo de Lara, pero la joven sólo dio un largo suspiro y volteó la cabeza para dirigirle una sonrisa cansada, conteniendo la tormenta como solía hacer siempre.— ¿Quieres conducir?— Si tú me dejas… — contestó él con delicadeza — hay un sitio que me gustaría enseñarte.— ¿Muy lejos? — el tono de sutil desconfianza fue imposible de ocultar a pesar de todo.— Un poco, pero te aseguro que podrás estar de vuelta para las dos de la tarde. ¿De acuerdo?— De acuerdo — asintió ella volviendo a fijar la vista en los kilómetros que
Dominic pasó saliva antes de contestar.— Trescientos dos años, si le sumo la edad a la que cambié, trescientos veintiocho. ¡Pero me siento como en mis quince! — bromeó, intentando darle a aquella catástrofe una arista divertida.Lara notó el esfuerzo heroico que hacía por suavizarle los golpes y lo agradeció siguiéndole el juego.— ¡Por Dios! — exclamó llevándose a la mejilla la mano que mantenía apoyada en el brazo del sillón — ¡Estoy saliendo con un anciano!Una risa compartida de agotamiento emocional se esparció por la habitación, y la muchacha abandonó su cómodo recogimiento en el sillón para sentarse en la alfombra junto a Dominic, que la acogió en sus brazos con alivio, como si recibiera un bálsamo para su pesar.— Recapitulemos. — pidió
Carretera hacia la Villa de las Mercedes— ¿Crees que se quede por muchos días? — no había una gota de curiosidad en el tono de Lara, sólo quería saber por cuánto tiempo tendría que cambiar de manera radical sus costumbres y las de los cachorros.Noviembre había llegado sin que se diera cuenta y la tan anunciada visita del señor Swels se convertía en una incómoda realidad para la muchacha. Tenía que mantener a los tigres tranquilos, y de algún modo hacer que no se comportaran de forma agresiva con su dueño, lo cual iba a ser difícil ya que él no era más que un desconocido.— Pues no lo sé. — contestó Emma mientras recogía los platos sucios del desayuno de las niñas — Aparentemente venía solo por unos días, para evaluar los cambios que Hat
Villa de las Mercedes — ¡No puedo estar de pie una hora frente a la puerta esperando a que al señor Swels se le ocurra aparecer para darle la bienvenida, madre! — había protestado Lara con vehemencia — ¡Y Silver Moon y Khan mucho menos! Entonces sí en lugar de tigres educados lo que se va a encontrar el señor Swels será dos fieras encolerizadas. ¿Estás segura de que eso es lo que quieres?— Muy bien, pero quédense cerca, en el jardín interior. Ese hombre no pagó miles de dólares para encontrarse con que sus tigres no quieren recibirlo. — refunfuñó Emma.La muchacha había lanzado un gruñido de protesta antes de llevarse a los animales al jardín, y se habían entretenido tanto que ni siquiera habían escuchado el sonido del sedán que aparcaba
Sierra de AitanaKhan lanzó un revés de sus garras contra el tronco de un pino y Lara sonrió, porque compartían la misma frustración aunque no pudieran expresarlo de la misma manera. Desde la llegada del dueño de la mansión apenas habían podido salir, su madre la ocupaba a cada segundo y Swels había desarrollado una marcada afición por observar la interacción que los tigres tenían con ella. Estaban cansados del encierro y la falta de ejercicio ya empezaba a hacer mella en su ánimo, de modo que Khan y Silver Moon habían salido solos de la mansión y nadie se lo había impedido, porque ni sus padres ni Evan se atrevían a cortarles el paso cuando se tropezaban con ellos.Lara, por su parte, se había reservado el derecho de decirle a su madre que tenía dos horas libres cada día de esa semana, y hab&ia
Villa de las Mercedes— Entra, Siena, querida, — la invitó Evan con una exclamación de estudiada cortesía — que no te dé reparo. Las veces que he escuchado hablar sobre Siena Vancroft no ha sido precisamente sobre su timidez. Además, eres muy bienvenida en mi casa. ¡Me encanta que estés aquí!La mujer frente a él atravesó la puerta con más urgencia que preocupación dibujada en el rostro. Eligió un sofá cómodo y se sentó cruzando las piernas con ademán elegante aunque era obvio que tenía prisa y además estaba incómoda con aquella misión.— Ojalá yo pudiera decir lo mismo, — expresó sin intentar disimular su desprecio — pero sabes que vengo sólo por encargos oficiales y que, además, no me agradas.