ADIÓS.―Esta es un arma pequeña, perfecta para guardarla en la cartera. ―explicó el hombre de la tienda de armas con una voz que denotaba tanto conocimiento como una pizca de orgullo por su mercancía.Victoria observó la pistola en el mostrador. Su diseño compacto y elegante le confería un aire de discreción letal.―Me la llevo. ―dijo con una determinación que no dejaba lugar a dudas.―Bien, señorita, pero primero tendrá que llenar este formulario, no le… ―comenzó a decir el vendedor, extendiendo un documento hacia ella.Y Antes de que pudiera terminar la frase, Victoria sacó otro fajo de dólares y los depositó sobre el mostrador con un movimiento suave pero firme.―Llénelo usted por mí. ―dijo, y su tono dejaba claro que no era una sugerencia.El hombre tragó saliva, visiblemente nervioso, pero también tentado por la oferta.―S… sí… con gusto. ―balbuceó, tomando el dinero y comenzando a rellenar el formulario rápidamente.Media hora más tarde, Victoria deslizó el arma en su bolso con
DUDAS. Dos meses después… Nathaniel estaba en su departamento de soltero. El timbre lo sacó de su sueño, profundo, cuando se levantó, las botellas a su alrededor cayeron. El timbre siguió sonando incesantemente y Nathaniel masculló una maldición. ―¡Ya voy! ¿Qué es tan importante? ¡Joder! Cuando abrió la puerta, Daniel estaba de pie mirándolo con desaprobación. ―Hasta que contestas. ―¿Qué quieres Daniel? Tengo un dolor de cabeza infernal. ―No es para menos, si parece que te bebiste el bar completo. Nathaniel pateó una lata de cerveza y se dejó caer en el sofá. ―¿Vienes a reprocharme? Si es así, puedes irte. ―Nat, no puedes seguir así, te estás autodestruyendo. ―¡¿Y qué?! Ya no me queda nada. ―¿No? ¡¿estás seguro?! Pues déjame recordarte que tienes un hijo. Mira lo que traje. Daniel sacó una ecografía. ―Me costó conseguirla, es del chequeo rutinario de Elara. Cuando menciono a Elara, Nathaniel alzó la cabeza. ―¿La has visto? ―Yo no, pero un colega sí, es su médico. El em
UNA OPORTUNIDAD. En el departamento de Natalia, la luz cálida de las velas danzaba sobre las paredes mientras ella, con manos temblorosas, pero llenas de cariño, colocaba un plato de pasta humeante en la mesa. Los aromas de la salsa casera y el orégano fresco se mezclaban en el aire, creando un ambiente que era a la vez hogareño y algo solemne. Julián, observándola desde su silla, no pudo evitar esbozar una sonrisa amplia y genuina. Sus ojos brillaban no solo por el reflejo de las llamas de las velas, sino por el amor inmenso que sentía por ella. ―Se ve deliciosa. ―dijo con voz suave, mientras enrollaba un tenedor en la pasta y llevaba un bocado a su boca. Natalia tomó asiento a su lado, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza contra su pecho. La cena no era solo una muestra de su habilidad culinaria, sino el preludio de una noticia especial que había estado guardando. El miedo y la emoción se entrelazaban en su estómago; sin embargo, en lo más profundo de su ser, sabía que Juli
BUENAS Y MALAS NOTICIAS. Julián se quedó un momento en silencio, sintiendo el calor de la sangre que aún manaba de su labio. La decisión estaba tomada. Con paso decidido, salió de su oficina y se dirigió hacia el escritorio de Margarita. ―Sígueme. ―le ordenó. La mujer no hizo preguntas, solo se limitó a hacer su trabajo. ―Margarita, necesito que convoques una reunión de emergencia con todos los socios. ―instruyó con seriedad. La sorpresa se dibujó en el rostro de Margarita, pero asintió y comenzó a tomar nota todo sin dilación. ― ¿Para cuándo señor? ―Dos días. ―dijo Julián, pensando que era el tiempo suficiente para dejar las cosas en orden. ―Avisaré de inmediato señor. Cuando Margarita se fue, Natalia entró preocupada a la oficina y al ver el golpe, su preocupación se intensificó. ― ¿Qué pasó? ¿Por qué tienes el labio partido? ―preguntó, su voz temblaba ligeramente. ―Un pequeño desacuerdo. ―respondió Julián, intentando sonreír. Ella corrió a buscar el botiquín y comenzó a
LA CAÍDA DE JULIÁN.El comedor estaba impregnada de una luz cálida que parecía danzar alrededor de Natalia mientras hablaba de Julián. Sus ojos, normalmente tan reservados, ahora destellaban con la luz de mil estrellas fugaces, reflejando la ilusión que bullía en su interior. Su madre, observándola, no pudo evitar que una sonrisa iluminara su rostro, y con un gesto lleno de cariño, tomó las manos de su hija entre las suyas.―Me alegro tanto por ti, mi niña. ―susurró la madre, y su voz era un bálsamo lleno de amor y aceptación.Natalia, movida por el apoyo incondicional, se inclinó para besar la mejilla de su madre, un gesto que sellaba su gratitud y amor. El padre, sin embargo, era una estatua de preocupación y desaprobación. Su mirada era un faro de seriedad que intentaba guiar a Natalia lejos de lo que él consideraba un naufragio seguro.―No es bien visto que tengas un romance con tu jefe. ―dijo con una voz que intentaba ser el ancla en la tempestad emocional de su hija.Natalia sin
LA CAÍDA DE JULIÁN (II) ― ¿No vas a decir nada? ¿No vas a negarlo? Julián no pudo sostener la mirada acusadora; su voz, cuando finalmente habló, era apenas un susurro. ―Es cierto… yo estuve involucrado en el incendio. La confesión cayó sobre la sala como una bomba. Nathaniel no dejó pasar el momento y arremetió aún más. ― ¿Y qué más, Julián? ¿No les dirás que también por las protestas? ¿Qué estás involucrado en los medicamentos adulterados? Cada pregunta era como un clavo en el ataúd de la reputación de Julián. La vergüenza era evidente en su rostro. Pero las acusaciones siguieron fluyendo como flechas envenenadas. ―Y por si no lo sabían… ―Nathaniel apretó el hombro de Julián ―mi querido hermano vendió información confidencial a la competencia e inculpó a mi esposa. Los ojos de los accionistas se abrieron con más incredulidad de la que podían. Pero el golpe final vino con las siguientes palabras. ―Y todo ello fue orquestado en complicidad con Víctor Burgan. Regina se llevó un
FELIZ DE SER ABUELO. ―¡No voy a dejarlo, papá! ―la voz de Natalia era firme, un faro de determinación en medio de la tormenta que se desataba en la sala. Su padre, el señor Rinaldi, era una estatua de ira contenida, sus manos apretadas en un esfuerzo por mantener el control. ―Definitivamente, no aprendes la lección, Natalia. Primero fue tu obsesión por Lucían Landong y ahora te metes con este criminal. ¡Qué demonios he hecho para que mi única hija tenga tan mal juicio! ―¡Julián no es un criminal! ―insistió la chica, con la esperanza brillando en su mirada. ―Tiene que haber una explicación para todo, él… él… ―¿Explicación? No seas ingenua, hija. Ese muchacho no vale nada. ¿Qué explicación hay para traicionar a tu propia familia y encima involucrarte con la prometida de tu hermano? ―El padre negaba con severidad. ―No hay nada que excuse eso, hija. Y lo lamento, pero no voy a aceptar en mi familia a un hombre de esa calaña. La impotencia crecía en Natalia a cada segundo; aunque esta
HECHOS PASADOS.La pantalla se llenó de imágenes frenéticas, luces intermitentes de vehículos policiales y flashes de cámaras mientras la voz del presentador narraba con urgencia los últimos acontecimientos."Víctor Burgan, el destacado ejecutivo de Empresas Cross, ha sido detenido en lo que se está describiendo como un escándalo corporativo de proporciones sin precedentes."El noticiero mostraba ahora la fachada imponente del edificio de Cross, con periodistas y curiosos congregados en las afueras."Las acusaciones contra Burgan incluyen sabotaje, fraude y una serie de irregularidades financieras que han sacudido los cimientos del mundo empresarial."La cámara cortó a un reportero en el lugar, quien continuaba. "La detención se llevó a cabo esta mañana, después de una investigación meticulosa. Fuentes cercanas al caso indican que podría haber más implicados en el caso…"En su despacho, Arnold apagó el televisor con un movimiento brusco. La noticia sobre Víctor y el escándalo en Empr