Raquel Martínez.— Hola.Lo saludo, dándome cuenta de los notorios golpes que le adornan el rostro, son tres que están tornándose en tonos más oscuros que resaltan por su pálida piel. Uno que le tiene hinchado el ojo izquierdo, otro en su pómulo derecho y el último no tan llamativo en el labio. Sin contar su ceja rota.— Demonios, Zack —murmuro apenas lo veo.— Esto no es nada —se apresura a decir—. En unos cuantos días desaparecerán.— ¿Te duelen mucho? —una pregunta estúpida, porque de solo verlo hasta a mí me duelen.Me siento a su lado.— No mucho.— Erick es un salvaje, no debió golpearte así.— Tampoco me dejó tan mal.Y ambos sabemos que miente, de sólo ver su rostro es algo obvio y puedo asegurar que también tiene hematomas bajo la tela del suéter que cubre su torso y brazos, pero guardo silencio.Ni pensar que Erick salió sin un solo rasguño de esa pelea.— Yo... lo siento, es mi culpa el que estés así —bajo la cabeza—. Si tan solo Erick no nos hubiera visto...— No es tu cul
Raquel Martínez.Despierto por culpa de sea lo que sea que me ha llegado al celular. Abro mis ojos a la vez que estiró mi cuerpo sobre la cama y bostezo, estiro mi mano a la mesita de noche dónde está mi móvil y lo agarro. Lo que ha llegado es un mensaje."Zack:Hola bonita, buenos días.¿Cómo amaneciste?8:31 a.m."No pude evitar sonreír. Él es tan lindo conmigo, de inmediato escribo una respuesta corta para él:"Raquel:Buenos días.Amanecí bien, gracias. :)8:34 a.m.""Zack:Me alegra el saberlo.8:36 a.m.""Raquel:Oye...Hay algo que debo decirte.¿Te parece si nos vemos al mediodía?8:37 a.m.""Zack:¿Decirme qué?Sí, por supuesto.8:42 a.m.""Raquel:Te lo diré estando en persona.8:43 a.m."Dejo el celular a un lado sin esperar por su respuesta y me levanto de la cama, voy al cuarto de baño para hacer mi rutina de todos los días, una vez termino y me cambio, bajo.En la planta baja veo a Sandra con el pequeño sobrino de Erick, ambos sentados en el sofá con forma de L viendo se
Erick Collins.Estoy mal.No sé que mierdas me ocurre, pero no puedo dejar de pensarla, de desearla, de querer que este junto a mí las veinticuatro horas del día, sencillamente no puedo y me jode, me jode el no saber que me está pasando.Ella te importa más de lo que crees...No. Eso no es así.Ella es realmente hermosa, eso no lo puedo negar, tampoco que tiene un cuerpo espectacular y una sonrisa deslumbrante. Pero sencillamente no puedo permitirme el que está atracción que estoy sintiendo se convierta en algo más fuerte. No puedo ni deseo enamorarme de nadie más.Raquel es distinta...Sacudo la cabeza repetidas veces apartado aquel pensamiento.Por muy distinta que sea no puedo dejarla entrar como una vez hice con Camille, ni a ella ni a ninguna otra porque tarde o temprano buscará la manera de joderme, lo sé y porque lo sé no dejaré que me vean la cara de estúpido de nuevo.«No es más que cama» Me repito tratando de convencerme, si la quiero es solo para saciar las enormes ganas q
Raquel Martínez.Las palabras salen por si solas de mi boca, claramente sorprendido Erick abre sus ojos como dos grandes faroles, lo veo abrir su boca dos veces, pero las dos veces la cierra de golpe sin poder articular palabra.No puedo evitar sentirme arrepentida al instante en que lo digo, pero ya es demasiado tarde como para poder retractarme o lamentarme. — ¿No vas a decir nada? —cuestiono ante su silencio.Él permanece en silencio y niega con la cabeza varias veces a la vez que termina de bajar los escalones restantes. Se da la vuelta y lo veo ir a la licorera a servirse un trago el cual se lo toma todo de un solo golpe.— No tengo nada que decirte —habla, finalmente.Deja el vaso de cristal sobre la barra y se vuelve hacia mí dándome una mirada que me hace sentir tan diminuta como una pequeña hormiga.— ¿No?— No —afirma—. ¿Acaso crees que me comeré el cuento de qué lo estás a estas alturas?— Pero si es la...— No, ¡cállate! —demanda, enojado—. Esa ridiculez no es más que una
Raquel Martínez.Por culpa de la luz que entra por la ventana de la habitación me despierto, sin intenciones de levantarme meto mi cabeza debajo de la almohada colocándome boca abajo.Es en ese momento que siento contra la piel de mi espalda desnuda unos labios que van dejando besos por toda mi espina dorsal, sonrío por inercia al saber quién es.Dejo a la vista mi cabeza y me giro encontrándome con un par de ojos que me miran con un brillo especial.— Buen día —sonrío con timidez.Aún no puedo creer lo que sucedió anoche, sus palabras siguen rondando por mi cabeza. «Creo que te quiero» Anoche me quedé en shock al escuchar aquello salir de su boca, no pude articular ni media palabra para preguntar si mentía, tampoco es que me diera tiempo puesto a que él me levanto de la peinadora, me llevo a la cama y... no hay que ser adivinos para saber que hicimos ahí.— Buen día —responde dejando besos húmedos en mi cuello.Me muevo un poco incómoda por la duda que se hace presente en mi cabeza y
Raquel Martínez.El timbre de la casa suena, y la chica del servicio no tarda en abrir dándole paso a un chico de piel morena, de estatura alta, cabello café y cuerpo en forma, vestido con vaqueros, camisa azul mangas largas y unas botas negras.Erick se acerca a su amigo, dándole una palmada en la espalda en forma de saludo.— Que gusto volverte a ver, hermano —dice su amigo, sonriendo.Recorre la casa con la mirada hasta fijarse en mi, le sonrió con amabilidad. — ¿Tú chica? —le pregunto a Erick.— Si.— Oh, un placer —se acerca y extiende su mano hacia mi—. Ricardo Medina.— Raquel Martínez —estrecho su mano, sonriendo—. El placer es mío.Ricardo arruga su entrecejo, posando la mirada en su amigo que se ha posicionado a mí lado, tomándome de la cintura.— ¿Es la hija de Jorge?Al escuchar su nombre, un punzada de dolor cruza mi pecho. — Así es —responde el ojiverde.Ricardo abre su boca en sorpresa y asiente con la cabeza, posando sus ojos en mi.— Siento mucho su muerte.— Descui
Raquel Martínez.— Has estado muy callada —dice Erick, después que su amigo se marchó al baño—. ¿Segura que estás bien?— Si —afirmo, asintiendo con la cabeza—. Solo estoy un poco cansada.Miento, pero a la vez no y me encojo de hombros.— ¿No me ocultas nada? —insiste.— No —sonrío, para tranquilizarlo.— Bien.Asiente y toma un sorbo de su vino tinto.Poco después aparece Ricardo, pidiendo nos disculpa por la demora y explicándonos que tardo porque, al parecer, chocó con Sandra y está se cortó, así que no dudó en ayudarla.Los dos hombres de la mesa continúan con su plática, rara vez intervengo dándoles ideas para el nuevo proyecto que se trata de un resort en una isla cercana.Acabamos con la cena, una vez las chicas del servicio recogen los platos nosostros pasamos al jardín, donde ellos dejan de lado el tema del trabajo y podemos conversar de temas que triviales. Pero no duramos mucho ya que Ricardo nos informa que debe irse una hora después así que con Erick lo acompañó a la pue
Raquel Martínez.Al tropezar con aquella persona hice que por poco mi celular cayera al suelo, eso lo puede evitar, lo que si no pude fue que el café de derramará sobre la blusa de la mujer con la que choque sin querer.— Perdón...Intento disculparme, pero la mujer me interrumpe alzando la voz y haciendo que varios de los presentes nos mirarán.— ¡Eres un estúpida! —dice, furiosa—. ¡Mira como has dejado mi blusa, la estropeaste! ¿Acaso no ves por dónde caminas?La chica es linda, sí, es algo que no puede negarse. Su cabello es color rubio, largo y brillante, es un poco más alta que yo y tiene unas curvas envidiables, pero su actitud es un asco, cosa que opaca su belleza.— ¡Ah no, mi cielo, a mí no me hables así! —me hago oír—. Te acabo de pedir disculpas, así que baja le dos rayas a tu drama, ¡es una simple mancha!— ¿Acaso es que crees que con tus disculpas está simple mancha se va a quitar? —alzó una de sus depiladas cejas—. ¡Pues no, no lo hará!— No tengo tiempo para andar gasta