"Te necesito", le había dicho Magnus. Era la segunda vez que un Grandón le decía aquello. La primera vez fue Ale para pedirle que se casara con Magnus, una decepción que se sintió como una patada en el vientre.
Ella no estaba enamorada de Magnus, por muy cómoda que se sintiera entre sus brazos, por muy guapo que le pareciera a la luz de la luna, por muy rico que fuera el bamboleo del agua, que la llevaba a pegarse a su cuerpo a intervalos regulares, por muchas ganas que tuviera de besarlo como