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La mirada de Juliet se enterró en el césped al ver a ambas venir con sus rostros totalmente serios, pálidos. Intentando esconder el corazón roto que reflejaban sus miradas tristes. Incluso si ella deseaba correr hacia Milo y Natasha para poder sacudirlos y hacerlos ver que lo que estaban haciendo era un rotundo error, no tenía el valor de entrometerse entre ellos. Incluso si Natasha había seguido siendo su amiga todo el tiempo, no se atrevía a decirle lo que debía hacer.

—¿Puedo llevarte a casa esta noche?—preguntó Milo, volteando hacia Natasha para verla negar suavemente.— deja de mentirnos, Natasha— soltó antes de alejarse.

—Lo siento—respondió ella, viéndolo alejarse lentamente.— pero... me iré dentro de unos días y no pienso volver hacer raíces emocionales en este lugar.

—¿Cómo puedes ha

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