17

Los camiones de pasajeros habían llegado dos horas más tarde de lo esperado. Nadie quería admitirlo pero se habían hartado de pasar horas en ese lugar. Milo había intentado subirle los ánimos a sus empleados pero todos tenían la misma actitud. Malhumorados a causa del hambre. 

—¡Bajen sus cosas y vayan a comer!—dijo Milo. Acomodándose los caros lentes de diseñador.—¡No olviden dormir un poco y pasar a recepción para que vean con quien compartirán habitación! En la noche comenzarán las actividades. 

—¡Si señor!— dijo un hombre antes de sonreír y bajar su maleta del camión. Milo volteó hacia Natasha y se llevó la mano al bolsillo del pantalón. 

—¡

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