¿Por qué Valdimir sintió las bofetadas de Aelina? ademas, ¿realmente ella impedirá quedar en estado? ¡Descubrelo en los proximos capitulooos! no te los puedes perder!
Las palabras intercambiadas con Aelina aún se escuchaban en los oídos de Valdimir mientras observaba, con una mezcla de anhelo y confusión, cómo ella se dirigía hacia el baño. Por un instante fugaz, un impulso casi irresistible lo empujó a seguirla, un deseo imperioso de estar más tiempo con ella crecía en su pecho, incluso quería repetir ese contacto que había sido tan intenso la noche anterior. Aelina era imprudente, y en el menor desliz lo utilizaría para “castigarla”. Sin embargo, la razón prevaleció, y con un suspiro apenas audible, decidió abandonar la habitación.Al cerrar la puerta tras de sí, el suave clic del pestillo pareció sellar no solo la estancia, sino también un capítulo en su mente. Valdimir se encontró caminando por el pasillo, con sus pasos amortiguados por la gruesa alfombra de esa área del palacio, que absorbía el sonido como si quisiera preservar el silencio de sus pensamientos. El aire frío del corredor contrastaba con la calidez que había dejado atrás, erizando
Mientras Valdimir se sumergía en sus cavilaciones erróneas, el sonido de pasos apresurados resonó por el corredor, interrumpiendo el hilo de sus pensamientos. A lo lejos, una figura se acercaba a toda velocidad, su armadura tintineando con cada zancada. Era un guardia, su rostro enrojecido por el esfuerzo y la urgencia de su mensaje.Al llegar frente a Valdimir, el guardia se inclinó en una profunda reverencia, su respiración agitada evidenciando la prisa con la que había acudido. El metal de su armadura reflejaba la luz tenue del pasillo, creando destellos que bailaban sobre las paredes de piedra.—Su majestad —comenzó el guardia, con su voz teñida de una mezcla de respeto y aprehensión—, el prisionero de la torre del ala este... —Se interrumpió, la gravedad de la situación pesando sobre él como una losa.Valdimir, percibiendo la vacilación del guardia, endureció su mirada. Sus ojos, ahora fríos como el hielo, se clavaron en el hombre lobo frente a él.—Termina de hablar —ordenó con s
El parecido entre los hermanos era innegable. Ambos compartían los mismos ojos color ámbar, aunque los de Nikolai ardían ahora con un fuego de odio y resentimiento. Su cabello rojizo, aunque enmarañado y sucio, conservaba destellos de su antiguo esplendor. La barba descuidada que cubría su rostro no lograba ocultar los rasgos aristocráticos que delataban su linaje real.Cuando Nikolai vio a Valdimir emerger del vórtice mágico, una sonrisa torcida se dibujó en sus labios agrietados. Era una expresión que mezclaba desafío y amargura en partes iguales.—Así que te escapaste como una asquerosa rata, abriendo un túnel, incluso te arrastraste entre la m****a, es simplemente perfecto —comenzó Valdimir con su voz destilando desprecio—. ¿Cuánto tiempo te tomó, los dos años que llevas encerrado?La burla en su tono era evidente, y sus ojos brillaban con una satisfacción cruel al contemplar el estado de su hermano mayor.—Me encanta —añadió, permitiéndose una risa baja y controlada que resonó en
Valdimir, percibiendo ese destello de entendimiento en la mirada de su hermano, liberó su agarre invisible. Nikolai cayó al suelo como un saco de huesos rotos, su cuerpo temblando incontrolablemente, sus extremidades en posiciones grotescas que desafiaban la lógica.—Acomoda ese desastre... —ordenó Valdimir, una sonrisa cruel jugando en sus labios. Su voz era suave, casi gentil, en un contraste perturbador con la brutalidad de sus acciones.Nikolai, jadeando y temblando, logró susurrar entre espasmos de dolor:—Ya mátame de una vez... m*****a aberración.Valdimir retrocedió dos pasos, su postura relajada contrastando dramáticamente con la tensión que se respiraba en ese apestoso calabozo.—Sería muy sencillo para ti —respondió con su voz llena de una calma escalofriante—. Te pudrirás aquí y te alimentarás de tu propio excremento y calmarás tu sed con tu propia orina. De vez en cuando vendré a torturarte un poco, cuando esté aburrido. Recordaremos viejos tiempos…Con un esfuerzo sorpren
Mientras Valdimir atendía sus propios "asuntos", Aelina ya había terminado de asearse, envuelta en una toalla suave que acariciaba su piel aún húmeda. El aroma a lavanda y jazmín flotaba en el aire, siendo esos los atisbos de los productos que había comprado el día anterior con Valdimir. Cuando se secó completamente se colocó una bata de seda oscura para cubrir su cuerpo y con tranquilidad caminó hasta la habitación, viendo todo con mayor detalle.Fue entonces que, sus ojos azulados se abrieron de par en par al descubrir una adición inesperada en un rincón de la recámara real. Una elegante cómoda de madera oscura, pulida hasta brillar, y un espejo de marco dorado habían aparecido como por arte de magia, esperando ser utilizados.—¿En qué momento pusieron esto aquí? —murmuró Aelina con su voz en una mezcla de asombro y confusión.Ella caminó hasta ahí, mientras sus dedos trazaban el contorno de la cómoda, sintiendo la suavidad de la madera bajo su tacto. La mente de la joven reina comen
El silencio que siguió a la pregunta de Aelina fue ensordecedor, roto solo por el suave tintineo de los cubiertos en la bandeja que Erik sostenía con manos temblorosas. El joven sirviente, ahora parecía una sombra de sí mismo. Sus ojos, antes brillantes y vivarachos, ahora estaban apagados, hundidos en un rostro hinchado y maltrecho.Erik intentó sostener la mirada de Aelina, pero el dolor y la vergüenza lo obligaron a bajar la vista, no le gustaba que la Reina que era una mujer humana hermosa y elegante lo viera en ese estado, sin embargo, sus deseos no importaban.—Su majestad —La saludó el muchacho beta con un movimiento que parecía causarle un sufrimiento inexpresable, pero pese a todo hizo una reverencia torpe, con sus músculos protestando ante cada movimiento —dejaré su desayuno en la mesa —dijo, haciendo su trabajo con la mayor rapidez posible.Cuando terminó su labor, pretendió marcharse con sus pies arrastrándose sobre la alfombra con un roce apenas audible. Aelina, sin embarg
Cuando Aelina terminó de comer, se apresuró a vestirse con los atuendos en su mayoría oscuros que Valdimir le había proporcionado. Sus dedos luchaban con los intrincados botones y lazos mientras se enfundaba en un vestido de terciopelo color azabache que se ajustaba a su silueta como una segunda piel.«No estaría mal tener una doncella que me ayude, pero bueno, eso no es posible…», pensó Aelina mientras se vestía lo mejor que podía por cuenta propia.Y así, una vez lista, Aelina salió de la alcoba real con paso decidido pero cauteloso. Sus zapatillas apenas hacían ruido sobre el suelo mientras se dirigía hacia la habitación del Espejo, llevando consigo un bolsito donde había llevado lo que consideraba necesario para su práctica.Durante su trayecto, notaba las miradas furtivas de los hombres lobo que merodeaban por los pasillos. Sus ojos azules se movían de un lado a otro, siguiendo cada uno de sus movimientos con una mezcla de curiosidad, sin embargo, ella observaba como varios les ha
Con una concentración que sorprendió incluso a Valdimir, Aelina no se limitó solamente a sumergir sus manos en la superficie ahora líquida del espejo. Inclinándose hacia adelante, como alguien que se asoma a un pozo profundo para develar sus secretos, comenzó a introducir lentamente su cabeza en el espejo.Valdimir, normalmente imperturbable, sintió una tensión inusual recorrer su cuerpo fornido. Sus músculos se tensaron involuntariamente, preparados para actuar en caso de que algo saliera mal.«Solo temo perderla y tener que buscar un reemplazo, eso es todo», se dijo a sí mismo, intentando racionalizar la inquietud que lo invadía cuando vio a Aelina iniciar con su tarea.Sin embargo, cuando vio a la humana adentrarse cada vez más en aquel mundo desconocido, un miedo irracional se apoderó de él. En un movimiento tan rápido que resultó casi imperceptible incluso para él mismo, Valdimir se abalanzó hacia adelante. Sus dedos, toscos y fuertes, se cerraron alrededor del brazo de Aelina, ti