Trato aceptado.
Este ultimátum atacaba directamente el punto más vulnerable de su esposo: la necesidad de un heredero que continuara el legado de los Arteaga.

El abogado había dejado claro, que la principal función de Marina era proporcionarle un heredero varón, que perpetuara el apellido y heredara el imperio familiar.

Al amenazar con negar este aspecto fundamental del contrato matrimonial, Marina estaba utilizando la única forma de poder real que poseía en esta relación.

El impacto del mensaje fue inmediato y visible en cada músculo del rostro de Sebastián, que se fue levantando lentamente, y sus ojos normalmente fríos, calculadores, se encontraron con los de Marina en un contacto visual cargado de intensidad.

La mirada que le dirigió contenía: sorpresa, incredulidad, ira y, un destello de respeto ante la audacia de su jugada.

Marina sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral al enfrentarse a esa mirada penetrante, pero se mantuvo firme, sosteniendo el contacto visual con una
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